En los últimos años la población mexicana ha sido bombardeada por los actos políticos: elecciones, mañaneras, fraudes aquí y allá, partidos políticos que tienen comportamientos de dudosa ética, etcétera. Y sí, parece que los mexicanos estamos más alertas con respecto a la política y os políticos de nuestro país, aunque eso quizás es un mero espejismo. Me explico.
Por una parte, tenemos a López Obrador, que sale cada mañana a decir un sinfín de mentiras, a improvisar, a rechazar cualquier dato que no le convenga, etcétera. Desde la investidura presidencial todo lo que diga parece ser palabra sagrada y pobre de aquel que la ponga en duda. Y desde luego, todas las mañanas polariza, aquí -según él- son buenos (la 4T, él, los que le apoyan), contra los conservadores, fifís, neoporfiristas, oligarcas, aspiracionistas, etcétera. Y para AMLO, o estás con él o estás en contra. No hay medias tintas.
López Obrador, evidentemente, ha fracasado en muchos aspectos pues no ha dado resultados en general. Tenemos un país asoleado por la delincuencia, pero el señor de Palacio indica que su estrategia de abrazos, no balazos, ha dado resultados. O ha dicho que tendremos un sistema de salud como el de Dinamarca, aunque la realidad le pegue en la cara en un sistema de salud absolutamente rebasado. Y podemos hablar de su novísimo aeropuerto, que por más esfuerzos que hace el gobierno, nomás no arranca. También se dice, no me consta, aunque hay documentos filtrados por GuacamayaLeaks, que indican que el presidente termina su trabajo a las 11 de la mañana. Después de eso no hay actividades. Y seguramente más de uno recordará que la agenda presidencial era siempre un torbellino de actividades. Aquí no hay nada de eso.
Tal vez el problema es que AMLO ha sido más dirigente de su partido que presidente. Y como de alguna manera quiere mantenerse en el poder, López Obrador sugiere candidatos, ataca a los opositores, y nomás no gobierna para todos. Y entonces él decide que Sheinbaum será la elegida. Y no necesita imponer el dedazo: sabe que la "cargada" se irá a donde él haya sugerido y entonces a nadie debe haber sorprendido que Claudia Sheinbaum se convirtiese en la sucesora de López Obrador.
De la misma manera usó su poder para decirle a Zoe Robledo que no le entrara para ser el gobernador de Chiapas y que se quedara manejando el IMSS. Pero así como hace esto, hay una serie de potenciales candidatos que ya se quieren colgar de un puesto de elección popular. Por ejemplo, ayer -en entrevista con López Dóriga- Rocío Nahle, la Secretaria de Energía, ya se autodestapó para la gobernatura de Veracruz. Y esto son un par de ejemplos. Ahora hay un sinfín de personajes menores de la política mexicana que se arrastrarán cual gusanos por ser candidatos de algún puesto que eventualmente le dé otras posibilidades mejores. ¿No me creen? Bueno, Harfuch ahora quiere buscar la candidatura para gobernar la Ciudad de México... y así hay más y más personajes que están empezando a ver la luz al final del túnel y que creen que podrían ser gobernadores, presidentes municipales, etcétera. Vamos, hasta los militares ahora se compran departamentos de 30 millones en 9 millones, y todo es legal y en orden. Este país da para eso y más.
Viendo todo esto, parece ser claro que este país se lo están repartiendo. Ya todos quieren tener un hueso en el erario y por supuesto, hoy se puede vivir retebien como político, aunque Claudita Sheinbaum dice que tiene un pequeño apartamento o que Xóchitl Gálvez salga con que hizo dinero vendiendo gelatinas. No importa la guerra sucia contra algún personaje. Así como viene un ataque, así se olvida. Hoy dicen que a Xóchitl le quieren derrumbar su casa, mañana encontrarán que Claudia hizo algún negocio sucio con la empresa que hizo los dictámenes del colapso del Metro, etcétera. La guerra sucia es eterna.
Así que en mi opinión no hay que desgastarse en las redes sociales apoyando o denostando a algún candidato. Estos personajes viven en una elite. Eso de que el voto decide es para ponerlo en tela de juicio. La polarización es a tal grado que quien vota por Morena lo hará sin preguntarse cómo se llama la o el candidato. Los políticos usan a las personas como carne de cañón, pero no tienen ningún interés por la gente. Sólo les interesa llegar a un buen puesto y vivir del mismo. Porque finalmente, no importa qué hagan, los van a criticar y además, ningún acto fallido los llevará a la cárcel, o a perder su fuero, o su puesto. Y esto lo saben. Y es por eso que cuando hay elecciones aparecen un número enorme de vividores que sí saben cómo ser alcalde de alguna delegación. Ellos tienen ideas innovadoras y cada puesto obtenido es un trampolín para alguno mejor.
Conclusión: se reparten el país en nuestras narices. Y se ríen de todos nosotros.