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Saturday, October 15, 2022

Sobre el autoengaño

Vivimos en una sociedad en donde muchas veces los valores se trastocan gracias a la influencia de factores externos, por ejemplo, la propaganda gubernamental, la cual finalmente incide en la manera en como pensamos. Por ejemplo, los nazis sabían del poder de la propaganda masiva y se decía que “una mentira repetida mil veces se convierte en una verdad”, atribuida a Joseph Goebbels, reconocido por su trascendencia en el proceso de ascenso de Hítler al poder y por el impacto de sus estrategias mediáticas en la creación de la identidad anti-semita. De hecho, no encuentro otra manera de explicarme cómo es que los alemanes creían en alguien como Hítler y su campaña de exterminio a los judíos. 

Así, gracias a los medios, nos hacen creer cosas que sabemos todos que son ridículas pero que, por alguna razón, seguimos asumiendo como ciertas. Por ejemplo, Apple ha vendido la imagen de ser "cool", fresco, joven, ingenioso, etcétera, desde los antiguos videos que hacían mostrando a la PC como un tipo de traje y corbata, muy a la IBM, contra el chavo con jeans y camiseta, que hacía las cosas de manera genial y que era amable, simpático, divertido, entre otras muchas virtudes. Y yo creo que esos anuncios fueron permeando porque hoy es común para muchas personas el creer que tener una Mac, un iPhone, una tablet como el iPad, los hacen mejores en cómputo porque tienen lo mejor de lo mejor. Creen esa curiosa idea del "ecosistema" de Apple y suponen que nada nunca falla. Pero desafortunadamente la realidad es otra. El iPhone, las computadoras, los productos de la manzana, distan de ser perfectos pero los usuarios -quizás para justificar que se gastan más dinero en sus dispositivos- apelan a que tienen equipos superiores. Vamos, la idea de que son únicos e irrepetibles como usuarios aparece incluso cuando vemos que, curiosamente, las fundas para teléfonos iPhone tienen un agujero para que se vea el logo de la empresa, porque hay que mostrar que el que compró un iPhone tiene un iPhone. Y de ahí igual esa vieja leyenda (que se puede quitar pero que nadie quita), que es eso de "enviado desde mi iPhone". Esta idea de los maravillosos productos de Apple es pues un mito, apoyado por los que adquieren productos de la manzana.

Pero eso cae en el ámbito de las modas, de la mercadotecnia que explota las debilidades humanas como la vanidad, el sentirse especial, diferente a todos, etcétera. Hay cuestiones que son más importantes en donde se asumen cosas que francamente nadie cree, pero de tanto repetirse se convierten en verdad. Pensemos en el siguiente tuit de la gobernadora de la Ciudad de México, Claudia Sheinbaum:


El tuit, amén de la foto que presenta, dice: "Con Tatiana nos une el amor por México y por la transformación". ¿Alguien le cree eso? Yo tampoco. Y si revisan la línes de tiempo de los mensajes de Sheinbaum verán que lo único que busca es su autopromoción, porque si observan, está en todo: da un informe de gobierno llenando el Auditorio con acarreados, rescata zonas de peligrosidad y curiosamente las convierte en zonas de "bienestar" (lo que es ser rastrera y lamebotas): 

"Transformamos la llamada “Ciudad Perdida” en la “Ciudad del Bienestar”, atendimos la demanda histórica de 186  familias para contar con una vivienda digna. Aquí la transformación" y añade: "Honestidad que da resultados". 

¿Y qué decir del Presidente, que dice vivir con sólo 200 pesos en la bolsa? Dice que no le interesa el dinero y que nunca le ha interesado, incluso, indica que no sabe llenar un cheque y que no usa tarjeta de crédito. Curiosamente todo el sistema financiero y el propio gobierno buscan que se usen los instrumentos financieros, cheques, tarjetas de crédito y débito y la razón de ello es que cada transacción queda constancia y eso permite el control fiscal. ¿Pero qué puede decir alguien que digamos, no paga una comida, tiene toda la seguridad de él y su familia garantizada, así como los medios para viajar si así lo desean o comer/desayunar/cenar donde les plazca? Y claro, como presidente él no paga, pero alguien está pagando todos estos servicios que desde luego, tienen un costo que él no quiere ver y que, además, nos quiere hacer creer que por ello es el más humilde. 

Así pues, quien le crea a un político diciendo que trabaja por México, vayan dudando. Aquel que crea que las cosas están mejorando, sera una buena idea informarse de la realidad, porque está lejos de ser tan halagüeña como nos dice el presidente cada mañana. Ayer veía el video del exsecretario e Hacienda, que renunció a la 4T, Carlos Urzúa, que pone en tela de juicio la realidad económica del país:



Así que "pejelandia" es como "Jauja", que "denota todo lo que quiere presentarse como tipo de prosperidad y abundancia". Jauja viene de un viejo cuento llamado La tierra de Jauja, de Lope De Rueda  en donde se engaña a algunos de los personajes de la narración sobre un lugar maravilloso en donde Jauja es un lugar en donde pagan a los hombres por dormir, una tierra en donde azotan a los hombres que se empeñan en trabajar, etcétera... 

Pero podemos ir a políticos aguerridos, como Gerardo Fernández Noroña, ue ya es el pre-candidato del Partido del Trabajo para la presidencia del 2024. Bueno, pues el polémico político ya se siente especial. Lo entrevistaron en un noticiero y se le veía encantado porque además de esta precandidatura, ya el "compañero presidente" como él le dice, ya lo había mencionado en la lista de posibles candidatos. Y a pesar de que trata de simular que quien decide la elección es el Pueblo, esa entelequia que se inventó en la narrativa de López Obrador, él sabe que no podría ganar ninguna elección presidencial sin el apoyo del partido fuerte, MoReNa. Porque hoy por hoy, la lucha es por la candidatura de ese partido para el 2024. Todo lo demás es creer fantasías.


Parte de la creencia de las personas es que queremos creer, porque nadie asume que en su sano juicio, un gobernante quiere hacer que este país esté peor, ¿verdad? Entonces nos autoengañamos queriendo ver la mejor parte aunque en el fondo estemos tratando de tapar el Sol con un dedo.