Hoy estamos como a 4 años y unos meses desde que López Obrador se hizo presidente de México. La esperanza de 30 millones de personas, para tener un mejor futuro como país, fue quizás el motivo que llevó a muchos a votar por él. Desde luego, el hartazgo de los anteriores regímenes corruptos fue decisivo para la victoria del macuspano.
Sin embargo, en los 4 años "y monedas" que lleva en el poder AMLO, no se ha visto el cambio y puedo entenderlo: finalmente hay muchos intereses creados que chocan finalmente, contra las mejores intenciones. Yo fui de la opinión, en un principio (cuando AMLO comenzó su administración), que había buena fe del tabasqueño por sacar a este país adelante. No obstante, los yerros iniciales me hicieron abrir los ojos. Cancelar el Nuevo Aeropuerto (NAIM) por supuestos fraudes y corruptelas (que no demostró nunca), me hicieron pensar que actuaba por capricho personal en lugar de decidir racionalmente. Cuando se le ocurrió la rifa del avión presidencial (que hizo que los periodistas en la mañanera se rieran pensando que era una broma), ya me pareció que las ideas de López Obrador estaban cayendo en babosadas y dislates y ya no me gustó lo que estaba pasando.
No tuvo que pasar mucho tiempo para entender que el ejercicio de las mañaneras se había convertido en la tribuna para que el presidente atacara a todo y a todos. Poco a poco fue mostrando López Obrador de qué estaba hecho, y entonces, en ese resentimiento cotidiano, el hombre habla cada mañana por tres horas para descalificar a todos. Ataca por igual al clero, a los empresarios, a los intelectuales, a los académicos, a la clase media, a los aspiracionistas, etcétera. Nadie se salva.
Peor aún, ante la falta de resultados, la estrategia del presidente es darle la vuelta a los temas. pongo un ejemplo: Cuando un periodista le dijo que la aún ministra había plagiado su tesis doctoral, él dijo algo como "Pero Calderón cometió un peor plagio, se robó la presidencia". ¿Perdón? No estábamos hablando de eso, pero antes la evidencia de lo tramposa que es esta ministra impresentable, AMLO entonces saca a colación un tema que no tiene relación.
Pero más grave aún es esta idea de atacar a todos los medios. El Universal, el Reforma, el Wall Street Journal, el Washington Post, todos son pasquines maquiavélicos contra su administración y contra él. Vamos, hasta el otro día alguien le mencionó un estudio de la Sorbona y el presidente dijo que no creía en esa institución. En suma, sólo su opinión vale, sólo su postura es la correcta. Todos están equivocados... pero algo lo salva: el pueblo, que dea cuerdo a las frases del presidente, "es mucha pieza".
La narrativa de López Obrador ha caído en el ataque cotidiano a todo. Acusa sin pruebas, descalifica a todos los periodistas que disienten de él y no se inhibe a mostrar públicamente hasta las facturas de comunicadores como Loret de Mola, aunque esa acción sea ilegal. Curiosamente no entiende que Loret gane al año 35 millones de pesos (si acaso eso es cierto), y la razón es que no entiende lo que ganan estos comunicadores populares porque pareciera ignora cómo funciona los empleos en la iniciativa privada en general. Todos compramos y vendemos cosas, bienes, ideas, nuestra imagen, etcétera. El punto es ver si podemos convencer a nuestros compradores de la bondad de lo que vendemos. AMLO no lo entiende porque no sabe lo que es trabajar pues nunca ha trabajado. Y para quien no lo sepa, López Dóriga, Carmen Aristegui, Loret, Denisse Dresser, Ciro Gómez Leyva, entre otros, ganan millones mensualmente. Y si eso les pagan es porque generan mucho más dinero que el que perciben por sus respectivos salarios. Y ojo, nos puede gustar o no, nos puede parecer injusto que ganen esas barbaridades de cantidades, pero así ocurre en el capitalismo.
Para López Obrador el tema del dinero lo tiene obsesionado porque nunca parece alcanzarle para sus obras magistrales. El tren maya lleva 3 o 4 veces lo que se presupuestó originalmente y para colmo, se hizo sin los estudios ambientales, todo de nuevo por capricho de un lamentable presidente que gobierna desde las rodillas. La Refinería de Dos Bocas ha duplicado el costo inicial. Pero eso no importa, porque el jefe del ejecutivo cree que sus proyectos son geniales, aunque se brinque la ley. Y así como gobierna declara que "no me vengan con que la ley es la ley", entre tantas perlas lamentables que escupe un día sí y otro también.
Pero la verdadera tragedia es que el presidente de México dividió sistemáticamente a los mexicanos. O estás con él o estás en contra. Y si a esto le agregamos su ineptitud para lidiar con la problemática que tiene el país en temas como seguridad y salud, pues entonces tenemos el caldo de cultivo perfecto para entender que López Obrador no tuvo los tamaños para gobernar este país. Redujo todo a una verborrea interminable en donde a través de frases populistas, mentiras en prácticamente todo lo que dice mañana con mañana, ha puesto al país en un momento cada vez más susceptible de ser controlado por los delincuentes que por los que no lo somos. Y aunque AMLO dice que no le interesa el dinero, sí que le interesa el poder y en esta recta final de su lamentable sexenio está viendo qué hace para eternizar sus ideas en el poder. En México todos los que dicen querer trabajar para el país, todos estos políticos, sólo ven a México como un gran botín.



