Showing posts with label prueba de Turing. Show all posts
Showing posts with label prueba de Turing. Show all posts

Sunday, March 03, 2024

Una alternativa a la prueba de Turing


De acuerdo a la Wikipedia (https://es.wikipedia.org/wiki/Prueba_de_Turing), “La prueba de Turing o test de Turing es una herramienta de evaluación de la capacidad de una máquina para exhibir un comportamiento inteligente similar al de un ser humano o indistinguible de este”. Alan Turing, reconocido como el padre del cómputo, propuso que un humano examinara conversaciones en lenguaje natural entre un humano y una máquina diseñada para generar respuestas similares a las de un humano”. Y continúa la Wikipedia: “El evaluador sabría que uno de los participantes de la conversación es una máquina y los intervinientes serían separados unos de otros. La conversación estaría limitada a un medio únicamente textual como un teclado y un monitor por lo que sería irrelevante la capacidad de la máquina de transformar texto en habla. En el caso de que el evaluador no pueda distinguir entre el humano y la máquina acertadamente (Turing originalmente sugirió que la máquina debía convencer a un evaluador, después de 5 minutos de conversación, el 70 % del tiempo), la máquina habría pasado la prueba. Esta prueba no evalúa el conocimiento de la máquina en cuanto a su capacidad de responder preguntas correctamente, solo se toma en cuenta la capacidad de esta de generar respuestas similares a las que daría un humano.”

Pero siempre ha habido una polémica sobre si la prueba planteada por Turing demuestra algo. John Searle plantea un buen número de interrogantes que hacen dudar sobre la idea de Turing (https://es.wikipedia.org/wiki/Habitaci%C3%B3n_china). En este caso, Searle se enfrenta a la analogía entre mente y computadora cuando se trata de abordar la cuestión de la conciencia. La mente implica no solo la manipulación de símbolos (gramática o sintaxis), sino que además posee una capacidad semántica para darse cuenta, o estar consciente, de los significados de los símbolos. Para ello, plantea que el ser humano ha construido una máquina aparentemente capaz de entender el idioma chino, la cual recibe ciertos datos de entrada que le da un hablante natural de ese idioma, estas entradas serían los signos que se le introducen a la computadora, la cual más tarde proporciona una respuesta en su salida. Ahora Searle nos pide que supongamos que él está dentro de ese computador completamente aislado del exterior, salvo por algún tipo de dispositivo (una ranura para hojas de papel, por ejemplo) por el que pueden entrar y salir textos escritos en chino.

Supongamos también que fuera de la sala o computador está el mismo chino que creyó que el ordenador entendía su idioma y dentro de esta sala está Searle que no sabe ni una sola palabra en dicho idioma, pero está equipado con una serie de manuales y diccionarios que le indican las reglas que relacionan los caracteres chinos (algo parecido a “Si entran tal y tal caracteres, escribe tal y tal otros”). Así, Searle, que manipula esos textos, es capaz de responder a cualquier texto en chino que se le introduzca, ya que tiene el manual con las reglas del idioma, y así hacer creer a un observador externo que él sí entiende chino, aunque nunca haya hablado o leído ese idioma.

Dada esta situación cabe preguntarse:

  • ¿Cómo puede Searle responder si no entiende el idioma chino?
  • ¿Acaso los manuales saben chino?
  • ¿Se puede considerar todo el sistema de la sala (diccionarios, Searle y sus respuestas) como un sistema que entiende chino?

Estas preguntas sólo hacen más complejo el entender qué significa la inteligencia. Searle trata de refutar a Turing pero olvida detalles como el hecho del que simular inteligencia parece ser muy fácil. Fue Weizenbaum quien escribió Eliza, un supuesto psicólogo que platicaba en lenguaje natural con el operador de su programa. Cuando el operador escribía, por ejemplo: “me llevo mal con mi madre”, el software respondía: “háblame más de tu familia”. Eso sorprendía pero Weizenbaum solamente había hecho algunas ligas entre palabras claves del operador para ligarlas con respuestas que parecían inteligentes. Por su parte, Kenneth Colby escribiría un programa similar llamado Parry, que simulaba un paranoico esquizofrénico. Las pláticas de Parry con diversos operadores se presentan en su libro “Artificial Paranoia” trataban de probar que los psiquiatras a quienes se les mostraban estas transcripciones del intercambio entre Parry y el operador, mostraban a una persona paranoica y esquizofrénica, aunque seré franco: me parece que Colby acomoda las pláticas de forma tal que busca engañar a los psiquiatras, vamos “cucharea” los datos para hacerlos más realistas. Pero ojo, es mi opinión.

En estos dos últimos casos parece que “simular” inteligencia parece ser mucho más sencillo que exhibirla correctamente. Y pensando en esto se me ocurrió mi propia alternativa a la prueba de Turing, la cual llamaré “prueba de la Morsa” a falta de un mejor nombre. La idea es que podemos pensar en que algo es inteligente cuando se ríe de un chiste. Y opino que esto tiene que demostrar inteligencia, porque tiene que hacer una correlación entre lo que dice la broma y el contexto de la misma. Ya Artur Koestler (en su libro “Las raíces del Azar”), hace un estudio sobe la razón por la cual algo es gracioso. Koestler apela al combinar hechos que no están en el mismo contexto y es ahí donde se le da cabida a lo cómico. Pondré el ejemplo de Koestler (aunque confieso que no me parece ni remotamente hilarante): “Llega un militar a casa de un amigo y éste lo ve con 36 medallas puestas en su casaca. El amigo le pregunta: ¿Cómo es que has ganado tantas medallas? El militar le contesta: Fui al Casino, aposté la única medalla que tenía y gané”. Koestler indica que la conjunción de dos escenarios incompatibles es lo que hace reír en general (aunque su ejemplo no me convence). 


Así, la inteligencia reside no solamente en entender hechos (o simular que se entienden), sino en que quien le toca tomar decisiones sobre el tema, reconozcan que hay un contexto del mundo exterior que añade información para poder comprender que se trata de una broma y por ende, sonreír al menos. Vamos, un programa de plática no podría reírse de este chiste porque para ello necesitaría saber que los contextos militares y los de un casino se contraponen. 

Resumiendo: la prueba de la Morsa sugiere que (algo o alguien), es inteligente si es capaz de reírse ante una broma. Asunto que despeja todas las interrogantes de Searle al final de cuentas, ¿O me equivoco?

Monday, November 24, 2014

La computadora creativa


Las computadoras saben hacer muchas tareas que asombran a los seres humanos. Por ejemplo, pueden hacer complejos cálculos o bien, manejar bases de datos con suma agilidad. Pueden jugar ajedrez como el Campeón Mundial y pueden incluso ganarle a los mejores seres de carne y huesos en el popular programa Jeopardy!, en los Estados Unidos. Sin duda la tecnología de hardware y software avanza a pasos agigantados y esto se refleja en programas más inteligentes, más versátiles, más poderosos.

No obstante esto, todavía no existe un programa que pase la Prueba de Turing, que es una idea diseñada por Alan Turing, en donde trata de demostrar que un programa puede considerarse inteligente si puede pasar esta “prueba”, que consiste en poner en una terminal a una persona y en otra a una máquina, y hacer que ambos platiquen a través del monitor. Si el ser humano no puede distinguir que está platicando con un programa, Turing indica que el programa entonces puede calificar como inteligente.

Searle, un filósofo y matemático norteamericano, indica que no necesariamente la idea de Turing prueba algo. Para ello, define el problema con un contraejemplo llamado “el cuarto chino”, en donde en un cuarto cerrado alguien se comunica en chino con quien esté adentro del mismo, a través de grandes cartulinas. El personaje adentro tiene libros en chino que le dicen qué símbolos poner a los símbolos que le llegan del exterior. La persona dentro del cuarto escribe estos resultados y los manda fuera del cuarto. Para el que está afuera, quien sea que esté adentro, es claro que entiende chino. Sin embargo, el personaje que está adentro solamente sigue instrucciones ciegamente y aunque manda respuestas coherentes, no entiende una palabra de chino. Searle se pregunta si la prueba de Turing siquiera tiene validez.

Tal vez entonces la solución al asunto de saber si una máquina califica como inteligente se base en la creatividad. Los seres humanos somos creativos ¿no? ¿Los son las máquinas? No es fácil saberlo. Pensemos por ejemplo en programas que componen música… ¿lo pueden hacer con creatividad? ¿los resultados que entreguen son interesantes en términos creativos o bien, se notan “automatizados”, como siguiendo un patrón específico invariante? De nuevo, difícil saberlo e incluso, muchas veces podría depender de quién escuche el resultado. Para el lego, tal vez música escrita por un programa automático le parezca compuesta por un ser humano pero para un experto, quizás note una peculiar diferencia que le haga pensar que esa música no está escrita por seres humanos como él.

Podemos quizás entonces hablar de poesía. ¿Puede realmente la máquina escribir poesía como Borges hacía? Hay programas que hacen esto, pero de nuevo, valorar si hay creatividad en ellos no parece algo sencillo. Bueno, entonces podríamos pensar en programas que hagan haikús, pero de todas maneras parece sr poco posible llegar a una conclusión sobre la creatividad de estos sistemas. Porque por ejemplo, en un haikú, las palabras se refieren a cosas, a sentimientos, a hechos, a acciones. ¿Sabe la máquina de ello? ¿Entiende el contexto? Probablemente no, y entonces “se nos cae el teatrito” porque si no entiende lo que está haciendo, entonces ¿cómo podemos considerar que algo es inteligente?

Pero a todo esto, uno de los sistemas don más éxito en términos de inteligencia ha sido el ajedrez. Hoy en día programas como Komodo o Houdini juegan notablemente bien y diría yo, compiten sin menoscabo con los mejores jugadores del planeta. Pero ¿son inteligentes? No sé decirlo, porque como alguien me comentaba alguna vez: “el programa no sabe siquiera que está jugando al ajedrez. Mueve las piezas y peones y da jaque mate incluso, pero en el fondo, en su memoria, solamente mueve de un lado a otro bytes. Entonces, para decirlo de una forma coloquial, ‘no hay nadie en casa’. Eso no parece ser la definición de inteligencia”.

Y si menciono todo esto es porque acabo de saber de un programa que hace problemas de ajedrez. En este mundo del juego ciencia, hay problemas compuestos, en donde el autor de los mismos plantea un enigma: “juegan blancas y ganan”, “juegan negras y empatan”, etcétera. Desde que el ajedrez existe, ha habido una buena cantidad de compositores de ajedrez, la mayoría rusos, como Troisky, Bron, Shinkman, Loyd, entre muchos otros. En estas composiciones muchas veces se ve la riqueza de recursos en ajedrez y la creatividad de los problemistas. Pero un programa compositor de problemas de ajedrez, suena extravagante, por decir lo menos.

El doctor Azlan Iqbal ha escrito un programa que hace esto. El “abstract” (resumen) de un artículo que escribió al respecto dice, en sus partes relevantes: “Los compositores automáticos de problemas de ajedrez son relativamente ratos comparados contra los programas que juegan al ajedrez. Esto es discutible porque ellos esperan demostrar más creatividad que la que se necesita para solamente jugar bien. La creatividad, como un proceso, se entiende muy pobremente de forma científica, a todo esto.  En una investigación previa, fue desarrollado un modelo sobre la estética del ajedrez e incorporado a un programa denominado Chesthetica, que puede ser usado para evaluar la belleza de miles de problemas de mate en tres en una manera similar que se correlaciona con las valoraciones que hacen los seres humanos. Si un embargo, esto no es suficiente para darle la capacidad al programa de componer problemas que de forma independiente la gente considere interesantes.  Por ello, un nuevo enfoque llamado DSNS (digital synaptic neural substrate) fue usado para desarrollar esta idea”.


 Así pues, se tiene un programa que compone problemas de ajedrez. Ahora habrá que valorar si los mismos tienen los conceptos que consideramos creativos, de belleza interior por sus jugadas sorprendentes o por las ideas profundas que las mismas tienen.
Vale la pena echarle un ojo.

Pero más allá del ajedrez, si el modelo teórico es funcional, se podría usar en cualquier otro tema donde existan conceptos de belleza, por ejemplo, como en el caso de la siguiente fotografía, la cual con el mismo modelos teórico se catalogó como hermosa. Parece ser que hay toda una nueva manera de analizar la creatividad. Seguiremos muy de cerca estos desarrollos.
















Referencias:

Ludwig, un programa musical (Se puede descargar gratuitamente)
Poesía computarizada
 Evaluating the Aesthetics of Endgame Studies: A Computational Model of Human Aesthetic Perception 

_____
(*) La imagen del tablero (que ilustra este artículo), presenta un problema compuesto por el programa mencionado en la tercera referencia. Juegan blancas y dan mate en tres jugadas. Esta es la solución: 1. Tg5 Rc6 2. d8=T! (2. ... d8=D ¡es tablas por ahogado!) R se mueve 3. Td6#

Monday, July 09, 2012

La prueba de Turing y Peña Nieto


A Alan Turing se le considera el padre de la computación. Sus contribuciones a una ciencia que ni siquiera existía en términos reales son extraordinarios. Bosquejó la idea de una computadora real y además, planteó problemas por demás importantes en lo que hoy llamamos la inteligencia artificial.

Uno de esos problemas es sobre qué es la inteligencia, término que hoy en día no se puede definir con precisión. Podemos suponer actividades que involucran inteligencia como bien podría ser el jugar ajedrez. Pero si es así, ¿podemos considerar a los programas de ajedrez como entes inteligentes? Lo dudo. Como un escritor dijo en una crítica sobre este tipo de software: "después de haber perdido una decena de partidas contra el programa, me di cuenta que no había nadie en casa. La máquina nunca supo que me ganó. No conoció la felicidad de la victoria. Vaya, no entiende siquiera que está jugando al ajedrez".

Turing se planteó esto y llegó a una prueba que se conoce como "la prueba de Turing". En ella, se pone a dos computadoras alejadas una de otra, de tal manera que quienes las manejan no pueden verse. Digamos que están en cuartos lejanos, separados. La comunicación que se da entre los dos operadores de las máquinas se hace a través de un "chat", de platicar uno con el otro. La idea es sentar a un ser humano en una máquina y tratar de discernir si quien está en la otra terminal es un humano o un programa de computadora. Si el ser humano no puede concluir, después de una conversación en la terminal con quien esté del otro lado, que se trata de una computadora con quien ha estado hablando, entonces se asume que el programa pasa la prueba de Turing y se debe considerar que es inteligente.

A mí la prueba de Turing no me ha convencido nunca, pero quizás no tenemos demasiadas herramientas para tratar de discernir si algo o alguien es inteligente. John Searle, filósofo norteamericano piensa como yo y ha inventado una prueba en contra de lo que Turing decía, lo cual se le conoce como la prueba del cuarto chino.

Consideremos, sin embargo, que la prueba de Turing puede servir para siquiera atisbar si algo puede ser inteligente. Año con año se hace un concurso, el Premio Loebner, en el Reino Unido, el cual promueve programas platicadores que son evaluados por humanos para ver si cumplen con el criterio que Turing estableció. El que ganó este año y que se acerca a pasar la prueba es éste. Más información sobre el mismo puede leerse aquí.

Todo esto, que por sí mismo es muy interesante, me vino a la mente cuando vi la entrevista que le hiciese un periodista norteamericano al presidente virtualmente electo, Enrique Peña Nieto. El periodista estaba en un lugar del mundo y Peña Nieto en otro. Y se ve que le estaban traduciendo las preguntas para poderlas contestar. Pero... ¿las estaba contestando Peña Nieto o le estaban dictando las respuestas? Vean el video y decidan por ustedes mismos:


En mi opinión, Peña Nieto solamente es la "máquina" que dice lo que alguien le dice por el chícharo (el dispositivo que se pone en el oído y por el cual le transmiten inalámbricamente lo que tiene que decir, como en las novelas de la televisión o los que leen noticias). Así pues, Peña Nieto, el muñeco del PRI es un títere que puede ser manipulado totalmente.

Me es claro que si el presidente virtual de este país contesta así, pues no pasa la prueba de Turing.