Andrés Manuel López Obrador, el hombre que lleva como seis años en campaña presidencial, ha declarado ahora que si gana, creará la Secretaría de la Ciencia o algo que suena parecido. La pregunta es si esta propuesta tiene sentido, es víable o simplemente es un argumento típico de los políticos para hacerse de votos entre el nicho de los científicos.
Es claro que para los que hacen ciencia, ésta les parece importante. Vaya, tan lo es que han dedicado su vida a las actividades relacionadas con la ciencia. Por ello mismo, una propuesta de esta naturaleza podría tener impacto quizás entre los científicos. La idea pudiese parecer buena, pero pensemos qué lo hace diferente a lo que actualmente hace CONACyT (Consejo nacional de Ciencia y Tecnología), que durante muchos años se ha dedicado a promover las actividades científicas, otorgar becas, dasr apoyos para proyectos en ciencia y además, darle ínfimos bonos a quienes están en el SNI (Sistena Nacional de Investigadores).
Porque finalmente si se crease una Secretaría de la Ciencia ¿qué es lo que debería hacer? ¿Dar más becas? ¿Abrir espacios para más investigadores? ¿Otorgar más apoyos para proyectos académicos/científicos? En mi opinión una Secretaría así debería empezar por ir a las bases, por apoyar a la ciencia desde los primeros años en las escuelas primarias, en donde aparentemente las actividades relacionadas con la ciencia, física, matemáticas y química, por ejemplo, son desdeñadas por muchos porque "son muy difíciles". Así entonces, habría que ver cómo hacer para darles más importancia a estas aignaturas tan poco valoradas por alumnos y muchos maestros, que las ven como una pesadilla escolar.
Por otra parte, parece ser que en México la ciencia es algo que siempre está alejado de las industrias. No existe un vínculo real del cual puedan asirse unos con otros para que los egresados de carreras científicas encuentren cabida en el mundo real y no sólo en el mundo académico. Porque hoy día, muchos físicos de alto nivel, matemáticos de excelencia, químicos notables, están supeditados a conseguir una plaza de investigación dentro de la propia institución académica, sobre todo si hablamos de la UNAM. Por ende, se mantienen en una especie de torre de cristal, inaccesible a la vida industrial, a los desarrollos industriales, que bien que mal, podrían darles no solamente un mejor ingreso sino además, mejorar notablemente las condiciones generales de este país.
En México, la ingeniería civil por ejemplo, es de orgullo nacional. La ICA ha hehco construcciones a nivel mundial y no le pide nada a ningún país. ¿Por qué no podemos hacer lo mismo en otras ramas de la técnica y de la ciencia? ¿Qué impide este desarrollo? Probablemente la razón principal es que los políticos no tienen interés en las actividades científicas porque aparentemente se requieren de tantos años siempre para que den sus frutos que entonces ¿para qué promoverlas? Pero en esto mismo reside la ceguera y el poco criterio de los dueños de las decisiones nacionales. En un país con tantas miserias, con tantas necesidades, ¿por qué darle recursos a la ciencia? No se dan cuenta que los países científicos, Estados Unidos, Alemania, Japón, por mencionar algunos, son los que tienen las mejores condiciones de vida, son los que hacen los desarrollos que después venden en todo el mundo.
Así entonces, si la propuesta del Sr. López Obrador es en serio, debería basarse en plantar la semilla de la ciencia desde la educación inicial. Hacer entender a los niños que la ciencia no sólo puede ser divertida, sino que además, puede ser poderosa, cosa que entendieron los estadounidenses con la creación de la bomba atómica, en la Segunda Guerra Mundial. La ciencia no es pues un afán de gente sin nada más que hacer, es una necesidad en el mundo moderno, moldeado precisamente por todos estos inventos y desarrollos que parten de ideas que surgen en los laboratorios científicos.
Si de eso se trata la Secretaría de la Ciencia de AMLO le veo sentido. Si en cambio es para cambiarle el nombre a CONACyT pues entonces me parece una tontería.
