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Thursday, June 25, 2015

El imposible laberinto de la corrupción mexicana


Ser mexicano tiene que ver con usos y costumbres. Cómo somos y nos comportamos es parte no sólo de una manera de ser, sino de muchos años en donde el país ha perfilado muchísimas acciones que en el mejor de los casos, nos pintan como somos, que en el fondo, somos simplemente un reflejo de lo permitido y lo prohibido como sociedad que somos. De hecho, todas ls sociedades se comportan de peculiares maneras, cada una como consecuencia de las leyes que se generan en esos lugares, de lo que es permitido, de su particular idiosincracia.

Por ejemplo, si vamos a Estados Unidos, veremos que las leyes parecen funcionar en la cotidianidad. Si un oficial de la policía nos detiene por haber cometido una falta (una vuelta prohibida, pasarnos un alto), que quede claro que ni Dios padre nos salvará de la respectiva multa. Ni se le ocurra sugerirle darle "una lana" al policía para que se haga de la vista gorda. Si lo hace se expone a que lo lleven a la delegación de policía y se le acuso de tratar de sobornar a un agente de la ley. Y sí, quizás alguien que lee esto me diga que hay agentes corruptos en todas partes del mundo, pero en general, no es una buena idea probar -si le toca la situación mencionada- sobornar al oficial. Le puede salir el tiro por la culata.

En México, en cambio, esto es cotidiano. Hace muchos años, un primo me había invitado a una fiesta y ya íbamos retrasados. Un amigo de mi primo iba de copiloto y en algún momento estábamos en una avenida con relativo poco tránsito. El amigo de mi primo le dijo, cuando mi primo frenaba en el alto: "pásatelo, yo te lo pago", lo cual quería decir que si eventualmente nos detenían por pasarnos un alto, él se hacía cargo de darle al oficial la mordida correspondiente. Eso simplemente habla de una acción que se repite todos los días en la ciudad de México y que nos es tan frecuente que es parte de esta corrupción hormiga a la que estamos expuestos constantemente.

Y lo simpático (o curioso) del asunto es que tanto el oficial de policía sabe la parte de su guión como el conductor, atrapado en una falta del reglamento, sabe el suyo. El oficial nos dirá que hemos cometido la infracción X y nos pedirá nuestros papeles. Nosotros le daremos los papeles correspondientes (tarjeta de circulación y licencia), y con esos documentos ya en la mano del agente, estamos a su merced. Hay quien dice que le mostremos a través de la ventanilla los documentos, pero que no se los demos. La realidad es que esto es ponerse en mal plan y probablemente el policía decida "no ayudarnos" en el momento de la inefable corruptela para que el oficial haga como que no vio nada, y por unos doscientos pesos, nos deje ir y "aquí no pasó nada".

Y más de un lector podrá decirme que la culpa es del conductor, que ante la posible multa, prefiere esta "simplificación administrativa". Lo que ocurre es que el oficial, con los documentos del infractor en la mano, se la puede hacer cansada con argumentos: "Me tiene que acompañar a la delegación". "Hay que ir al Ministerio Público", "la falta la tiene que valorar el juez cívico", etcétera. Si le pedimos que nos ponga la multa el oficial dirá: "sí, se la pondré, pero le tendré que quitar puntos a su licencia (supuestamente contamos con 12 puntos que si los perdemos no podremos sacar otra licencia de conducir por tres años). La cantidad puede ser de 6 o más puntos. Vamos, que si no funciona un argumento para que tengamos que buscar decirle al oficial cosas como "écheme la mano", la policía tiene un sinfín de argumentos que puede esgrimir para torcerle la mano al conductor y que éste ofrezca una dádiva. Pero supongamos que el conductor es de disciplina férrea y decide aceptar la multa, que le quiten puntos de su licencia, etcétera. Quizás, si pone de malas al oficial, éste lo remita al MP. Y perderá el heroico conductor las horas que sean porque no quiso entrarle a la mordida respectiva. Así termina, en el peor de los casos, una situación de esta naturaleza.

Sin embargo, los mecanismos de la corrupción tiene una inmensa gama para aplicarse en toda clase de medidas. Por ejemplo, voy al taller mecánico para que afinen el "Bachoco" (el Chevy blanco que tengo), y que lo verifiquen, procedimiento que hay que hacer cada seis meses. Si yo llevo mi auto afinado al verificentro puedo apostar 100 a 1 que mi coche no pasará la verificación (la cual se paga previamente). Entonces deberé regresar al taller, pedir que re-afinen mi auto y lanzarme al siguiente día o dos días después, a verificar. Y puede pasar lo mismo. Mi auto no pasa los controles de contaminación. Ya para ese entonces habré gastado unos 700 pesos (sin incluir la afinación). ¿Qué hacer? Fácil: se le lleva al taller mecánico y se le deja al dueño de dicho taller para que afine y lleve mi coche a la verificación y sorpresa: ¡pasa a la primera! (claro, previa mordida que se convierte en unos 900 pesos de gasto para que mi coche pueda seguir circulando).

Y no faltará quien piense que mi coche no pasa porque es ya viejito (año 1999). Pero no. Un amigo tiene uno 2012, creo, y decidió hacer las cosas derechas. Pues nunca pudo pasar la verificación... Hasta que lo llevó alguien del taller mecánico, que ya sabe cómo acordar el negocio con los que trabajan en el verificentro, y pasó sin mayores dificultades. Vamos, dicho de otra manera, la corrupción cotidiana apela a mecanismos como el tiempo enorme que perderemos los ciudadanos para hacer un trámite con todas las de la ley, cuando es tan fácil evitarse todos estos inconvenientes pagando una sobre-cuota. Así, y sin afán de disculparme, la corrupción del gobierno, de sus mecanismos, es parte esencial para que todos paguemos este dinero que no se reporta en ninguna parte pero que al final del día nos hace seguir nuestra lucha del día a día tratando de sobrellevar a este tipo de gobiernos nefastos que llevan toda la vida.

¿Pero por qué las leyes funcionan así en este país? ¿Por qué la corrupción se impone? Por muchas razones: porque somos un país desorganizado, pobre e ignorante. Por ejemplo, si se le ocurre pasar por PeriCentro, que es un centro comercial que está pegado a lo que fue el Toreo de Cuatro Caminos, podrá ver puestos de todo tipo, garnachas, tacos, fruta y películas en DVD de todo tipo. Ahí pueden encontrar incluso los títulos de películas que se están pasando en este momento en las salas cinematográficas. Todo esto, a la vista de la Autoridad, así, con A mayúscula. ¿Por qué no les quitan la mercancía? Porque los puesteros ya pagaron su "derecho de piso", su "mochada" para que el oficial u oficiales que rondan la zona, no se las hagan de pedo, como dicen coloquialmente. Es decir, gracias a un pago diario o semanal, los policías no ven ni oyen nada. No ven los títulos de las películas piratas. No ven nada. Simple y llanamente se hacen de la vista gorda pero eso sí, recuerden, habiendo pagado cada dueño de puesto para que no les quiten la mercancía.

Y si vamos a otros rubros, el de la construcción, no se le ocurra a usted hacer una modificación en su casa y deje una montañita de grava o arena. De quien sabe bajo qué piedra, aparecerá "un inspector" que le pedirá sus permisos de construcción. ¿No los tiene? No se preocupe: dé una lanita y el inspector en cuestión hará que no vio nada y usted podrá hacer las modificaciones pertinentes. Ahora bien, si es una obra grande, puede estar en problemas, porque tendrá que "untarle la mano" al inspector (o inspectores), para que lo dejen seguir construyendo su obra. Pero ¿qué cree? Que en algún momento no alcanzarán las mordidas y esos mismos inspectores le clausurarán la obra. Y tendrá que lidiar con la corrupción de las oficinas de gobierno. Y me preguntarán: ¿Por qué no sacar los permisos correspondientes antes de empezar la obra? Simple: porque si hace eso, quizás no pueda empezar su obra hasta dentro de dos o tres años, si bien le va y hace las cosas con estricto apego a la ley.

Podría poner más ejemplos de cómo funciona este país. No me estoy disculpando a todo esto, sino que planteo que así no podremos jamás hacer las cosas bien y ser un país de verdad. Un amigo de mis padres, hace quizás unos 40 años, vinieron a México, siendo ellos de Suiza. Cuando iban a regresar al país del personaje Heidi, llevaban sobrepeso. Pero el funcionario de la aerolínea, por una mordida, se hizo de la vista gorda. ¿Y saben qué? Los suizos visitantes estaban encantados lo fácil que era arreglar el asunto en México. De hecho, este mismo amigo de mi padre en algún momento de su vida se compró un coche (en Suiza), y fue a hacer el examen de manejo, que no pasó. Podía hacer un segundo examen seis meses después. Así, con coche nuevo en su garage, el suizo éste no pudo sacar su flamante coche por las calles de Zurich por al menos seis meses.

En México esto simplemente resultaría absurdo. Usos y costumbres, le explicaría yo.

Monday, June 27, 2011

Un ejemplo muy mexicano


No tiene más de una hora que escribí mi artículo pasado y leo esto (del Universal):

Detienen a Paulina Rubio en EU

La cantante mexicana está acusada de desobedecer a la policía tras un accidente de tráfico. La dejaron ir porque tenía que alimentar a su bebé

Cargos. Se le acusa de negarse a acatar una orden legítima, obstrucción de justicia y alteración del orden público

MIAMI | Lunes 27 de junio de 2011 AP | El Universal10:08

La cantante mexicana Paulina Rubio deberá comparecer ante un tribunal por desacatar las órdenes de la policía y alterar el orden público tras un accidente con su auto.

Rubio, quien manejaba un automóvil de dos puertas BMW gris, fue detenida y liberada una hora después el sábado bajo la promesa de que comparecerá ante un juez. Para ser liberada, la cantante dijo que debía dar el pecho a su bebé de seis meses, de acuerdo con el informe policial.

No fue posible saber cuándo deberá presentarse en el tribunal.La portavoz de la corte de Miami y el abogado de Rubio no respondieron los mensajes de la AP.

El sábado por la tarde, el vehículo de Rubio chocó con otro automóvil en las inmediaciones del barrio cubano Pequeña Habana, cerca del centro de la ciudad.

Cuando llegó la policía, la artista se encontraba parada al lado de su auto y se negó a caminar hasta un sitio más seguro para mostrarle allí al agente su licencia de conducir, el registro del auto y la póliza de seguro.

De acuerdo con el agente, el auto estaba en una calle transitada y en la entrada de una gasolinera.

La intérprete de "Causa y efecto" buscó en su vehículo la documentación requerida, pero se negó a caminar hasta la acera, como le indicó el policía, de acuerdo con el reporte firmado por el agente M. Mercado y la propia Rubio.

En cambio, Rubio comenzó a hacer llamados telefónicos desde su celular y a gritar que no saldría del auto, indica el reporte de dos páginas con fecha 25 de junio.

"Usted se va a arrepentir de esto" (las cursivas son mías), dijo Rubio, de acuerdo con el informe escrito en inglés. La cantante hablaba en español, aclara el reporte.

El policía le informó entonces que estaba detenida y le esposó las muñecas.Mientras la llevaban hacia el patrullero, Rubio gritó: "¡Socorro, socorro! No hice nada. Miren lo que está haciendo. Abusadores, ustedes son unos mentirosos".

Incluso desde adentro del auto policial, la cantante mexicana gritaba por la ventanilla: "Estoy llamando a mi abogado. Son unos mentirosos" , indica el reporte.

Una hora después Rubio se calmó y pidió disculpas a la policía.Se le acusa de negarse a acatar una orden legítima, obstrucción de justicia y alteración del orden público.El informe no ofrece detalles sobre el accidente de tránsito en el que se vio involucrada Rubio.

Hasta aquí la nota.

Paulina Rubio no sabe que a nivel doméstico no existe la corrupción policial en Miami. No dudo que los norteamericanos tengan corrupción a otro nivel, pero eso sí, en lo que se refiere a la vida cotidiana, a los ciudadanos, a la policía, bien sabemos que ni se nos ocurra ofrecerles dinero. No puedes sobornar a un  oficial. Entonces, como no puede hacer eso la niña "dorada", entonces lo amenaza. Sólo faltó decirle al oficial: "no sabe usted quién soy". No cabe duda que Paulina Rubio demuestra su mexicanidad en el peor de los momentos y en la peor de las situaciones.