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Sunday, September 03, 2017

Cómo usar las nuevas tecnologías para mejorar en ajedrez



En el 2013 estuve trabajando con Carlitos Sandoval en su ajedrez. Carlos es un joven talentoso y muy estudioso. En el tiempo que compartimos analizamos el Gambito de Rey y el Gambito Benko, aperturas que son muy dinámicas y que en algunos casos generan posiciones muy agudas. Estudiamos la teoría y llegamos a definir las posiciones claves desde donde entonces, empezábamos a jugar.

Pero esto fue sólo una parte del trabajo. Una segunda idea fue usar algún programa de computadora para jugar estas posiciones en contra del mismo y ver qué jugadas hallaba. Un problema con este enfoque es que los módulos de ajedrez hoy en día, en cualquier computadora casera, resultan demasiado fuertes para la gran mayoría de los jugadores y tan es así, que simplemente los encuentros hombres-máquina se han dejado de hacer desde hace muchos años.

Sin embargo, hay una solución, usar -como hicimos con Carlitos- una vieja Palm Tungsten, la cual tiene menos memoria, un procesador más limitado en velocidad y en pocas palabras, "recursos limitados", comparados con los que ofrece cualquier computadora de escritorio. En este sentido, hay más chances de competir contra estos ingenios y hacerles una partida decorosa al menos.

Con Carlos probamos esta idea un par de veces, una de ellas puede verse aquí. En esta particular partida del Benko, Carlitos jugó bastante bien y poco a poco llegó a una posición ganadora. La experiencia de jugar contra la Palm sin duda mereció ser repetido.

Pero hay quien me ha dicho que ya las Palm son obsoletas. Es cierto, aunque aún pueden encontrarse algunas usadas a relativamente bajos precios en Mercado Libre, por ejemplo. Pero desde luego, tenemos hoy en día programas que pueden jugar en los teléfonos inteligentes, los cuales pueden dar mucha batalla a los ajedrecistas.

Cabe decir que el programa de ajedrez en el teléfono es hoy casi un gran maestro de bolsillo, listo para jugar a la hora que sea, desde la posición que se defina y con los tiempos de reflexión que uno quiera. Por ello, es la herramienta más formidable la cual -tengo la impresión- no se ha valorado en su justa proporción.

Hay en las plataformas iOS y Android muchos programas de ajedrez, aunque claramente hay los grandes nombres como Hiarcs, StockFish, Komodo, etcétera. No obstante esto, hay mucho software gratuito que puede hacer la vida difícil a los mejores jugadores y entonces, el plan es sacar ventaja de esto para mejorar en ajedrez.

La idea es pues trabajar en una apertura, en un sistema. Ver las partidas más significativas. Decidir cuáles son las posiciones más emblemáticas, es decir, aquellas que más veces se producen y empezar a jugar a partir de ellas. Esto normalmente ocurre como en la jugada 10 o 12, aproximadamente (a veces antes, a veces después). Una vez que se tiene la posición de interés, hay que colocarla en un tablero de ajedrez y simular las condiciones de torneo. Apuntar las jugadas en la papeleta, seguir las reglas de torneo, es decir, "pieza tocada, pieza jugada", por ejemplo. Vale la pena ponerse el ritmo de juego más común, por ejemplo, 1:30 hrs con 30 segundos de incremento por movimiento (desde la 1a jugada).

Una vez estas condiciones, se pone la posición en el módulo y se juega contra éste. Déle menos tiempo, quizás 1 hora para la máquina y un poco más de tiempo para usted.Cabe señalar que si usted comete un error y queda perdido no debe regresar la jugada y hacer otra. Eso no lo puede hacer en un torneo y aquí tampoco se vale. Si usted hace una mala jugada, apechugue y si pierde, pues tómelo en cuenta para que no le vuelva a ocurrir. Es importante decirle que nadie más tiene que saber de estas partidas. Digamos que son de entrenamiento "secreto" y la máquina no irá a decirle a nadie que usted perdió una o dos, o varias partidas por errores que la máquina no esperaba que hiciese. Vamos, repito, hablamos de entrenamiento y en éste uno puede equivocarse las veces que sea necesario y más.

Una sugerencia es ver los diferentes programas y jugar con ellos informalmente para ver qué tal juegan. Si usted encuentra algún software que parece jugar con cuidado y sin descuidos, quizás sea una buena idea para tomarlo de "sparring". Juegue una o dos partidas con este método con dicho programa y vea si le funciona o no. Si resulta lo suficientemente fuerte, pues tendrá a la mano un buen sparring. Si le gana con frecuencia es momento de cambiar a un programa más fuerte.

Por otra parte, hay que decir que muchos de los programas que se consiguen en las tiendas de apps tienen la posibilidad de graduar la fuerza y en ocasiones uno puede definir el nivel del rival. Pruebe con un nivel parecido al suyo y vea cómo le va en las partidas contra el módulo. De ahí podrá sacar las conclusiones correspondientes.

Por ejemplo, yo me compré un iPod Touch hace unos años y de nuevo, lo hice porque estos dispositivos tienen memoria y velocidad limitada, aunque eso no signifique que no haya programas que jueguen muy, pero muy bien. Por ejemplo, descargué ChessGenius, Hiarcs y Chess Tiger, siendo el segundo de estos el más fuerte. Digamos que estos programas juegan 2200, 2500 y 2100, respectivamente. En cualquiera de los casos se tiene un rival con un buen nivel como para entrenarse.

Por otra parte, es importante que este trabajo se haga con constancia y debe ser independientemente si uno gana o no partidas al módulo de ajedrez. Lo que importa es el entrenamiento, la experiencia de jugar contra un rival que en general juega con un nivel constante y que no se deja. Así, planeé de ser posible, un par de partidas por semana, lo que implica un par de horas al menos para que el ejercicio tenga sentido.

En resumen: hoy tenemos acceso a un gran maestro y éste se encuentra guardado en nuestro teléfono. ¡Qué habrían dado algunos ajedrecistas del pasado si hubiesen tenido los recursos con los que contamos ahora!

Tuesday, September 23, 2014

Sobre los teléfonos celulares


La telefonía celular lleva ya muchos años de existencia y desde el primer teléfono que sacaron, que parecía un ladrillo, a los modernos teléfonos inteligentes que ahora tenemos, han pasado muchas cosas y se han desarrollado nuevos negocios que nadie antes habría imaginado. Por ejemplo, los teléfonos se convirtieron en los asistentes personales, como la Palm en su momento, con la diferencia de que este último dispositivo no tenía manera de comunicarse con el exterior. Y sí, hubo dispositivos Palm que podían conectarse a Internet de forma primitiva pero ya era tarde, los teléfonos inteligentes habían llegado y Palm desapareció (bueno, fue vendida a Hewlett-Packard, que parece ser hizo una pésima compra de donde nunca pudieron sacar provecho, empezando por WebOS, un poderoso sistema operativo móvil que terminó por convertirse en código abierto y en donde -parece- habrá quedado como un interesante trabajo lamentablemente perdido).

Hoy en día los teléfonos inteligentes abundan. Los hay de gama baja, media y alta, y desde luego, las diferencias entre estas categorías tiene que ver con qué hardware y software tienen los diferentes aparatos. Sin embargo, ya prácticamente todos los teléfonos inteligentes tienen acceso a una tienda virtual. Los tres competidores parecen ser iOS, Android y Windows Phone (en ningún orden en particular), y el éxito de algún teléfono depende no sólo de su construcción y sus materiales, sino de que las empresas que los fabrican den soporte, tengan una amplia tienda de apps que puedan comprarse o descargarse gratuitamente, para facilitar las posibilidades de lo que pueden hacer con el teléfono.

Debido a que los teléfonos modernos se pueden conectar a Internet directamente, empezamos a ver que el teléfono es una computadora portátil, con tanta memoria como muchas computadoras de escritorio, que permite en la palma de la mano hacer maravillas. Es interesante notar que las llamadas por celular cada vez son menos, mientras que los mensajes en modo texto han crecido exponencialmente. Algunas cifras indican que el número de mensajes mandados en Estados Unidos por mes ha crecido enormemente, de 14 mil millones en el año 2000 a 188 mil millones en el 2010, de acuerdo a una encuesta del Instituto Pew y además, no se ve que este número vaya a decrecer o estabilizarse. La revista Time dice que los norteamericanos entre los 18 y 29 años mandan y reciben un aproximado a 88 mensajes de texto por día, comparado con 17 llamadas de teléfono. Esto decrece con la edad, pero incluso en personas mayores a 65 años, se tiene una razón de 5 menajes por 3 llamadas. Aparentemente quienes más "textean" son los jóvenes. Por alguna razón prefieren escribir en sus tecladitos de sus teléfonos a hablar por voz con alguien ¿Será quizás esta la razón por la cual la interfaz por voz sigue sin ser utilizada masivamente? ¿Será que a la gente le gusta escribir más que hablar?

Pero más allá de esto, es interesante ver algunas de las reacciones de las personas que utilizan un celular. Estaba yo en el avión de ida a San Francisco, cuyo viaje -desde la Ciudad de México (iba a poner CDMX que tan de moda está)- es de 3:45 hrs. nada más. Cuando aterrizamos en Estados Unidos y el avión se detuvo, el Capitán indicó que podían usarse los teléfonos celulares. Inmediatamente todos a mi alrededor encendieron sendos teléfonos y empezaron a ver si tenían mensajes o en su defecto, entrar a Facebook. ¿Por qué? ¿A poco todos estos personajes necesitaban ver urgentemente los mensajes que por 3:45 hrs. no pudieron ver? Me pareció muy curioso, porque después de esta actitud, algunos dejaron sus celulares porque no hallaron mensajes o querían mejor tomar sus maletas y salir del avión.

Otro caso que vi fue en el regreso a la ciudad de México. Un joven connacional, sentado a mi derecha, al otro lado del pasillo, prendió su teléfono desde que se sentó en su asiento y estaba como hipnotizado tratando de resolver un Sudoku. El joven no apagó su teléfono como indicó el Capitán, al momento de salir de San Francisco. Las azafatas pasaron varias veces por el pasillo y no le dijeron nada. Obviamente eso de que los teléfonos celulares pueden interferir con las comunicaciones internas del avión es un viejo mito que ya nadie cree y pienso que en algún momento, pronto, esta restricción de apagar los aparatos electrónicos al despegar u aterrizar, desaparecerá de la práctica aeronáutica comercial. Pero regresando al asunto, era muy interesante ver al joven aquel con la vista concentrada en la pequeña pantalla de su teléfono por no sé, una hora completa.

Y no se crea que quiero hacer una apología sobre los celulares, ni el re-educar a los adultos a que saquen sus teléfonos con medida o sensatez y que no lo tengan que ver para todo. Es claro que estar comunicados e informados ahora es mucho más factible por la existencia de estos dispositivos y pienso que cada quien debe saber cómo racionalizar su uso. Porque miren, entrar cada cinco minutos a ver qué nueva tontería han puesto en Facebook o ver cada 40 segundos si tengo algún mensaje en espera, resulta cada vez más ridículo, pero cada quien debe ser libre de hacer lo que le plazca finalmente. De hecho, esas iniciativas de que en comidas o cenas en restaurantes se pongan los celulares apagados y el primero que lo levante paga la cena resultan hasta infantiles. En mi opinión, el celular moderno da muchas más alternativas que hablar por teléfono, para estar informado, para tomar videos o fotos, y el satanizarlo tampoco me parece buena idea. Tal vez lo que pasa es que en el mundo hay mucha gente que tiene la idea de que tiene que re-educar a todos a su alrededor, como si fuésemos niños chiquitos, ¿o no?

Tuesday, September 10, 2013

Sobre el iPhone 5C


Finalmente llegó el día y Apple anunció el ya tan rumoreado teléfono “barato” de la empresa, el 5C. Los detractores de la marca dicen que la C es de “cheap”, barato. Los de la marca dicen que la C es de “color”. Hace ya un par de semanas, quizás un poco más, discurrí sobre la eventual existencia de este teléfono y llegué a la conclusión que era una mala idea, pues la actitud elitista que Apple ha promovido siempre, dejaría de serlo si es que salía este teléfono supuestamente económico. Me equivoqué. Lo reconozco. Sin duda Apple -ya sin Jobs en medio- quiere que su marca sea más popular y les deje más dinero, aunque esto pueda pegar en la percepción de que la manzanita era solamente para unos cuantos.

La realidad es que independientemente de la existencia del teléfono 5C de Apple, es claro que hemos caído en un extraño consumismo, del cual las grandes telefónicas han hecho un gigantesco mercado. Vamos, ¿cuántos teléfonos diferentes están saliendo en el mercado? En unocero (un sitio web donde escribo) hemos dado cuenta puntual de todas las marcas que sacan nuevos teléfonos inteligentes, filtraciones sobre los que vienen y toda esa parafernalia que acompaña cualquier presentación de un nuevo dispositivo de esta clase.

Dicho de otra manera, somos víctimas de la mercadotecnia, que nos obliga casi, a hacernos del siguiente teléfono, aunque el que tengamos sirva perfectamente bien. Recuerdo cuando llegó el iPhone a México. El costo era exageradamente grande y además, había que contratar por dos años al menos. Evidentemente todos esos que morían por un iPhone pagaron ese sobreprecio y probablemente el costo lo valió al ver la cara de sus amigos cuando sacaba su nuevo juguete manzanesco y lo presumía simplemente al hacer llamadas a otros. Hubo incluso una página web en donde se rogaba al Sr. Slim que por favor, bajara el precio del iPhone. Esta iniciativa no pasó de ahí. Lo único que se demostró es que todos querían ese oscuro objeto del deseo, representado por un telefonito inteligente con el logo de la manzana en la parte trasera.

Y seamos francos: ¿necesitamos un iPhone 5C? ¿O un blackberry de última generación? ¿O quizás un Samsung por demás sofisticado? Yo creo que no. Miren, con el tiempo hemos visto que estas tiendas virtuales de aplicaciones para los diferentes teléfonos y marcas comienzan a hacerse de muchísimos programas que  en muchos casos son puntadas simpáticas, como esa app que simula ser un tarro de cerveza que uno bebe, por ejemplo. La mayoría de las apps son francamente inútiles. Hay N calculadoras, por ejemplo, pero si ya el sistema tiene una, ¿qué necesidad hay de una nueva? Al rato tenemos montones de iconos que representan las decenas de apps que hemos comprado o descargado gratuitamente y que usamos cada vez menos. Tal vez las apps que más use un usuario (no me consta, pero es mi percepción), sean Facebook, Twitter, Waze, WhatsApps y ya. Entonces, ¿para qué queremos una tienda con tantas apps que jamás usaremos o que simplemente son programas de un ratito y ya?

Antes pensé que Apple no sacaría un teléfono barato, pues el que fuese costoso era parte de su manera de hacer negocio, de hacer sentir diferente al usuario. Con un teléfono económico, me pregunto si los usuarios de los iPhone costosos no verán con desdén a quienes tengan el iPhone 5C (C de chafa, como me dijo el Javo). Si es así, bien podría mantenerse este absurdo elitismo por algo que además ni siquiera lo merece. Les tengo noticias:  hablamos de un teléfono, sí, inteligente -sea lo que signifique esto- pero al final del día un teléfono más.

Thursday, May 30, 2013

Sobre la "Lady Senadora"


Luz María Beristain es senadora por el PRD. Hace un par de días hizo un escándalo porque no pudo abordar un avión (llegó tarde) y por ende, como se siente única e irrepetible, amenazó, se burló, intimidó de cuantas maneras pudo, a la empleada de la aerolínea. Auí hay dos problemas a analizar: por una parte, estos políticos, senadores y diputados, con fuero, se sienten con derecho a todo. Si la señora llega tarde a tomar un avión, éste cierra las puertas a una hora precisa y las reglamentaciones internacionales impiden que se vuelva a abrir para que entren los que llegaron despues de cierta hora.

A mí me pasó una vez en un vuelo a Seattle. Llegué a Houston como con hora y media de tiempo para tomar la conexión, pero hubo que pasar una revisión en el propio aeropuerto, quizás por la consigna de que cualquiera puede ser un terrorista hoy en día.  La cola era inmensa. Cuando finalmente pude llegar a la sala donde mi vuelo salía, éste ya estaba cerrado. Hube de esperar otras dos horas para tomar el siguiente vuelo.

No importa pues que la cretina senadora se sienta parida por los dioses. Si hay un lugar donde se cumplen estas reglamentaciones es en los aeropuertos. No hay vuelta de hoja. No hay criterios que valgan. No hay excepciones. Si esa babosa señora no lo entiende, pues es porque vive en este mundito donde se le abren las puertas en muchas partes por su cargo de senadora, pero no por otra cosa. Incluso con tan alto cargo, no se paró el mundo para que la señora tomara el vuelo.

Por otra parte, es claro que con los teléfonos actuales, que graban todo, estas escenas -que se hacen populares rápidamente- reflejan la prepotencia de esta cretina y ya este país está harto de esto. De verdad. Lo mismo pasó con Lady Profeco, o las Ladies de Polanco, o el Gentleman de las Lomas. Todos después salen a disculparse. Pero ya es tarde, el daño está hecho. Lady Profeco, por ejemplo, la estúpida hija del que fue por meses el jefe de la PROFECO lo sacaron de su cargo. Interesante saber con qué cara saludará a su papá, al que indirectamente, por su pretendida impunidad, le quitaron la chamba.

Así las cosas. En este país donde el influyentismo es algo de todos los días, el exhibir a estos personajes que se sienten que son más que los demás, nos muestran simplemente que México no avanza... Y si avanza... lo hace a marchas forzadas.


Para terminar, esta caricatura que ,e ha hecho reír de buena gana: