Wednesday, January 08, 2020

Cuando te tratan como delincuente y no como cliente



Yo sé que la piratería de todos los contenidos digitales es enorme. Hay muchos sitios en Internet en donde se pueden descargar toda clase de archivos, desde música en mp3, videos de todo tipo, películas en DVD, series de televisión actuales y pasadas, y además, libros electrónicos en formatos como PDF, MOBI; epub, djvu, etcétera.

Y sé que las editoriales, como les ha pasado a la industria del disco, en vista de la revolución digital en la que vivimos, tienen que cambiar sus maneras de vender y al final del día, sus modelos de negocios. Vamos, que el negocio de vender un disco de un artista famoso, con 10 canciones, en donde el público solamente le interesan las dos promocionadas en los medios, ya no funciona. Hoy, gracias a los archivos mp3, se puede conseguir cualquier «rola» que se necesite.

La pregunta que surge es ¿por qué la gente no quiere pagar por los contenidos digitales que consume? La razón simple y llana es que los creadores de contenidos ponen precios excesivos. Por ejemplo, el libro «How to Teach [Quantum] Physics to Your Dog», de Chad Orzel (2010), cuesta en pasta blanda 252 pesos y en Kindle 245.64 pesos. Es decir, la versión electrónica cuesta casi lo que el libro en papel. ¿Por qué? ¿Cuáles son los insumos de ese libro electrónico? Es un archivo que ocupa relativamente poco espacio de almacenamiento. Yo pienso que un precio mucho más justo podría ser el 10 a 15% de lo que cuesta el material impreso. Pero bueno, cada editorial tendrá sus políticas.

En lo que se refiere a la música, yo creo que la gente está dispuesta a pagar si se le da un buen precio, Cuando Apple sacó su sitio de venta de música, puso cada pieza musical digital en un dólar. El primer día hizo más de un millón de dólares. ¿Qué significa eso? Que la gente sí paga si el precio es correcto. Pero si en cambio, le pides que compre un disco con 10 canciones donde sólo te interesan 2, a unos 15 dólares o más, la gente verá la manera de conseguir de forma «ilegal» las rolas que busca.

Y si hablo de esto es por la experiencia con Gandhi. Quiero comprar un libro electrónico que cuesta 63 pesos, unos 3 dólares, que habla de dinosaurios. ¿Y qué ocurre? Que el libro es un epub protegido con DRM porque ¿saben? El Fondo de Cultura Económica y/o Gandhi, los protege para que la gente pueda leerlos solamente si se tiene la clave y contraseña del que lo compró, claro, si es que tiene uno la fortuna de poderlo descargar y leer, cosa que en dos ocasiones no he podido siquiera ver la portada del libro.

Y el problema es ése, que los que organizan el sistema de libros electrónicos en Gandhi están pensando que el lector, el que compra un libro, seguramente lo que quiere es re-venderlo en Internet o regalarlo a todo el mundo y desde luego, esa idea retorcida es falsa. Quien compra un libro electrónico es porque lo quiere leer y además, si se trata de quitarle los derechos digitales a los libros hay maneras que ya la tecnología de software provee y que además, lo hace de forma expedita y gratis.

Es decir, los DRM, -derechos digitales- que protegen las obras en ceros y unos protegen muy poco pero además, asumen que el lector es un delincuente y si gasta dinero en un libro electrónico esp porque quieren ponerlo en Internet, ´para que la editorial quiebre. Esa parece ser la lógica de Gandhi. La consecuencia de esto es un largo y tedioso procedimiento para que el comprador pueda leer el libro, y como esto es laborioso, puede fallar en muchas partes y el resultado final es que no hay manera de leer el libro comprado.

Esto es parte del problema que tienen los que buscan poner sus contenidos en formatos digitales. Y la historia ha demostrado lo inútil de estas protecciones. Cuando salió el DVD lo hicieron por regiones, y así, Estados Unidos era la región 1 y Latinoamérica era la región 4. Y si uno se iba a EEUU y compraba un DVD en ese país, no podía verlo en los reproductores de DVD mexicanos, porque no tenían manera de leer la encripción para la región 1. Así los creadores de contenidos podían controlar a qué país le mandaban qué contenido. Hoy en día el asunto de las regiones de los DVDs está superada. Prácticamente todos los reproductores son multi-región. Vamos, que la protección de los contenidos ya se la pasa todo el mundo por el arco del triunfo, para decirlo de manera coloquial.

En el fondo entonces es que para algunos creadores de contenidos, llámese FCE o Gandhi, los compradores de libros electrónicos son delincuentes en potencia y entonces le hacen -y se hacen- la vida complicada. Si los libros se mandaran en pdf simple, o epub, sin ningún DRM, los lectores lo agradecerían porque ahora sí, podrían leer los contenidos adquiridos sin tanto protocolo que solamente hace difícil simplemente el abrirlos para leerlos.

El caso de Amazon es curioso, porque la encripción de sus contenidos de libros electrónicos se supone que están protegidos, pero sé de buena fuente que su protección es relativamente trivial y hay un popular programa que quita la protección digital a dichos libros. Pero más allá de eso, Amazon entiende que el lector de libros electrónicos compra un contenido porque lo quiere ya, porque no quiere esperar, y en respuesta, el contendido electrónico llega al software Kindle (o al dispositivo Kindle) tan rápido que apenas uno pagó y ya lo está recibiendo y se puede leer inmediatamente.

Y es más, yo puedo leer los libros electrónicos que le he comprado a Amazon en mi PC, tanto en la que tengo en mi casa como la que tengo en mi oficina, o bien, en mi tablet, o en mi teléfono y también en mi dispositivo Kindle. No hay restricciones. Amazon no te ve como un delincuente, sino como el cliente, el que te da de comer y entonces te hace la vida fácil.

Así entonces, mientras Gandhi y el FCE sigan con su política de que los lectores son malos, perversos, que quieren poner los contenidos digitales accesibles a todos y que por ende, hay que proteger los libros electrónicos, aunque no sirva para nada esto, seguiremos teniendo problemas para poder ser lectores de contenidos digitales.

Termina uno pensando que mejor le compro a Amazon, porque el servicio y la actitud de los locales es infame. ¿O no?

3 comments:

toxickore said...

Como la mayoría de los negocios en México, no les gusta dar el siguiente paso, el caso de librería Ghandi es uno de muchos. Hacerse el digital no es una tarea de un solo paso, es de constantes pasos y mejoras que al final satisfacen al cliente y en consecuencia benefician al negocio, cosa que la dirección de la librería no ve.
Ahora, respecto a las restricciones de contenido no se cuando van a desaparecer. Es un martirio acceder al contenido de netflix MX desde otro continente, hay que andar usando VPNs o dispositivos que realicen el túnel.

Jean said...

Lamentablemente, mi comentario será muy negativo.

Uno de los problemas de estos negocios en México, es que atienden principalmente a mexicanos. Y lo siento para decirlo de manera tan cruda, pero la GRAN mayoría de los mexicanos, si, son delincuentes, de tal manera que los negocios tratan de salvar lo que se pueda.

Por "delincuentes" me refiero a que viven, desde pequeño, en una cultura del robo sistemático, con la idea que los demás hacen lo mismo (es decir que es lo normal), y que, de todas formas, no habrá consecuencias directas para ellos (pero para la comunidad, si, solo que esto les vale madre). El abanico de comportamientos ligados a esta cultura es enorme. Va desde un embajador que se roba un libro en una librería porque considera que no tiene que pagar (dicho de paso, supongo que cuando lo cacharon, ya tenía un historial de robos, pero bueno, era un diplomático...), hasta los que manejan hablando por celular y se pasan el semáforo sin ni siquiera darse cuenta, y que por lo tanto roban de manera virtual la vida de los peatones. Y robar la vida de alguien no es poca cosa, pero inclusive así, los mexicanos roban. Casi todos.

Ocurre que he vivido en varios países y continentes. Quisiera ilustrar este concepto de "cultura del robo" con dos ejemplos personales.

En los años 90, estaba de vacaciones en un pequeño pueblo de Francia. En la casa donde estaba, no había teléfono (era una granja), y era en la época pre-internet. Para consultar los horarios de trenes, tuve que llamar desde una caseta pública, las que funcionaban con monedas. Y por descuido, después de realizar la llamada, olvidé mi cartera que había puesto sobre el teléfono. Esta cartera contenía todos mis papeles de identificación, y todo el dinero (en efectivo) que tenía... Me di cuenta de mi error 2 horas después. En estado de completo pánico, regresé a la cabina telefónica, con la esperanza de encontrar mi cartera. No estaba... Fui a la alcaldía para preguntar. En la recepción me comentaron que nadie había llevado la cartera, pero me recomendaron pasar a la policía (en estos tiempos, era la "Gendarmerie Nationale"). Sudando todo el sudor de mi cuerpo, voy pues a ver los policías, les cuento mi pequeña historia, y ellos, con una gran sonrisa, me regresan la cartera. Ni siquiera checaron mi identidad. Solo me dijeron que alguien había efectivamente encontrado la cartera, y pensó que lo mejor era dejarla al puesto de policía. Obviamente, como lo pueden adivinar, no faltaba ni un centavo, ni un solo documento.

Algunos años después, estaba en México, en el Dé-éfé. Económicamente, llegué a estar, digamos, muy bajo. Un cierto día, me quedé con 400 pesos para terminar el mes. Lo podía lograr, sin embargo, pero tenía que cuidar cada centavo. En el metro, a la hora pico, unos tipos empezaron a empujar a todos los usuarios, sin razones, como si fuera para jugar. Duró algunos segundos, pero de manera inconsciente, sentí lo que estaba pasando. Cerré los ojos, y ya, me habían robado lo último que me quedaba.

Ahora les pregunto: ¿se imaginan un ciudadano mexicano regresando a la policía una cartera encontrada en la calle? Obviamente que no, porque sabe muy bien que el policía que la recibirá se la robará.

Morsa said...

Hola, Jean,
Gracias por tu mensaje, que paso a contestar:

Mira, yo no creo que la gran mayoría de los mexicanos sean delincuentes. Creo que es una aseveración basada en hechos personales que desde luego, te dan una percepción que no necesariamente es muy justa.

Yo diría que primero debes ver la realidad del mexicano: el 60% está en la línea de la pobreza por lo que deben rebuscársela para sobrevivir. Eso no quiere decir que tengan que robar, pero ante este escenario real de pobreza, el gobierno acepta muchas prácticas para que, precisamente, la gente no entre a la delincuencia. Y entonces ves puestos de comida callejeros, en donde los que venden tacos, tortas o cualquier otro alimento, no pagan una renta en un local, aunque sí la "autoridad" les cobra una cantidad para no molestarlos. Y si no entras en este juego, te sacan de la venta.

Por ejemplo, están tolerdos los N puestos piratas que venden DVDs de películas y series comerciales. Están frente a todos, en puestos temporales hechos improvisadamente. Y los toleran porque esa gente vive de eso. ¿Está bien? No, pero repito, tienes que analizar la situación socioeconómica de este país. De hecho, parte del problema de la delincuencia, del narcotráfico es la falta de oportunidades para los jóvenes. Vamos, el problema es más complejo que solamente decir: todos roban, son delincuentes.

Ahora bien, los malos no leen ni les interesa piratear libros, porque simplemente no es negocio. Más fácil vender comida o películas en la calle, o incluso celulares de dudosa procedencia. Y el problema del pirateo no es privativo de México, sino que es de todos los países. En algunos, las leyes son estrictas mientras que en México hay una corrupción que empieza por las autoridades y por eso no avanzamos en esto.

Ahora bien, si una película comercial te cuesta 200 pesos y la puedes conseguir por 15 pesos, ¿qué crees que hará la gente? Y es una cuestión de acceder a contenidos que de otra manera no podrías. Y además, esta piratería promueve a muchos artistas, por ejemplo, cosa que no hay campaña publicitaria que llegue a tanta gente. Así que no todo es malo.

Ahora bien, es cierto que si te encuentras una cartera en la calle a lo mejor no la regresas y te quedas con el dinero que pueda contener, pero esto es por la situación económica del 60% de las personas en el país. Por ejemplo, un amigo mío se encontró una cartera. estaban los datos del dueño. Le habló. pasó por ella y mi amigo no le quitó ni un centavo y es más, el dueño le quiso dar dinero como recompensa que mi amigo no aceptó. Yo hallé un iPhone en el piso del cine. Lo dejé en la administración del mismo y supongo que se lo regresaron al dueño. No tengo más información.

Un curioso caso me lo contó un amigo que vive en Alemania. Halló un reloj en el piso y se lo puso. Cuando llegó a su casa su mujer le preguntó sobre ese reloj. Él comentó que lo encontró tirado y ella le dijo: "por qué no lo regresaste, no es tuyo". Y mi amigo seguro se preguntaría "¿Y a quién se lo regreso?". Yo creo que tenemos aún muchos héroes sin capa y no comparto que la mayoría de los mexicanos sean delincuentes.