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Monday, June 06, 2022

De la maldad humana


Si usted lector, lectora, entra a YouTube a buscar videos de la Segunda Guerra Mundial, tarde o temprano podrá ver algunos en donde se habla del cómo fueron castigados los criminales de guerra nazis, juzgados en diferentes ciudades europeas. Muchos de los acusados fueron sentenciados a morir en la horca.

Los videos narran la maldad con la que actuaron los nazis en los campos de concentración, las barbaridades que cometieron y las inauditas matanzas a los judíos en los campos de exterminio. Es de terror. Curioso es saber, sin embargo, que los alemanes no-judíos, la mayoría de ellos, no veía nada de malo a la persecución de los judíos. Probablemente la población civil no estaba enterada de los abusos en estos campos de concentración y tal vez los que sí estaban enterados, no lo veían del todo mal. La propaganda nazi era espectacular y habrían logrado cambiar el criterio de las poblaciones de alemanes. Vamos, los propios nazis se acostumbraron a este exterminio infame y ni siquiera les quitaba el sueño. Digamos que lograron hacer cotidiano el asesinato de miles de seres humanos inocentes. Y lo sabemos todos, hay una serie de valores que se nos inculcan desde niños, sobre lo que está bien o no, lo bueno o lo malo. Y entonces -en general- aprendemos a comportarnos de alguna manera que va a tono con un sistema de valores éticos, los cuales se aprenden desde niños.

Hoy, por ejemplo, gracias a Internet tenemos acceso a mucha información y tal vez mucha de ella de forma ilegal. Los sitios en donde se pueden descargar software, libros, música, películas, DVDs, etcétera, es ya parte de la cotidianidad. Hay portales en Internet donde se publican las claves de los productos de software más  usados. Hay quienes suben a la red la Suite de Office (de Microsoft) o los programas de Adobe (Photoshop, InDesign, etcétera), y es probable que aunque la mayoría sepa que es ilegal hacerse de este software así, lo instale porque no tiene dinero o no quiere pagar los cientos de dólares que se piden por estos programas. De nuevo, la ilegalidad se vuelve cotidiana al punto que no es un acto poco común mandarle el enlace de un programa comercial a alguien para que lo use sin pagar. Y sí, hay que reconocer que el acto de compartir es muy humano y las empresas de software no quieren precisamente esto. Y entonces los usuarios estamos ante una fea disyuntiva:  si alguien nos pide un programa que tenemos, ¿por qué no copiárselo? Es como parte de la amistad, ¿verdad? Pues sí, pero eso no hace el acto de copiado menos ilegal.

Y si hablo de todo esto es por el fenómenos de los mensajes de correo, que recibo casi a diario, y que son de remitentes desconocidos. En muchos de ellos viene como título: "envío de la factura solicitada" (o textos parecidos), o bien  "Catálogo de la empresa para su revisión". También hay algunos que urgen que abramos el mensaje porque tiene información urgente e importante.

Todos esos mensajes contienen archivos con virus. Las supuestas facturas en XML y PDF se sustituyen por archivos .msi de Windows, que son extensiones para identificar programas para instalar (asumo que .msi significa Microsoft Software Installer). Así que todos son programas malvados cuya función puede ser, dañar mi información o bien, crear un software que encripte mis datos para después pedirme rescate en bitcoin o simplemente, mostrar la habilidad del programador para atacar a los usuarios conecctados a Internet.

Yo me pregunto la razón por la cual mandan estos programas malignos. ¿Es que hay tanta gente que no tiene ni oficio ni beneficio? Vamos, incluso la mayoría de las veces, si alguien abre un archivo infectado, hasta el Windows Defender muestra que algo anda mal y urge a no abrir el archivo malicioso. Entonces 'para qué tanto circo? ¿Para qué intentar dañar los datos de un desconocido?

También existen esos mensajes de tres páginas que nos dicen que un hacker se ha metido en nuestros sistemas y que ha grabado a cada uno de nosotros cuando vemos pornografía, e indican, nos han registrado en video masturbándonos en sitios de sexo extremo o bizarro. Y en esos correos  nos indican que son tan hábiles que tienen control sobre nuestras actividades. Pero son ladrones de buena fe. Si les mandamos unos mil dólares en bitcoin (porque no se pueden rastrear), el que escribe borrará todo y nunca más nos molestará. Por supuesto que todo esto es mentira pero el efecto de asustar al que no conoce cómo funcionan las cosas le podría hacer pensar que lo han cachado "con las manos en la masa", y habrá tal vez considerado pagar el rescate para que su honor quede sin mácula. Desde luego que cuando ven las cantidades que piden entonces lo más probable es que apechugen y esperen que el maloso hacker no mande esos comprometedores videos a nuestros amigos y familiares. Desde luego toda esa historia del hackeo es ridícula y busca engañar a los más impresionables.

Pero más allá de todo esto, lo que parece importante es como se instala en la cotidianidad la maldad. Ya lo vemos como normal. Yo ya veo estos correos y de inmediato los borro e ignoro porque sé que buscan dañarme de alguna manera apelando a la sorpresa, a mi ignorancia y chance a mi vergüenza. Y lo que me parece más grave es que la maldad, el ver cómo un grupo de seres humanos busca usar los recursos que tiene a la mano para sacarle ventaja a otros de forma ilegal y ya no se hace nada. Y entiendo que la tecnología de los bitcoin ayuda a que las transacciones no tengan nombre ni dirección, pero entonces no faltará quien quiera sacar ventaja a esto, aunque se lleve e alguien más "entre las patas". Para decirlo pronto: parece que tenemos que convivir con la maldad.


Saturday, November 23, 2013

De la maldad humana

Cuando reviso mi correo, cada mañana, me doy cuenta que hay gente mala en el mundo, y que por alguna razón, cada vez es más. Al menos parece indicar esto los mensajes que me llegan. Van un par de ejemplos: cada cierto tiempo recibo cartas de personas que quieren hacer un gran negocio conmigo. Tienen cifras millonarias en dólares, 6 o 7 millones, que quieren compartir conmigo. A eso se le llama el fraude nigeriano y ya he hablado antes de esto. El asunto es que en estas cartas, algunas redactadas por alguien que habla o escribe muy bien en español, me dice que sí, que hay muchos fraudes en este asunto pero que ellos sí son serios y apelan a que les dé el beneficio de la duda. De hecho, en el descaro total, hablan que para yo poderme hacer de esos millones de dólares, debo pagar unos 250 dólares para los trámites. Me es claro que si esa cantidad mllonaria me la fuesen a mandar, bien podrían deducir esos gastos de lo que supuestamente iba yo a recibir. Pero he ahí el truco: me gana la avaricia y mi razonamiento desaparece. Se nos olvida que esas cantidades no se dan a alguien que quién sabe de qué lista de correos tienen y que es un fraude evidente. Ya parece que de la nada me van a dar semejante cantidad.

Otro ejemplo: cartas electrónicas de bancos en donde se me pide actualice los datos. Usan las imágenes de los sitios reales pero es claro que los cuestionarios que hay que llenar por Internet, en donde se pide muchas veces el número de tarjeta de crédito y el número de seguridad, además del nombre y las fechas de expiración del plástico, sirven para que alguien me meta un cargo a mi tarjeta y pague yo algo que jamás compré. Ya me pasó con mi anterior tarjeta de crédito. Alguien se hizo de mis datos (probablemente en algún local comercial, algún restaurante), y me quisieron "meter un gol" pagando 10 dólares de una cuenta en Skype y la compra de algo por más de 200 euros. Me quejé al banco. Desconocí esos cargos y me los quitaron. Con ello, también cancelaron mi tarjeta y me dieron otra. El punto es que probablemente mucha gente cae porque cree de buena fe que es el banco quien pide esa información. Desde luego que este phishing es ya muy común pero es obvio que se sigue usando porque la gente sigue cayendo en este truco.

Pero si esto les parece poco, hablemos de esos mensajes donde por quien sabe qué artes de magia, gané el primer premio en una lotería europea y debo contactarme con la empresa que hizo dicho concurso (la cual ni dominio específico tiene, sino que usan gmail o hotmail como servidores de correo). Y los correos me indican que me he ganado 200 mil, 400 mil y hasta un millón de euros. De nuevo, todo esto es ridículamente falso, pero quiero creer que hay quien cae en estos trucos y los "trasquilan" pidiéndoles cuotas de 100 a 200 dólares para los trámites y así poderles mandar su premio hasta su país de origen.

Pero hay más. Resulta que de vez en vez me llegan cartas de impresionantes modelos rusas, ojo verde o azul, guapérrimas, súper cuerpos, que quieren entablar una relación amorosa conmigo porque vieron mi perfil y obvio, les soy absolutamente irresistible. De nuevo, no hay esas mujeres que sufren por mí en Rusia. Son unos engañabobos que comienzan el intercambio de cartas y entonces le dicen a su víctima que pueden viajar a conocerlo. Basta con que el enamorado e irrestible personaje le pague el costo de la visa al menos, para que en unos días disfruten de un amor apasionado con una belleza exótica, que está dispuesta a todo. Historias de gente mandando dinero para las visas de sus rusas amantes y dándose cuenta que los engañaron, son comunes.

Y métanse a una sala de chat y observen cómo la gente miente. Todos los interlocutores son perfectos, ya sea física o moralmente. Físicamente seguramente hablamos con mujeres hermosas y los hombres son todos musculosos que se desviven en el gimnasio. La realidad, aprendemos pronto, es que la mentira es el factor común en estas salas de chat. Es finalmente un sistema más donde se ha pervertido la idea de estas salas. Pero de nuevo, ya lo sabemos y entonces nos acostumbramos que es así.

El asunto es que se observa la maldad humana. Son de esas acciones viles en donde parece que no hay ningún problema si alguien nos birla unos cientos de dólares. Pareciera que no hay víctimas en estos crímenes, en estos robos. Los que escriben estas cartas para engañarnos son un ejemplo de la maldad humana, en donde se quieren adueñar de lo mucho o poco que tenga la gente con lamentables trampas, buscando que en nuestra ingenuidad supongamos que recibiremos un beneficio, el que sea. Y lo más grave de todo esto es que parece ser que cada vez es más común, más frecuente y en donde tenemos que acostumbranos con esto en lugar de erradicarlo. ¿O no?