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Sunday, September 15, 2013

El mundo perfecto de Twitter y Facebook


Participar en las redes sociales -creo- tiene sentido. Por una parte nos permite enterarnos de lo que hacen nuestros amigos, aunque en muchas ocasiones no podamos verlos en vivo y en persona. Por ello Facebook es por ejemplo, una alternativa razonable -en lo que cabe- para saber lo que pasa con la gente que queremos y que frecuentamos. Twitter por otra parte, nos permite muchas veces seguir la línea de razonamiento de muchos que comentan sobre los acontecimientos del momento.  Así podemos enterarnos de lo que opinan los que están viendo la pelea del Canelo Álvarez prácticamente en el momento de la acción. Recuerdo a Sergio Zurita, que en la entrega de los Óscares hacía comentarios por Twitter, justo cuando se estaba llevando a cabo la ceremonia de premiación.

Pero en las redes sociales vemos que hay muchas expresiones, particularmente en el terreno político, en donde los internautas que ahí coinciden expresan su enojo por las medidas de represión del gobierno, por las injusticias que vemos a diario. En ocasiones he participado preguntándoles a algunos de estos quejosos qué están haciendo para cambiar esa situación que les incomoda, porque les digo que desde la comodidad de la casa, frente a su teclado y pantalla, las cosas no van a cambiar.

Los que me responden me dicen -a veces incluso molestos- que ellos hacen mucho por sus respectivas comunidades. Dicen protestar ante las autoridades, quejarse con los funcionarios a cargo. Cuando les pido más información ya no me la dan. Me ignoran o me dicen cosas como "no tengo por qué andarte mandando estos datos, investiga si tanto quieres". Dicho de otra manera, es probable que no hagan realmente nada porque no veo razón alguna para no decirme qué han hecho, si es que han tomado acción más allá de escribir sus protestas en las redes sociales.

Y éste es el punto que quiero tratar: en las redes sociales somos todos perfectos. Todos tenemos amplísimos criterios y denostamos a quienes den una opinión que es políticamente incorrecta. Por ejemplo, la cantante Paquita la del barrio, se le ocurrió decir algo en contra de los homosexuales y le cayeron encima acusándola de homofóbica, entre muchos otros adjetivos. Y los mismo pasa si alguien defiende a este gobierno, por ejemplo, porque es claro que el PRI y Peña Nieto son todos unos perversos. Y algo (o mucha) de razón tendrán, pero puedo apostar que muchos de esos que acusan de usurero a Slim, por ejemplo, actuarían igual o peor que él si tuviesen las empresas que él tiene. O hablemos de la corrupción que se da en las calles de la ciudad de México con el enemigo público número uno de nosotros: la policía, que buscará sacarte dinero antes de que apele a cumplir con la ley. Ya sabemos todos que si cometemos una falta al reglamento de tránsito y nos agarra una patrulla, es sinónimo de tener que dar la tradicional "mordida", o "para sus aguas". Pero en la red social que quieran nadie aceptará dar mordida y además lo negará. Dirá que prefirió ir al Ministerio Público entre una buena cantidad de mentiras. Porque todos en las redes somos perfectos, sin mancha.

Todos estos que se quejan de Televisa y TV Azteca, por ejemplo, que incitan y arengan a no ver a estas televisoras, son los primeros en prender la televisión cuando juega la selección nacional, o cuando pelea el Canedlo Álvarez. Todos ellos se olvidan de su odio a las televisoras cuando les ponen su espectáculo favorito. Hay incluso quienes me dicen a esto: "yo no veo TV, sólo documentales en DVD", ajá. Eso que se los crea el más ingenuo. Yo no les creo nada, no merecen la mínima credibilidad en su supuesta perfección en sus valores.

Saturday, October 27, 2012

Del radicalismo en México


Hace quizás una semana, uno de mis programas favoritos de Canal 22, "La Dichosa Palabra", se preesentó, si no me falla la memoria, en la Feria del Libro que se llevó a cabo en el Zócalo capitalino. Fue un programa que se realizó desde ese recinto, quizás porque el medio ambiente era propicio: ahí coinciden escritores y lectores.

Sin embargo, pasó algo: un grupo de manifestantes decidieron boicotear el programas y armaron una serie de consigans que gritaron cuando el programa se estaba llevando a cabo. No sé los detalles pero aparentemente el objetivo de sus críticas era Nicolás Alvarado, personaje que además de salir en este programa, aparece en el noticiero "Primero Noticias"  de Carlos Loret de Mola, en Televisa, cada mañana.

Parece que a Nicolás le gritaron de todo: Vendido, lambiscón y hasta asesino (¿?). Esto es precisamente por trabajar en Televisa. Creo que el programa se suspendió. Todo esto no lo pude ver, pero me lo contaron.

La cuestión es que aparentemente -después del probable fraude en las elecciones (con todas las irregularidades que esto conlleva)- hay mucha gente descontenta y por ende, buscan expresar esto con actos como el que aconteció al realizar el programa de TV del 22. Televisa -desde luego- es prácticamente la maldad personificada y por ende, cada empleado también lo es. De hecho, hace poco leí que la empresa televisiva pedía a sus empleados que en actos públicos evitaran portar su gafete o mostrar que trabajaban ahí, en un claro mensaje que hay mucho radical suelto que no entiende de argumentos y razones, y que si no está uno con ellos, entonces está en contra.

Mi problema con Nicolás Alvarado es que sale demasiado en televisión, como una especie de icono de la cultura. Es mi percepción evidentemente y aunque me guste o no que aparezca tan seguido a cuadro, es claro que el hombre está haciendo su propia lucha por la subsistencia. Si a Nicolás Alvarado lo contratan en diferentes medios y puede hacerlo, y le interesa esta exposición mediática, ¿por qué decirle que no? A nadie le cae mal tener más ingresos ¿o me equivoco?
 
Nicolás Alvarado trabaja para Televisa, pero no necesariamente tiene que estar con esa empresa y coincidir en todo lo que hacen. Como muchos de nosotros trabajamos en otras instituciones y compañías y no necesariamente estamos de acuerdo con todas las políticas que se tienen en las mismas.

Todo este episodio es muy lamentable. Que haya ocurrido en un evento donde se presta atención a la cultura, a los libros, a las letras, es francamente deplorable y lo único que habrán logrado es que La Dichosa Palabra, como otros programas, decidan no arriegar y mejor hacerlo en sus estudios.

He aquí la respuesta de N. Alvarado en video sobre este hecho: