Thursday, November 20, 2014

Cuando no hay salida


El actual gobierno, encabezado por Enrique Peña Nieto, ha caído en una espiral de desaciertos, de dislates, de la cual no parece tener salida. Fuera de las anteriores matanzas como la de Acteal, los 43 desaparecidos (y presumiblemente muertos) estudiantes normalistas parece ser la gota que ha derramado el vaso. La paciencia parece haberse agotado y como este artero crimen es producto de complicidades entre el crimen organizado y las fuerzas municipales, federales, incluyendo el ejército, pues califica como "Crimen de Estado". Peña Nieto tiene pues responsabilidad sobre estos acontecimientos porque finalmente es la cabeza, el mando supremo, en donde ha fallado a la Nación y esta vez parece que se lo estamos demandando.

Las caras de circunstancia, repetir en todos esos discursos los lugares comunes: "caiga quien caiga", "no habrá impunidad", "llegaremos hasta las últimas consecuencias", son simplemente frases huecas que ya nadie cree. Fiscales especiales, investigaciones ad hoc para resolver los más horrendos crímenes que se han dado en este país, sólo han servido para desprestigiar aún más a los que nos gobiernan. Enrique Peña Nieto y su gobierno, ya lo dijo el Secretario de Gobernación, Osorio Chong, viven el peor problema de su sexenio y quizás el problema es insoluble. Han pasado unos 43 días de los curiosamente, 43 desaparecidos, y no se tiene la certeza de lo que pasó con ellos. No hay nadie que se erija como el responsable y no hay culpables. Bueno, sí, los hay, pero son supuestamente tres tipos que dicen haber dado muerte a los normalistas. ¿Pero los asesinos intelectuales, apá? de eso no sabemos nada.

Quizás el gobierno esté apostandoo a que nos conformemos como pueblo, como tantas veces, ante la ineptitud de las autoridades de este país, pero no parece que a la gente se le olvide. Al contrario, parece más vivo que nunca el problema. ¿Qué podría hacer el gobierno del presidente más bonito de Latinoamérica para sacar al buey de la barranca? Misterio.

Pero por si esto fuera poco, Aristegui y Co. sacó un reportaje especial sobre la "casa blanca", una construcción de las Lomas de unos 7 millones de dólares, dicen, cuya propietaria es la primera dama, la actriz de tevenovelas, Angélica Rivera, esposa del presidente galán. Pero tanto el presidente como su mujer andaban de gira por China y Australia y menuda sorpresa se llevaron cuando estos ingratos mexicanos le sacaron sus trapitos al sol, mostrándonos que los gobernantes no aprenden nunca. Ya se les olvidó el "Partenón de Durazo" ¿verdad? Una construcción -esa- que dejaba sin habla al respetable, pero de indignación.

Y aquí tenemos un escenario similar. Ya hemos hablado de como la actricita de novelas Angélica Rivera salió a tratar de explicar lo inexplicable. Habló de unas cantidades de dinero formidables que Televisa le habría dado por su trabajo. La danza de los millones es de tal magnitud que nadie en su sano juicio puede creerle ese catálogo de mentiras... y agravios al pueblo de México. No dijo "sólo robé tantito" porque quien le escribió el guión, probablemente de Televisa, todavía guarda alguna compostura pro-gubernamental. Y si a todo esto le añadimos el desprestigio internacional, el habernos convertido como país en la primera plana de muchísimos diarios y revistas internacionales, en donde muestran con lujo de detalles los abusos de esta clase gobernante, pues tenemos ya el caldo perfecto para algo más grave.

Con estos tres elementos, en donde se ve la impunidad de los gobernantes, el saqueo de los recursos de este país y un me vale madres lo que piense la prole (dixit Paulina Peña), la ecuación parece estar formándose de manera tal que la marcha de este día 20 de noviembre mostró que las cosas no andan bien para este gobierno. No tienen una buena pinta. Nunca había visto una manifestación así. Y no por los que marcharon, sino por los que su hora de comida salieron a la calle a protestar -vestidos de negro- lo cual merecen el mayor de mis respetos. Todos, cada quien desde su nicho, ha aportado a enriquecer esta discusión y a poner los puntos sobre las íes (gracias, Benedetti, de nuevo) a este intragable gobierno.

Pero... ¿va Enriquito a renunciar? Lo más probable es que no. Usará todos los recursos a su alcance para tratar de mantenerse en el poder, porque finalmente, nadie quiere perder sus privilegios. Y hará uso de la fuerza público (cosa que ya advirtió), pero ¿sabrá Enrique Peña que su barco se va a pique? (citando a Benedetti de nuevo).

Pero más allá de su renuncia, ¿cómo van a componer una situación que ya no parece tener salida? La clase política está ahora sí en entredicho generalizado y la culpa es de ellos, por sus abusos, por sus desmanes, por su poca sensibilidad real por los problemas que aquejan a este país. Yo no sé si finalmente hagan renunciar al analfabeta de Peña Nieto. No sé si el descontento popular tome otros derroteros. Lo que me queda claro es que a dos años prácticamente de la llegada de este inútil, el país está en una situación que yo nunca pensé que iba a ver. Habrá que seguir los acontecimientos futuros, porque se está jugando más que una renuncia, se está jugando el destino de todo el país.




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