Sunday, April 16, 2017

Reflexiones sobre la captura de Javier Duarte


Javier Duarte ("Javidú"), el ex-gobernador de Veracruz fue finalmente capturado por la Interpol. Un par de días antes apareció una foto del ahora apresado pero en Vancouver, Canadá, supuestamente en un restaurante, pero al siguiente día este gobierno dio la noticia de que el prófugo de la justicia había sido localizado y apresado en Guatemala.

Los políticos modernos, los de esta "nueva generación priísta", han hecho de la transa y el robo algo cotidiano. Padrés, César Duarte, entre otros gobernadores y ex-gobernadores, son acusados de haberse robado miles de millones de pesos. En el caso de Javidú parece ser que tenía 35 empresas fantasmas a quienes el gobierno de Duarte pagaba sumas millonarias por servicios y bienes inexistentes. A esto se le ha agregado una serie de situaciones que rayan en la infamia y que probablemente muchas de ellas no sean siquiera ciertas. Me refiero particularmente a sustituir los costosos tratamientos contra el cáncer con agua, cosa que de lo deleznable que es, nadie podría creer que es un invento, pero cuando se trata de cargarle la mano al chivo expiatorio del momento, todo se vale.

Javidú desde luego no es ningún santo y el hecho de que en lugar de enfrentar las acusaciones haya decidido huir lo convierten en más allá de presunto culpable. Y sí, aunque se supone que en este país todos son inocentes hasta que se les demuestre lo contrario, queda claro que con sus acciones es difícil que Duarte salga incólume de todas las acusaciones en donde se involucran desfalcos millonarios. Si a esto le añadimos que los medios ya lo han culpado de facto, el gordito miserable es culpable casi por definición. Quien piense que puede ser inocente o está loco o no entiende nada, aunque en principio la parte acusadora tendría que demostrar todos los delitos que le ha fincado.

Yo no quiero pensar cómo puede ser la vida de alguien que llega a ser gobernador de un estado cuyas intenciones parecen ser las de ver cómo lo exprime y cómo se hace de tantos millones de pesos. ¿A poco creía que podía salirse con la suya? Y cuando el hombre ya había decidido huir, ¿cómo le hizo para tener recursos y viajar a otros países para no ser capturado si la Procuraduría dice que le congeló 112 cuentas en bancos? Seguramente tenía más. Pero aparte de esto, ¿qué sentirá un tipo de estos huyendo? ¿No le tendrá miedo de hasta su sombra? ¿No se sentirá casi paranoico porque todo a su alrededor le parecería que conspira en su contra para ser atrapado? ¿Y su linda mujercita, que de acuerdo a los "diarios" que se le encontraron y que se dieron a conocer, qué pensará ahora de esto de "merecerse la abundancia" que escribió una y otra vez en planas como si se tratara de tarea escolar para niños castigados?

Sé que algunos criminales que han huido por años, al ser atrapados tienen un descanso, una relajación que tiene que ver con esto de que "ya la pesadilla terminó" y entonces enfrentan la ley desde una posición menos fea, más amable a la vida misma, ya liberados pues. Quizás Javidú ahora se sienta ya más relajado porque finalmente ya no tiene que vivir escondido. Se habrá dado cuenta que todos esos miles de millones desaparecidos por él fue lo peor que se le pudo haber ocurrido hacer. Se debe haber dado cuenta, si tiene dos dedos de frente, que vivir perseguido por la justicia en este mundo ultra comunicado puede ser una de las peores pesadillas.

Vamos a ver cómo se dan las cosas a partir de esta captura. Cuando extraditen al nefasto ex-gobernador seguramente le querrán aplicar un castigo ejemplar y pasará años en prisión. Vamos a ver si además, se puede recuperar el dinero que se robó porque finalmente si se demuestra que se lo robó, debiese estar en alguna parte.

El ser humano pierde toda sensatez, todo raciocinio, cuando le gana la ambición. Los fraudes -a todos los niveles- se hacen bajo este precepto de ofrecer algo valioso por muy poco esfuerzo y así han surgido por ejemplo, el fraude nigeriano, en donde por correo alguien desconocido te ofrece millones de dólares a cambio de nada. Y uno diría, ¡qué tonta la gente que cae en eso! pero de nuevo, los fraudes se basan en este principio de que la ambición le gana al razonamiento.

Javidú es pues el ejemplo más moderno de un político que estuvo su momento en los cuernos de la Luna pero no pudo contra la realidad. Ahora pasará muchos años en la cárcel y ojalá eso de verdad fuese una lección para todos aquellos que sienten que pueden hacerse de millones y verle la cara a todo un país.

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