Monday, February 11, 2019

México, sus políticos y sus declaraciones patrimoniales



Este nuevo gobierno de la cuarta transformación, lo cual es un mero slogan publicitario, ha indicado que los miembros del gabinete del flamante presidente AMLO, estarían obligados a presentar su declaración patrimonial, vamos, qué bienes tienen. En caso de no hacerlo, el peje dijo que sacaría al infractor de su gabinete. Fue una manera casi de obligar a los nuevos personajes de esta administración, a mostrar transparencia.

Pues bien, Olga Sánchez Cordero, magistrada de la Corte Suprema desde 1995 hasta el 2015, tenía que presentar su declaración patrimonial pero se olvidó declarar un departamento que tien en Houston, el cual está valuado en 11 millones de pesos. Aparentemente la señora no tendría ningún problema para justificar esa propiedad, pues en 20 años de ser magistrada de la Suprema Corte, seguramente le dio el dinero para poder comprar dicho inmueble.

Jiménez Espriú, por otro lado, parece que tiene un departamento en Houston, pero ya salió el funcionario a decir que  el departamento en la torre Briar Place, en Houston, Texas, que no incluyó en su declaración patrimonial, era de su esposa y luego cedió a su hijo las acciones del inmueble. Yo quiero suponer que el ingeniero Jiménez Espriú puede justificar esa propiedad sin ningún problema, pues siempre ha sido un profesional exitoso.

Pero estos dos ejemplos narran una historia que en este país se convierte en vergonzosa: tener dinero es casi un delito. Si alguien trabaja y ahorra, si hace negocios bien habidos, si invierte en lo que sea y obtiene buenas utilidades, es justo pues que las reciba, y finalmente, todo eso podría justificarlo. Pero cuando tenemos tantos casos de corrupción, de personajes que se han hecho millonarios de la noche a la mañana, de personas que ostentan un cargo público y de pronto viven en una ostentación desmedida, nos hace pensar que el dinero es producto de chanchullos, de trampas, de corruptelas.

Y se me ocurre pensar en la "Maestra Gordillo", esa guerrera que congeló Enrique Peña Nieto por seis años y de pasar a ser una mujer enferma, que requería de cuidados especiales para así justificar no estar en prisión, de pronto gana las instancias judiciales y ya la tenemos diciendo que "es una guerrera", y piensa regresar con todo. Vamos, que todo lo que se robó -porque recordemos que la Gordillo es maestra de escuela primaria- le dio para propiedades en Polanco y San Diego, sitios nada baratos en realidad. Y no importa que sepamos que es una ladrona de siete suelas, el hecho es que va por la vida consumiendo vestidos y bolsas de marca de 30 mil pesos, fundando partidos políticos que le dejan más dinero. Lo que interesa es que tiene cara para seguir en la nota pública.

Otro personaje nefasto es Romero Deschamps, líder petrolero con una fortuna espantosamente grande. Es un tipo al que le encantan los relojes finos y no le importa mostrarlos públicamente casi en tono de burla. Y así, va por la vida derrochando y viviendo como hiper-rico. Así las cosas.

Por ello, el sospechoso por omisión el tener dinero. Si alguien -como la Gaviota- se compra una casa de 80 millones de pesos, la malograda "casa blanca", hallamos que ella sale a decir que esa propiedad se la ganó con el sudor de su frente al trabajar por 20 o 30 años (qué más da), en la empresa Televisa. Y no importa lo que digan todos los demás artistas, ella, la Gaviota, sí, Angélica Rivero, ganaba millonadas aunque otras actrices de más nombre del Canal de las Estrellas no llegaran a percibir esas cantidades. Y como nadie puede probar que la Gaviota había ganado dinero ilícito, pues no queda más que creerle o bien, pensar mal. Y en este país parece que "piensa mal y acertarás" es el lema que todos seguimos.

Para resumir todo esto podría citar a Confucio (año 550 antes de Cristo), que dijo: "En un país bien gobernado, la pobreza es motivo de vergüenza. Pero en un país mal gobernado, el motivo o de vergüenza es la riqueza".

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