Monday, September 05, 2011

De teléfonos celulares, sistemas operativos móviles, internet y demás parafernalia


Hoy en día las grandes telefónicas en nuestro país venden un sinfín de teléfonos móviles, desde los más elementales hasta los más sofisticados. El mercado de la telefonía se ha hecho verdaderamente gigantesco y la tecnología que posibilita estar conectado con otros sin necesidad de un cable físico, nos permite además acceder a las red Internet, a conectarse a las ya fastidiosas "redes sociales", aparte de tener acceso a un sinfín de programas de acuerdo al "Android Market" o la tienda "App"de Apple, etc., dependiendo -desde luego- de qué equipo de teléfono tengamos.

Para poder acceder a estas maravillas modernas no basta con comprar un teléfono de los que denominan inteligentes, sino que hay que ir con la teléfónica y "comprar" un "plan de datos", que nos permitirá por lo pronto, conectarse a internet y hacerse desde 250 megabytes en adelante por mes, además de tener una serie de minutos para llamar por teléfono. Estos planes ofrecen todo género de combinaciones y es cuestión de preguntar sobre las opciones y así tener de dónde elegir.

Pues bien, cuando me regalaron mi nuevo teléfono, con el sistema operativo Android, entendí que necesitaba un plan de datos y en su momento me apersoné en una tienda de Telmex para contratar dicho plan. Finalmente salí con uno que tiene 500 Mbytes de datos y 60 minutos de llamadas. Todo por unos 535 pesos ya con iva incluído/mes. Me habían advertido más de uno, que no desestimara la cantidad de megabytes, porque una vez que uno tiene un plan de datos, y acceso a Internet, entonces literalmente "se chupa" muchos miles de megabytes y nunca parece alcanzar.

Los primeros días, con mi nuevo teléfono Android, fueron para familiarizarme con el teléfono. Bastaron un par de horas para comprender la mayoría de las funciones. Entré al Market Place de Android y bajé las clásicas aplicaciones que me son indispensables:  las del ajedrez. Digamos que las cosas estuvieron bien y normales.

Pero he aquí que Pilar me pide mi novísimo teléfono porque quiere entrar a su correo por un teléfono que tienen en su cuenta de Yahoo!. Saco mi poderoso ZTE y entramos al navegador de la red. Entra a Yahoo! y halla la información que quería. Habrá estado conectada, navegando entre sus mensajes, unos 10 muinutos. c uando me regresó el teléfono éste estaba calientito, calientito. No quiero decir con esto que me quemara las manos o que fuese peligroso incluso tocarlo. No, simplemente noté que después de acceder a Internet, el teléfono se calienta considerablemente.

Así, hallé que entrar a las redes sociales, a leer los mensajes de correo, a hacer algunas actividades en las redes sociales, resulta poco menos que impráctico. La verdad es que con el tamaño de pantalla que tienen estos dispositivos, resulta hasta idiota conectarse contínuamente a Twitter o Facebook. Y si a esto le añadimos que el teléfono sube su temperatura inusualmente -insisto, no al grado de quemar por supuesto, pero sí me resulta incómodo- pues como que me parece hasta falsa toda esa promoción que hacen las telefónicas para que nos hagamos de un  plan de datos y estemos conectados a las redes sociales, como si esto realmente fuese una necesidad.

Yo creo que iré de nuevo a Telmex a cambiar mi plan de datos al más económico, que creo es de 349 pesos o por ahí. Porque ni uso tanto Internet (este mes fue de unos 39 Mbytes/mes), y la verdad, si entro a Facebook o Twitter, lo hago desde mi casa, en una pantalla de tamaño razonable, por mencionar una de las virtudes que veo en mi máquina de escritorio.

El otro día hablando con un fuerte jugador de ajedrez, éste me decía que él usaba la conexión de su teléfono al correo, porque le parecia imprescindible, esté donde esté, poder consultar los mensajes de correo. Yo creo que no es tan necesario, aunque -evidentemente- todos tenemos diferentes necesidades.

En fin, aquí dejo mi experiencia con todo este asunto de los teléfonos poderosos, con sistemas operativos como Android, con la urgente necesidad de poderse conectar vía estos dispositivos, a internet. La verdad creo que nos han estado queriendo vender la idea de la gran necesidad de estar conectados a la red todo el tiempo, para ver nuestro correo, para ver qué dicen en las redes sociales, para poder buscar información instantáneamente, etc. Y lo peor, es que les hemos comprado esta idea.

2 comments:

Javo said...

Ja ja, bienvenido al mundo de los datos por teléfono. Cuando hago videollamadas (Facetime) con Joe o el Pop, mi ipPhone se calienta bastante, normalmente las llamadas no pasan de 20 minutos, pero yo uso 3G y esto aunado con el vídeo hacen que el procesador, vídeo y datos trabajen al máximo y calienten el aparato. Pero después de unos 5 minutos se enfría.
A mi me asombra que un aparato tan pequeño pueda hacer todo esto y calentarse relativamente poco. Mi computadora se calienta mucho mas en comparación.

Marco A. Dorantes said...

Ante algo nuevo como la disponibilidad, cada vez más generalizada, de la tecnología inalámbrica e Internet requerimos de otro tipo de educación, diferente a la tradicional, para no quedar inermes antes las exigencias de las modas y del mercantilismo. Por desgracia, las ideas populares de “educación” parecen incluir un casi exclusivo énfasis en la integración del individuo a la maquinaria socioeconómica de consumo prevaleciente; y, desde luego, dicho énfasis proviene de considerar tal integración como algo absolutamente positivo. Pero me parece que tal consideración es uno más de los supuestos que no solemos cuestionar precisamente porque esa “educación” no incluye el cuestionar a lo establecido.

El ejercicio de la innovación tecnológica —y, sospecho, también en la innovación dentro de otras áreas— no implica una automática valoración positiva, como sinónimo de «progreso», sino que requiere primero tantear las ventajas y desventajas para corroborar si tal innovación es en realidad progreso —como sinónimo de «mejora».

Un problema es que pocas veces ―o nunca― nos preocupamos de comprobar las afirmaciones que escuchamos o que proferimos. De ahí las observaciones de algunos críticos acerca de que Internet nos puede hacer más estúpidos (¿aún más?); ver:

¿Infoadicción?
http://mdmartin.blogspot.com/2011/08/infoadiccion.html