Monday, September 19, 2016

Lo que hemos hecho de este mundo


Me llega un mensaje aparentemente de Bancomer.com, el cual me dice que debo actualizar mis datos. Suena sospechoso y además, el navegador mismo me advierte que puede ser un mensaje fraudulento. Me llega un correo de alguien que dice haber visto mi perfil (quién sabe dónde), y que me ofrece un montón de miles de dólares para que ea persona pueda sacar dinero de un banco en África. Un correo más que me llega es de una señora que dice que tiene cáncer y que me quiere donar (sabrá que soy una gran persona), no sé cuántas decenas de millones de dólares. En su historia pone una tragedia terrible y la quiere documentar con enlaces a páginas web.

Y también me llegan correos de mujeres que se muestran en paños menores indicándome que soy el galán de galanes, que de nuevo, han visto mi perfil (nunca dicen dónde), pero que claramente soy el gran partido que todas las mujeres quieren, sobre todo las rusas y ucranianas, que son todas hermosas, casi modelos.


Pero si somos francos con nosotros mismos: ni soy el galán que el mundo esperaba, ni tengo mi perfil en miles de sitios web, ni tampoco tengo siquiera cuenta en Bancomer, por ejemplo. menos, desde luego, soy tan fiable para que un desconocido decida que como se va a morir, merezco que me done toda su cuantiosa fortuna.

Todos estos asuntos son fraudes de una u otra manera e Internet, gracias a este anonimato al cual se puede acceder, nos ha convertido a muchos en potenciales víctimas de vivales que quieren sacarnos dinero, algún tipo de ventaja, etcétera.

Pero el asunto al que voy es más que eso: ¿Por qué toleramos a todos estos defraudadores? ¿No es tan común que basta con saber que nos quieren engañar y entonces ignorarlos? ¿O deberían todos estos tipos que buscan defraudarnos de alguna manera ser bloqueados, juzgados, o al menos, vigilados por la justicia? ¿En qué momento permitimos todos que esta sarta de ladrones llegue a nuestros correos y trate de robarnos? ¿Cuándo pasó que simplemente lo vimos como algo tan común que dejamos de prestarle atención?

Y esto es lo que en el fondo me molesta, o quizás para decirlo con más precisión, me aflige. Este es el mundo que vivimos, que toleramos, en el cual no hacemos nada. Estamos tan acostumbrados a estos delincuentes virtuales que ya no decimos nada, simplemente los ignoramos. ¿Nos nos enseñaron de pequeños que este tipo de personajes indeseables debería estar en la cárcel o al menos ser supeditados a la justicia de los países? Pero no se hace nada. Simplemente lo vemos como algo natural, como cuando vemos al adulto sucio y con ropas desgarradas pidiendo limosna, o a la señora con su rebozo, un niño envuelto en él, levantando la mano para recibir una moneda. Y nos es tan familiar este espectáculo que simplemente lo toleramos, lo vemos como algo imposible de erradicar y si acaso, le damos un par de pesos y así quizás hasta creamos que hacemos una obra de caridad.

¿Este es el mundo que hemos construido? ¿De verdad?

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