Friday, July 16, 2010

La necesidad de ser alguien


Hace unos años, cuando Internet y la web empezaban, un argumento muy usado era que de alguna manera, gracias a la red de redes, podíamos ser nuestro propio editor, publicar nuestras ideas sin necesidad de que alguien las calificara o las evaluara para saber si valía la pena su publicación. Otro argumento en este mismo tenor era que Internet era democrático y que uno podía poner una página con la información que quisiéramos y que entonces, tendríamos presencia en la red, igual que la tiene IBM, Apple, Microsoft o cualquier otra gran corporación.

Con el tiempo surgieron los blogs, en donde mucha gente (me incluyo), pudo sacar a luz sus pensamientos, su discurrir, sus ideas, aunque éstas no sean populares en algunos o muchos casos. De pronto hubo furor en la red por hacer blogs y con el tiempo, como todo, se fue decantando hasta quedar aquellos que siguen escribiendo con regularidad en sus propios espacios virtuales.

Ahora, sin embargo, es la época de Twitter y Facebook, de las "redes sociales", las cuales tiene como nunca, mayor empuje gracias a que los medios de comunicación las sacan a relucir cada vez que pueden: si hay una emergencia por un huracán, ya tenemos al comunicador en la TV diciendo que gracias a Twitter se pudo dar aviso a tiempo del fenómeno metereológico, o bien, que gracias a Facebook una niña desaparecida fue hallada después de que se hizo un grupo dentro de esta red social con el afán de buscarla y regresarla a casa. Hoy día, en México hay un canal de TV de paga, llamado "ForoTV", que está dedicado a la polémica, a la discusión, al rollo que se lanzan gozosos los comentaristas en diferentes tópicos, ya sea de política, deporte, cultura, espectáculos, etc. En todos ellos siempre hay un espacio para decirnos: "En Twitter JuanitoRedondo nos dice que no está de acuerdo con nuestra postura", o cualquier opinión de un desconocido con un seudónimo simpático, que está siguiendo la transmisión y entonces sale al aire su comentario escrito en la página de Twitter. Así, de pronto, el hombre de la calle, el interlocutor X, tiene voz y voto, opinión "certera", aunque claro que esto último depende de quién lee y comenta el tweet escrito. Sartori, el de Homo Videns, tenía razón al final de cuentas: el hombre de la calle, del cual no sabemos nada, emite su opinión en un medio electrónico y este simple hecho ya la valida, aunque en el fondo sea una estupidez.

Lo curioso ahora es que todos en los medios se sienten con esa necesidad de ser alguien. Por ejemplo, escucho una estación de radio, cuando regreso a casa. Ahí hay un programa de música y el locutor en turno dice: "sígueme en Twitter: mi nombre es @locutorfamoso... Así estaremos en contacto", o bien, "dame de alta en Facebook: aparezco con el nombre de locutor_famoso... Sí, locutor guión bajo famoso"... Igualmente muchas páginas ya tienen enlace con Twitter y Facebook, para que los interesados se den de alta y "los sigan".

Y seamos francos: ¿quién quiere seguir los comentarios del eventual locutor que tiene un programa en donde pone música? Porque finalmente su única credencial es la de que es un locutor de radio. No sabemos nada de su trayectoria, de si es capaz o no, de dónde ha trabajado, etc. Es decir, no sabemos nada de él pero el locutor apela al auditorio a que lo sigan en Twitter o en la red social Facebook. Debe tener mucho que decir, supongo.

Pero no solamente estos locutores de radio se promocionan en Twitter. Ya no hay artista, mexicano o extranjero, que no esté en Twitter o Facebook. Ahí los histriones narran sus aventuras y desventuras, por ejemplo, Ludwika Paleta (¿de verdad se llamará así?), que puso en su Twitter que había acabado su relación sentimental de dos años con noséquién. ¿En verdad la Sra. Paleta tiene que mandarnos este Tweet para que así sepamos de su vida personal y privada? Yo no veo la necesidad. Supongo que después de un mensaje de esta naturaleza la Sra. en cuestión no tiene derecho a vida privada, pues ventila sus asuntos íntimos en una página de Internet que no necesariamente la leen mucho a ella, pero que algunos medios hacen eco de estos comentarios escritos por la actriz. Así pues, que después no se queje.

Yo pienso que los medios se cansarán tarde o temprano de esta moda y pasarán a la siguiente, que vaya a usted a saber cuál será. Lo que es claro es que gracias a Facebook y Twitter, la fama automática y rápida parece poder surgir, lo cual va muy de la mano con esta sociedad light, que impulsa a cualquier baboso a que se convierta en actor, en cantante, en locutor, en bailarín, aunque no haya estudiado nada de eso y solamente sea una cara atractiva para la televisora que lo está animando a que se meta en este negocio de la fama pública. Lo que se les olvida es que la fama así es tan volátil que puede desaparecer en el momento que a la televisora le dé su regalada gana. Si mañana se cansa de la actricita/actorcito, cantante, locutor/a, recién creado de la nada, lo desecha y listo. Ya el público se encargará de olvidarlo. Acuérdense del ridículo "payasito de la TV, Cepillín".

Pero curioso es que no importa los años que alguien haya estado en la TV mexicana. Puede ser borrado del mapa sin misericordia cuando a la televisora ya no le interese su presencia a cuadro. Así despareció el hijo de Zabludovsky, Abraham, que daba noticias... ¿dónde está? O Guillermo Ochoa, que creo sigue en un oscuro noticiero que nadie escucha... O los bobos de Big Brother México, que se dejaron encerrar en una casa por no sé cuántos días a cambio del éxito pasajero, de esos 15 minutos de fama, como diría Warholl, quizás, para ser olvidados, para terminar con pena y sin gloria. El mismo Raúl Velasco, cuando salió de la TV -tal vez por su edad- porque al tigrillo Azcárraga, que tomó el mando de Televisa al morir su padre, lo desechó. Vaya, que en el cumpleaños ochenta de mi tía, el Sr. Velasco fue invitado. Ya no era el dictador de las modas musicales en México. Ya no ejercía mayor influencia en nadie dentro del mundo del espectáculo. Pues bien, lo sentaron en una lejana mesa con otros invitados que poco o ningún caso le hicieron en dicha comida. Otro caso más de esta actitud de usar y tirar.

Yo entiendo que la gente quiera sentirse importante, pero estas modas de Twitter o Facebook no creo que sean el camino. De hecho, pienso que terminarán teniendo el mismo derrotero que los eventuales actores que incursionan con un apoyo desmedido y después son desechados. Cuando los medios se cansen de leer cuanta tonta opinión noten en Twitter, o cuando Facebook empiece a fastidiarlos, pues se olvidarán de ellos. Los desecharán. Así de simple.

3 comments:

Chochos said...

Yo creo que el poder de Twitter es otro. Puedo seguir a gente que habla de temas interesantes. Puedo seguir a mi músico o actriz favoritos y me siento más directamente conectado a ellos... hasta que me dé cuenta que ellos no tuitean sino algún chalán suyo a cargo de su PR.
Puedo seguir al autor o un contribuidor importante de un proyecto de software que uso, si escribe principalmente de ese tema y cosas relacionadas. Puedo seguir a alguna figura prominente de algo que me interese, p.ej. música, sin que sea un artistillo (tal vez un productor o alguien que trabaja en un estudio) siempre y cuando escriba cosas interesantes.
Twitter es la única forma en que puedo saber de varias de esas personas, y la forma más directa de enterarme de ciertas noticias en otros casos.
Pero en el momento en que alguno de ellos, sin importar quién sea, me llena el timeline con fotos de los tacos que se va a comer o diciendo trivialidades, para eso está el unfollow.

mfjimeneztar said...

Ésta reflexión ha sido pensada por varias figuras públicas también, y tiene varios años que la escucho.

Lo grave es que no se hace nada al respecto y a las nuevas generaciones ya no se les enseñó lo que eran comunicaciones, entretenimiento e incluso hasta educación, en algunos casos, de fondo.

Es como en el cuento de historia sin fin, la vacuidad ha venido poco a poco a apoderarse de nuestra forma de vivir e interrelacionarnos. Estemos atentos para que en nuestras familias no permee esa forma de pensar y eligamos mejor lo que vemos, oímos, leemos y cómo nos relacionamos.

Gracias Morsa por tan buen comentario

Jorge said...

Hola Manuel

Muy buen comentario. Desde hace tiempo me ha llamado la atención esto. En eso de que no necesariamente la "celebridad" escribe en su cuenta me es conocido.

Desde hace tiempo me llama la atención cuando leo las editoriales en los periódicos, me doy cuenta que ellos no los escriben.

Cuando leo las columnas de Loret de Mola por ejemplo, veo tanta incosistencia en lo que escribe que lo que habla por radio y Tv que termina uno haciéndose una pregunta:

¿A que horas escribe este tipo si desde muy temprano se le pasa ocupado en sus programas de radio y Tv?

Esto convencido de que muchas de sus editoriales se las escribe otra persona (Y deduzco que no estan muy bien pagados que digamos por la calidad lamentable de esos artículos).

Termino con lo de Raúl Velasco, tanto tiempo se la pasó fastidiando conque lo iban a "mandar a la bañera" que su deseo se le cumplió en sus ultimos años con el ostracismo que le tocó vivir.

Como siempre un saludo.

Jorge Alberto