Thursday, September 23, 2010

¿Por qué aplaudir?


El acto de aplaudir tiene su definición -parece ser- en la idea de abrazar a quien se le otorga el aplauso. Así, cuando aplaudimos -digamos al final de un concierto- estamos indicando a los ejecutantes, que nuestro acto es una manera simbólica de abrazarlos por tal desempeño en la interpretación de alguna obra musical. Es más, si además aplaudimos de pie, entonces estamos reconociendo más aún la labor de quien hace música. No sé dónde escuché esto, o quizás me lo dijo mi papá, pero "el mayor reconocimiento que se le puede hacer a un artista es aplaudirle de pie".

Sin embargo, este acto simbólico se ha desvirtuado en tiempos modernos. A los políticos se les aplaude cuando dan su informe sobre el estado que guarda la administración pública a su cargo. ¿Por qué? es muy extraño si lo pensamos, porque finalmente ¿qué tenemos que aplaudirle? ¿qué haga correctamente su trabajo?

Y esto viene a cuento porque últimamente los políticos mexicanos buscan a toda costa ser aplaudidos como antaño. El Presidente de la República iba antes al Congreso el primero de septiembre de cada año, día al que se le llamó coloquialmente "del presidente", y éste rendía un informe a la nación en donde siempre, la administración en turno había duplicado al menos todo lo que se había hecho en el sexenio anterior, cada años las cifras eran mejores, mayores, fantásticas. Y el presidente entonces era interrumpido por un Congreso sumiso, que aplaudía todo sin preguntarse nada, sin cotejar nada, sin siquiera poner en tela de juicio las cifras dadas.

Con el tiempo hubo voces inconformes y entonces muchas veces el presidente era interrumpido en su informe, pero no para aplaudirle, sino para confrontarlo. Las bancadas políticas a favor entonces gritaban a coro "México" para acallar a los inconformes. Vaya, que los días de los aplausos sin mesura se habían acabado. Y tan se acabaron que ahora el Presidente mexicano entrega su informe por escrito y a otra cosa.

Pero ¿saben? es muy feo que los políticos ya no sean aplaudidos. Son verdaderas instituciones públicas y por supuesto que sus desvelos deberían ser honrados... y aplaudidos. Así, el presidente del Senado, Navarrete, decidió hacer su informe y se gastó medio millón de pesos, que dice él que pagó de su bolsillo, para tener una especie de minidía de presidente. Pero quizás fue dinero gastado en balde, porque ni los medios le hicieron mucho caso.

No suficiente con eso, Marcelo Ebrard, Gobernador de la Ciudad de México, decidió que haría su informe como en las mejores épocas priístas. Obviamente él se dice de izquierda, del partido amarillo, el PRD, pero su informe tuvo todas las connotaciones priístas. Todo se hizo para que la mayoría, el PRD en el Gobierno del DF, le aplaudiera y le interrumpiera en su informe. Ante una bancada pobre del PRI y casi nula del PAN, Ebrard se debe haber sentido el gran político que merece este país, aunque finalmente su informe sólo sea para alimentar su ego exorbitado y lleno de avaricia para ser el candidato por el PRD en el 2012 a la silla presidencial. 

Y al final de su informe, habrá habido el "besamanos", ceremonia en el que todos los funcionarios públicos saludaban y le hacían los honores al que dio su informe. Uno de los actos más lamentablemente sumisos de la clase política mexicana.  Y Ebrard debe haber estado harto feliz, se debe sentir en los cuernos de la Luna.

Esto me recuerda al poema de Mario Bennedetti:

(Seré curioso)

En una exacta
foto del diario
señor ministro
del imposible

vi en pleno gozo
y en plena euforia
y en plena risa
su rostro simple

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

de su ventana
se ve la playa
pero se ignoran
los cantegriles

tienen sus hijos
ojos de mando
pero otros tienen
mirada triste

aquí en la calle
suceden cosas
que ni siquiera
pueden decirse

los estudiantes
y los obreros
ponen los puntos
sobre las íes

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

usté conoce
mejor que nadie
la ley amarga
de estos países

ustedes duros
con nuestra gente
por qué con otros
son tan serviles

cómo traicionan
el patrimonio
mientras el gringo
nos cobra el triple

cómo traicionan
usté y los otros
los adulones
y los seniles

por eso digo
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe

aquí en la calle
sus guardias matan
y los que mueren
son gente humilde

y los que quedan
llorando de rabia
seguro piensan
en el desquite

allá en la celda
sus hombres hacen
sufrir al hombre
y eso no sirve

después de todo
usté es el palo
mayor de un barco
que se va a pique

seré curioso
señor ministro
de qué se ríe
de qué se ríe.

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