Saturday, June 30, 2018

Para convertirse en un verdadero jugador de ajedrez



Todos los aficionados al ajedrez nos asombramos de las partidas de los grandes maestros. En ellas suelen fluir una variedad de ideas que los "mortales" simplemente no aparecen. Y esto quizás pueda ser explicado.

Por una parte, hay que entender que el ajedrez es como un lenguaje, y no es idea mía. Ya Bent Larsen decía que el ajedrez es un lenguaje marcado por la agresión, es decir, quien discute mejor gana. Y no le falta razón al desaparecido gran maestro danés. Pero si se quieren tener más bases al respecto, en un documental sobre Susan Polgar, (https://youtu.be/6PZgGXIaepQ, https://youtu.be/31R1AFEPETk y https://youtu.be/iWK69yfDwUs), de National Geographic, se le hizo un estudio de tomografía a la gran maestra y ex-campeona mundial, hallando que cuando ella veía posiciones de ajedrez, había respuesta en el área del cerebro donde se estima, se encuentra la capacidad del lenguaje. Así, es claro que los que jugamos ajedrez "queremos hablar ese lenguaje", y esto, como en cualquier lenguaje que queramos aprender, lleva tiempo.

Hagamos pues una analogía con los lenguajes humanos. Un niño aprende a hablar poco a poco y le lleva unos cuatro años quizás el empezar a decir frases completas, a expresar ideas, las cuales probablemente sean básicas en esa etapa: "tengo hambre", "quiero a mi mamá", "no me quiero bañar", "no me gusta esto", etcétera. Pero con el tiempo (años desde luego), ese niño empieza a expresar ideas más complejas. Sin embargo, resulta claro que la complejidad de las ideas empieza a desarrollarse con la expansión del vocabulario. Mientras más vocabulario posee una persona, más ideas puede expresar. Y esto hace que los grandes escritores sean capaces de describir situaciones, por ejemplo, de manera que sean tan vívidas que los lectores queden asombrados. Vamos, un gran escritor es algo así como un gran maestro pero en la literatura.

Y si seguimos con el símil del ajedrez, notaremos que nuestros primeros pasos en el juego consisten en entender las tácticas más burdas, lo que los maestros llaman "rutinario" pero que para el principiante le resulta asombroso como por ejemplo, el mate de Greco, que me parece mucha gente conoce como el mate de la coz (https://es.wikipedia.org/wiki/Mate_de_la_coz). Y en la sintaxis y semántica del lenguaje ajedrecístico, esta combinación es una frase muy hecha, muy conocida, que bien se equipara tal vez a una frase célebre en algún idioma humano. Ejemplos hay muchos.

El tiempo, el estudio, la práctica del juego, es equivalente a leer mucho, a ver cómo otros se expresan, cómo dan estos giros idiomáticos que en ajedrez son realmente las jugadas que se hacen. Y este es el punto, en la medida que trabajamos en nuestro ajedrez, intentando "hablar mejor", dejamos de ver jugadas para ver ideas. Y es aquí donde me quiero detener. El aficionado se convierte en ajedrecista en el momento que ya no ve jugadas, sino ideas. Y esto es un avance que podría considerarse del cielo a la tierra.

Pero veamos un ejemplo.


Esta posición se dio en la partida entre Donner vs Smyslov, del Capablanca in memoriam 1967, en la Habana, Cuba, después de las siguientes jugadas: 1. d4 Nf6 2. c4 g6 3. g3 Bg7 4. Bg2 d5 5. cxd5 Nxd5 6. e4 Nb6 7. Ne2 O-O 8. O-O e6 9. a4 a5 10. Na3 Qe7 11. Bf4 Rd8 12. Qc1 Na6 13. Nc4 Nxc4 14. Qxc4 e5 15. dxe5 Bxe5 16. Bxe5 Qxe5 17. Nc3. Juegan las negras... ¿Quién está mejor? ¿Cómo se debe proceder? El análisis va más o menos así: la estructura de los peones del flanco dama del blanco es muy débil y las casillas b3 y b4 son particularmente vulnerables. Esto promete a las negras un buen juego de piezas porque además, controla momentáneamente la columna d. Las blancas quisieran jugar f4 seguido de e5 o f5, dependiendo de las circunstancias, pero no parecen tener tiempo. Su primer tarea es luchar por la columna d.

El plan del negro debiese ser jugar Ae6 y en algún momento Ab3, de forma tal que la casilla d1 sea inaccesible a las blancas y el dominio de la columna sería entonces del negro. Con esto en mente, Smyslov continuó: 17. ... c6! quitándole la casilla b5 a la dama blanca. 18. Rfd1 Be6 19. Qe2 Bb3! 20. Rd2 Rd4 21. Rxd4 Qxd4 22. e5 Nc5 23. Ne4 Qxe5 y las blancas abandonaron 0-1.

Obsérvese el nivel de un jugador de la talla de Smyslov. Su valoración implicó no las jugadas en sí, sino el detectar las casillas débiles del blanco y del cómo podría explotarlas. De ahí que el plan de meter el alfil a b3 en algún momento -sabía Smyslov- le daría clara ventaja. Y por eso Smyslov fue uno de los grandes exponentes de nuestro juego: "Ya hablaba con maestría el lenguaje del ajedrez". Dicho en este símil, el gran maestro soviético podía construir una serie de frases notables en el entorno de la partida ajedrecística, en el entorno de la discusión que tenía con Donner en ese momento.

Por ello, y en este orden de ideas, si quiere progresar, "lea muchas posiciones de ajedrez" (vea táctica y resuelva problemas de juegan blancas/negras y ganan), "practique el idioma si quiere perfeccionarse" (juegue en torneos). Eventualmente empezará a notar que su nivel de discusión mejora. Se eleva el intercambio de argumentos. Se dejan los lugares comunes y entonces, créame, ya podrá decirse jugador de ajedrez.

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