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Sunday, December 04, 2011

La insoportable levedad del gel (*)


Hace unos días, en la Feria Internacional del Libro (FIL) llevada a cabo en Guadalajara, el galán candidato del PRI a la presidencia de México, Enrique Peña Nieto, estuvo en una conferencia en donde un periodista español le preguntó sobre los tres libros que habían tenido gran influencia sobre él. He aquí la reseña del periódico español "El País".

El candidato presidencial que no es capaz de citar tres libros que le han marcado

Peña Nieto, político del PRI favorito para las próximas elecciones mexicanas, protagoniza la anécdota del día en la Feria del Libro de Guadalajara

SALVADOR CAMARENA | Guadalajara 04/12/2011
      

¿Cuáles son los tres libros que han marcado la vida del candidato puntero de todas las encuestas en México, Enrique Peña Nieto? La respuesta tendrá que esperar a mejor ocasión, porque el aspirante priista a la presidencia no supo contestar de manera clara a esa pregunta que le hizo la prensa la mañana de este sábado en la Feria Internacional del Libro que se desarrolla en esta ciudad.

"Definitivamente la Biblia es uno de ellos", contestó Peña Nieto (nacido en 1966). "No la leí toda", agregó. Pero de ahí en adelante, el exgobernador del Estado de México pasó fatigas para recordar títulos o autores. Atribuyó a Enrique Krauze la autoría de La silla del Águila, de Carlos Fuentes, y dijo que sí ha revisado "ese de caudillos" de Krauze (Siglo de Caudillos, de Tusquets), para enseguida también mencionar que leyó uno que habla de las "mentiras" de ese libro del historiador. Enseguida habló de una trilogía de Jeffrey Archer y uno de Enrique Serna sobre el dictador del siglo XIX Antonio López de Santa Anna.

"Mira, realmente no podría señalar un libro que haya marcado mi vida", contestó. Actualmente, dijo, ha estado leyendo uno que se llama La inoportuna muerte del presidente, y le pidió a su staff que le recordara el nombre del autor, pues dijo que cuando se pone a leer se olvida de autores o títulos. En la primera fila, su asesor Luis Videgaray, un diputado de sólida formación, le hacía señas con los dedos sobre la boca, como quien simula una tijera, para que el precandidato cortara ya su respuesta sobre los libros.

Antes, Peña Nieto había tenido una sesión de más de una hora en un abarrotado auditorio donde 750 priistas que le arroparon escucharon que sus "obsesiones" serán acabar con la pobreza, generar un despegue de la economía y abatir la inseguridad. Afuera del recinto, otras mil personas siguieron por medio de pantallas las palabras del exgobernador. En el ambiente era palpable la emoción de sus simpatizantes ante el que muchos ven, a ocho meses de las elecciones, como el próximo presidente de México.

En ésta su edición 25, la Feria Internacional del Libro también ha sido escaparate para políticos que buscan la presidencia de México. Antes de Peña Nieto, en la semana estuvieron aquí los panistas Santiago Creel, a quien pocos vieron, y Josefina Vázquez Mota, que tuvo misma convocatoria que el político priista.

Pero no me crean. No le crean a El País. Véanlo por ustedes mismo: 


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(*) Por cierto, el título de este artículo se lo pirateé a Leonora Cohen.

Wednesday, March 16, 2011

¿Crecimiento sustentable?

Ahora que Japón tiene la problemática que tiene: un enorme sismo, un peor tsunami y una emergencia nuclear digna de ciencia ficción, no han faltado opiniones al respecto de que el fenómeno es una especie de venganza de la Tierra, de la Madre Naturaleza, por no haber sabido tratarla con el respeto que se merece. Pareciese -según las opiniones de estos personajes- entre ellos Anna Bolena Meléndez, una periodista y escritora, que escribe una sección de lunes a viernes en el Excélsior, que el hombre es la peor plaga que ha azotado al planeta y que nos hemos desvivido en la avaricia, en el egoísmo, en el sacar ventaja de todo, a costa de lo que sea, y por ende, ¿de qué nos sorprendemos? La Naturaleza se enoja con nostros y está así de darnos un manotazo y borrarnos del mapa si así lo desea. Y es que los humanos no nos medimos, dicen. Resulta que construimos enormes ciudades, explotamos todo lo que está a nuestro derredor, somos los peores depredadores y por ende, hasta chance y nos tenemos merecido que nos pase esto.


Pero he aquí su escrito, ustedes decidan:

Luz para Japón

Acabamos a nuestro paso, devastamos, destruimos, por compulsión, por ambición.

Anna Bolena Meléndez


Siento profundamente lo que está sucediendo en Japón. La hermana de un gran amigo se encuentra viviendo allá y ha estado inmersa en un infierno de evacuar los puntos peligrosos y cruzar los dedos porque no se libere toda esa radiactividad causada por las mugrosas armas asesinas que nosotros mismos hemos fabricado. Ahora hay miles y miles de personas inocentes con peligro de ser seriamente afectadas por esa acumulación de energía que hemos generado para pelearnos el territorio. Hoy ya casi ni territorio tenemos y no nos damos cuenta de que la naturaleza está reclamando su integridad, que está acabando con todo lo que nosotros construimos sobre su devastado suelo. Nos importó un bledo, talamos árboles, nos acabamos el agua, provocamos el calentamiento y, con eso, el total desequilibrio de nuestra madre y sus especies, ahora nos engañamos diciendo que conquistaremos la Luna y por qué no otro planeta en la vasta Vía Láctea, que también nos podamos acabar en unos cuantos miles de años.

Somos la peor plaga que ha creado la naturaleza, acabamos a nuestro paso, devastamos, destruimos, por compulsión, por ambición, por sed de violencia. Y ahora por fin, bañados en la sangre de nuestra Tierra, levantamos los brazos esperando que un milagro suceda. Veo a personas sufriendo, muriendo, heridas y con el terror clavado en sus huesos, veo niños que esperaban un mundo mejor y que les entregamos agonizante, veo a la pobre tierra defendiéndose de lo que por años hemos hecho y esa defensa cobra y seguirá cobrando vidas. Ninguno estamos exentos, desde los que viven a la orilla del mar hasta los que vivimos en el centro del cemento estamos vulnerables a su furia, al aplastante peso de nuestras propias creaciones, al odio que imprimimos a nuestro entorno.

Veo el mar entrar furioso a las poblaciones que hoy llamamos hermanas porque las vemos sufrir, pero que al fin y al cabo seguimos fomentando nuestras fronteras, nuestras diferencias que no entendemos que simplemente no existen, que nos las inventamos y que gracias a esas fronteras hoy el mundo se rompe en pedazos víctima de sus propias divisiones.

Cómo no dejamos de ver el árbol que tenemos enfrente y comprendemos que es hora de regresar unos cuantos pasos y retomar a la naturaleza. Se me ponen los pelos de punta cuando veo las escenas del mar entrar a Miyako, ver cómo las aguas deshacen los barcos como si fueran de cristal, ni hablar de la vulnerabilidad de los humanos, es entonces cuando mostramos respeto, cuando tenemos miedo. ¿Necesitamos encontrarnos con la cara frente a una de estas tragedias para comenzar a tomar conciencia? ¿No nos basta con mirar cómo la tierra se sacude del otro lado del que nosotros vivimos? ¿No pensamos que así como se sacude de una lado, se sacudirá por el otro?

Yo no quiero ser ave de mal agüero, pero la cantidad de desastres naturales que se registraron en 2010 es brutal, muchos de los que ni nos enteramos o muchas veces no ponemos atención, pero a cada momento suceden cosas, pequeñas, gigantes, que llaman o no nuestra atención. No podemos ser tan inocentes de pensar que el mundo se va a acabar en 2012 así nada más, un meteorito llega y nos acaba. ¡Dejemos de ver tanto cine de Hollywood y utilicemos la lógica! Todo lo que está sucediendo ahorita, los tsunamis, los terremotos, explosiones de volcanes, etcétera, son muestra de lo que digo. En cada uno de estos desastres naturales mueren miles de personas. ¿Acaso eso no parece como un trocito del fin? No creo que se acabe el mundo, pero los humanos somos tan egoístas que juramos que si la Tierra acaba con nosotros, entonces se acaba el mundo. ¡Mi vida! Creo que la Tierra va a recobrar el mando, creo que quedarán muchos menos que tendrán más conciencia después de ver lo que la naturaleza es capaz de hacer si se siente irrespetada. Creo que si tenemos suerte, la Tierra nos puede dar una segunda oportunidad para demostrar que podemos dejar de ser una plaga para convertirnos en parte de un ecosistema, que podemos vivir de formas alternas y con una conciencia más elevada hacia el respeto entre especies, que podemos olvidarnos de las fronteras y los colores para abrir los brazos a la diversidad.

Yo soy una humana aterrorizada porque estoy consciente de que, si en este momento a la naturaleza se le da la gana, nos borra del mapa. Me duele pensar en toda la gente que ha muerto, a todos los que quedan por morir, pero tengo la esperanza de que reflexionemos y entonces sí luchemos por un mundo mejor en todos los aspectos.

Hasta aquí el artículo, aparecido el 15 de marzo de este 2011.

La realidad es que opiniones como los de la periodista mencionada, que no es la única que piensa así desafortunadamente, están basadas en creencias equivocadas e ignorancia. Yo me pregunto de qué sirve tanta ciencia si alguien va a salir con la idiotez de que este fenómeno natural es una especie de venganza de la Tierra por el maltrato.

Primero hay que aclarar que los sismos, los tsunamis, son fenómenos naturales que se han dado a través de los siglos e incluso, mucho antes de que el hombre hiciese su presencia en la faz de la Tierra. Las placas tectónicas son las que provocan los sismos y son las que modelan los continentes. Así, cuando estas placas se mueven, porque siempres se están moviendo, al unirse una con la otra provoca estos estremecimientos de Tierra. Probablemente ahora su potencia sea mucho menor que hace cientos o miles de años, pues la Tierra ya tiene cierto tiempo de haberse formado. Los terremotos actuales palidecen en fuerza contra los que probablemente ocurrieron hace muchos pero muchos siglos, cuando la Tierra era mucho más joven.

Asi pues, es más simple pensar así, que el creer que estamos ante un castigo divino por portarnos mal. Quien hace este tipo de absurdas hipótesis cree que los únicos buenos son ellos, pero no se dan cuenta de que hay miles de ejemplos para demostrar lo contrario. Me explico: en primera instancia, el hecho de construir una casa, departamento, vivienda, depreda el entorno alrededor del mismo. Poner cemento, varillas, ladrillos, acaba con la fauna y flora que pueda existir en el terreno donde se construye. Pero de esto no se acuerdan los que hablan de estas venganzas cuasi divinas contra la perversidad del depredador humano. Pero por si fuera esto poco, quienes vivimos en una ciudad, usamos servicios como agua, gas, gasolina, luz, etc. Algunos que tenemos la suerte de tener automóvil, lo sacamos para desplazarnos, consumiendo gasolina que se quemará para convertirla en movimiento, además con el agravante de que es un recurso no renovable, es decir, la gasolina, el petróleo, se acabará en algún momento.

Todos estos personajes que creen que la naturaleza del hombre es malvada, exceptuándolos a ellos, claro, se les olvida que simplemente por existir depredan su medio ambiente. Y nos hablan del peligro de las centrales nucleares (hasta que ocurren las dificultades como las que ahora tiene Japón, sino ni se acuerdan de ellas), pero jamás dicen nada de esto cuando encienden la luz de sus recámaras, o prenden sus computadoras, o cargan sus iPads y teléfonos celulares. Para ellos, en su sublime ignorancia, jamás se percatan del uso de los recursos y como los pagan, sienten que si quieren, pueden desperdiciarlos.

El punto es que en mi opinión, la naturaleza humana está condenada eventualmente, pero no como castigo divino, sino porque no existe algo real que pueda llamarse crecimiento sustentable. Por ejemplo, para poder generar electricidad para los millones de habitantes que hay en Japón, los nipones decidieron -con los riesgos que pueda conllevar- hacerse de centrales nucleares. Vieron esa posibilidad porque sino ¿de dónde iban a sacar tanta energía para su país? El punto es pues que para ello tienen reactores nucleares que generan vapor para las turbinas que generan la electricidad. Pero eso o se desconoce o se olvida. Los que se sienten no depredadores ignoran probablemente que todo proceso lleva aparejados pros y contras. Y créanme, no se construyen centrales nucleares para que un grupo de avariciosos se haga de millones de dólares a riesgo de los posibles percances nucleares (que además, como ya he dicho antes, están sopesados y que a la fecha nunca han sido tan graves como los pesimistas hubiesen deseado que pasaran). Se hacen porque los grupos humanos necesitan ciertos satisfactores y se hará lo indecible con tal de conseguirlos.

Pasa lo mismo cuando nace algún ser humano. En principio, necesita de alimentos, higiene y protección. Para que estos factores estén presentes se necesita usar mucha energía, y mucha de ella es no renovable. Pero estos amigos que creen que el hombre es un ente perverso, se le olvidan estos detalles que hacen posible que los niños que tienen todos estos recursos, tengan más probabilidad de llegar sanos y con bien a la edad adulta.

Asi pues, la sustentabilidad, el crecimiento sustentable es imposible porque -eventualmente- al consumir los recursos no renovables, hallaremos que es imposible mantenernos en esto de la sustentabilidad. Tendremos la obligación de ver qué hacemos cuando uno de los recursos claves del planeta desaparezca y cómo lo vamos a sustituir. Por ello, pretender ya no sólo crecer, sino mantenerse en un punto donde no perdamos sustentabilidad es un mito. Es imposible, para decirlo en una palabra.

En conclusión, pienso que la raza humana está condenada, a largo o a muy largo plazo, pero que acabará por sucumbir como pasó en su momento con los dinosaurios, porque simplemente las condiciones del planeta se harán imposibles para la vida de los seres humanos. ¿Cuándo pasará? No lo sé, y pienso que estamos lejos de ello, pero de que estamos en una trampa sin salida, en un dilema sin solución satisfactoria, me queda clarísmo. Llegará el momento en que no habrá suficientes satisfactores y además, llegará el momento en que no haya satisfactores, no importa lo que haga el ser humano para encontrarlos. Pero esto no será por un castigo divino, por ser malosos, por portarnos mal con nuestra madre, la Tierra, sino porque es un camino natural que seguramente tendremos que pasar como raza humana.