Friday, May 28, 2010

La pasión sigue intacta

Alguna vez, al excampeón mundial de ajedrez, Emanuel Lasker, le preguntaron qué opinión le merecía cierto jugador. Su respuesta fue ésta: “no llegará lejos, porque no tiene esa pasión que enciende la sangre”. Y probablemente el viejo Maestro tenía razón. Por algún motivo el ajedrez –cuando atrapa– lo hace para toda la vida.

Cuenta por ejemplo Mijaíl Tal, que la primera vez que se tiene contacto con el ajedrez es parecido a la innoculación de un virus. Uno aprende las reglas básicas, juega una tarde y de regreso a casa no sabe que ya el virus está haciendo efecto y que la “enfermedad” es de por vida.

Esto viene a cuento porque a través de Facebook re-encontré a un exjuvenil de Argentina, Sergio Negri, Maestro FIDE y ahora un mejor amigo al que conocí hace ya muchos años en mi primer viaje a Buenos Aires. Negri ya jugaba mejor que yo en esas épocas. Luchaba dentro del fuerte circuito argentino de ajedrez y prometía quizás una estupenda carrera ajedrecística. Sin embargo, cuando uno es joven y sin ninguna obligación -más que quizás- la escuela, las cosas parecen fáciles. No obstante hay obligaciones, como el estudiar una carrera universitaria y dedicarse a algo “serio”. Sí, sí, el ajedrez es divertido, sensacional, pero no deja de ser un mero hobby, una afición ¿no? Sergio me escribía sobre el particular y me decía: “juego con poca frecuencia, pero la pasión sigue intacta”.

Es claro que este es un problema de percepción, que se basa en cómo el ajedrez es visto en general en el planeta. Sí, hay jugadores profesionales pero ¿qué clase de vida tienen? Bobby Fischer fue el primer profesional del ajedrez, que luchó incansablemente por dar un lugar de honor al juego ciencia. El norteamericano fue el primero en pedir dinero sólo por participar, algo así como una retribución, un sueldo pues, para mostrar su arte.

Sin embargo, para pedir dinero por jugar se necesita ser uno de los mejores del mundo. Fischer abrió esa brecha y entonces, Karpov y Kasparov fueron quienes obtuvieron los beneficios. Por ejemplo, Kasparov podía cobrar unos 20,000 dólares por una sesión de partidas simultáneas. Cabe recordar que Spassky y Petrosian lucharon por un campeonato del mundo que contenía una bolsa de unos 5000 dólares. A todo esto, Fischer logró, 20 años después de ganar el campeonato del mundo, que se realizara otro campeonato mundial con Spassky por un premio de 5 millones de dólares, que puso un banquero yugoslavo. ¿quién hubiera imaginado ese tipo de bolsas por practicar el ajedrez?

Por ello mismo, como decía el excampeón mundial Mijaíl Botvinnik: “No hay diferencia real entre tocar el violín extraordinariamente bien y ser ajedrecista de alto nivel. Y aquí en Rusia tenemos muchos violinistas profesionales”. Al gran maestro Lev Polugaevsky un director de orquesta le preguntó alguna vez: “dígame gran maestro, ¿tiene usted alguna profesión?”. Polugaevsky contestó: “¿la tiene usted?”. El músico se dio cuenta de su poco tacto y se disculpó.

Así como la música genera esa pasión interminable, que dura toda la vida, el ajedrez o incluso las matemáticas, actúan de manera similar entre los seres humanos. Generan una curiosa obsesión que incluso maneja los actos de los involucrados siempre a favor del arte que practican. Yo sé del trabajo que ponen los músicos en su instrumento. Mi padre estudiaba unas seis horas diarias, a pesar de que llevaba ya unos diez o más años retirado del concertismo. Y en el caso de mi padre, incluso el último día de su vida, cuando parecía que mejoraba de una enfermedad que le aquejó en los dos últimos meses de su existencia, tomó su guitarra y estudió una hora, de manera ligera, pero de nuevo, le hizo los honores al instrumento al que dedicó su vida. De nuevo, era esa pasión que enciende la sangre y que además, seguía intacta.

7 comments:

Jesús said...

Esto me recuerda una frase que se le atribuye a Confucio que dice más o menos: "Escoge un trabajo que te guste, y nunca tendrás que trabajar ni un sólo día de tu vida." Transladándolo al tema de tu post, podríamos decir que quien descubra su pasión no tendrá que trabajar. Creo que es un poquito utópico pero me parece que tu padre lo consiguió

mfjimeneztar said...

No tengo mayor comentario que el de "qué bonito artículo".

Me gustó mucho.

Saludos

Francisco said...

Siguiendo con la analogía del virus, también hay muchas personas que presentan "inmunidad". Aprenden las reglas, juegan una tarde y nunca más lo hacen, si acaso ocasionalmente.

Mi hijo fue así, por ejemplo. Le enseñé las reglas del juego y no mostró, ni ha mostrado el más mínimo interés. Y recuerdo que mi papá nos enseñó las reglas del juego al mismo tiempo a un primo mío y a mí. Jugamos esa tarde y algunas más y otra vez siguiendo la analogía del virus, yo quedé "infectado", continué hasta jugar en torneos, sigo los eventos internacionales, etc... pero mi primo nunca más volvió a jugar en su vida y ahora ya ni se acuerda bien de las reglas.

Así es que, cuáles serán las características que hacen a una persona susceptible a contraer la "enfermedad"? Me imagino que también tiene que ver el momento y la manera del contagio...

Morsa said...

mfjimeneztar,

Muchas gracias.

saludos
Manuel

Morsa said...

Francisco,

Segun el Maestro Internacional Raúl Ocampo, "el ajedrez se abuelea", es decir, se transmite (con éxito), de abuelos a nietos.

Desde luego esto no necesariamente es cierto, el MF Armando Acevedo le enseñó a sus hijos a jugar al ajedrez y solamente su hija Hilda, le tomó pasión. ella llegó a un buen nivel aunque en algún momento se hartó del juego ciencia.

Tal vez no hay regla específica para que el ajedrez "pegue" en quien le aprende.

saludos
Manuel

luis said...

Que tal Manuel, saludos, quiero hacer menciòn a algo que va unido a la pasiòn por algùn juego, esto es el goce estètico, asì sòlo aquel que se apasiona por el ajedrez puede disfrutar inmensamente una ingeniosa combinaciòn o la fèrrea lògica en las maniobras de las piezas en un final. porque ya lo dijo alguien el ajedrez como la mùsica fue hecho para hacer felices a los hombres.
luis

Marcelo Jorquera said...

Hola Manuel:

Bonito artículo, aunque no es cierto que no se puede vivir del ajedrez. Muchas personas lo hacen realizando labores asociadas a la disciplina, que no consisten precisamente en jugar torneos como profesionales (en latinoamérica sería ridículo, creo intentar hacer eso por el monto de los premios).

Hay árbitros, docentes, entrenadores, organizadores y periodistas que se ganan la vida dignamente dedicados al ajedrez. Incluso gente que tiene su carrera universitaria y se inclinó por el deporte ciencia, ya que "el bichito" fue más fuerte.

Saludos,

MJC