Thursday, April 02, 2015

El cotidiano abuso del poder


Leo que el Subsecretario de Desarrollo Social, Ernesto Javier Nemet, utilizó un reloj marca Hublot modelo King Power en su visita a la ciudad de Nueva York, Estados Unidos el pasado 22 y 23 de enero. El funcionario federal utilizó el reloj valuado en unos tres millones 330 mil 514 pesos (unos 220 mil dólares), durante una reunión con líderes de la comunidad mexicana. El político mexiquense, cuya principal tarea es el combate a la pobreza según lo indica el semanario, visitó Nueva York con propósito de exponer las nuevas reglas del Programa 3×1 para Migrantes.

Veo que David Korenfeld,  que desde diciembre de 2012 es el titular de la Comisión Nacional del Agua, utilizó un helicóptero de la dependencia para transportar a su familia al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México para viajar a Colorado, de vacaciones, aunque diga la dependencia que fue una emergencia médica. Korenfeld declaró en twitter que su acto es inexcusable y djo que pagaría el costo del traslado a la Tesorería. Sin embargo, de acuerdo con  el artículo 223 del Código Penal Federal, el uso de bienes públicos por funcionarios está definido como peculado y es un delito. El cubrir el costo no compensa el delito ni el hecho que sea por cuestiones médicas es un atenuante. Dicho en pocas palabras: cometíó un ilícito, un delito.


El asunto es una cuestión de impunidad cotidiana, del abuso de poder que es parte de nuestra manera de vivir. Los funcionarios de este gobierno se sienten poderosos a grado tal, que deciden que venga el helicóptero de CONAGUA para transportarlos al aeropuerto. Porque miren, si hubiese sido una emergencia médica, el Hospital Angeles está a cinco minutos de donde vive este señor.

Ya el exprocurador de la Profeco fue despedido porque su hijita montó un show cuando en un restaurante no le dieron una mesa (http://la-morsa.blogspot.mx/2013/05/sobre-la-lady-profeco.html). Ya abundé ahí sobre la impunidad que hay en este país para la clase política.

El punto es que en este país el que tiene acceso a los dineros públicos puede hacer lo ue se le antoje. Un político como Nemer, por ejemplo, me recuerda al personaje de Susanita, de Mafalda, en donde la primera le decía a la segunda: "¿Y si organizamos un gran banquete para recolectar fondos para comprarles arroz a los pobres?". Bueno, pues ese chiste se aplica a los funcionarios y políticos de este país y el peor problema es que ya aquí no resulta gracioso.

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