Sunday, July 29, 2012

Una serie de eventos desafortunados


El viernes pasado fui con Pilar a la presentación de su obra de teatro infantil, en una casa de la cultura de la delegación Miguel Hidalgo, que queda por el Metro San Joaquín. Eso fue a eso de las 3:30 pm. Al término de la función (6 30 aproximadamente) procedimos a guardar vestuario, un baúl multicolor, la guitarra eléctrica, etcétera, todos los implementos para dicha función. Nos estábamos despidiendo de los otros actores cuando uno de ellos, por error desde luego, se apoyó contra la puerta del coche de Pilar y la cierra. Aquí empieza la funesta secuencia de eventos desafortunados. Las llaves del auto pegadas. El duplicado en la mochila de Pilar, dentro del auto y evidentemente, el seguro de la puerta puesto. Después de ver qué hacíamos, consideramos lo más prudente ir por un duplicado a la casa. Tomamos un taxi pero viene entonces llegó el segundo evento desafortunado: no puede entrar al Estado de México. Nos deja a pasos del toreo pero gracias a Pilar, que conoce muy bien el rumbo, hallamos un taxi del Estado de México. Llegamos a la casa y Pilar fue por las llaves. Yo esperé en el taxi mientras ella iba a buscarlas. Entonces nos dirigimos al teatro. Pilar le indicaba al taxista: "ahora vuelta a la izquierda en la próxima", "dé vuelta aquí a la derecha". Faltarían unos doscientos metros para llegar al centro cultural mencionado cuando el taxista dice: "no puedo dar vuelta aquí a la derecha, es sentido contrario"... Éste fue el inicio del siguiente evento desafortunado. El taxista siguió tres cuadras y pudo dar vuelta a la derecha y de nuevo a la derecha para llegar al centro cultural. Eso nos quitó cinco minutos, críticos para que se desarrollara el siguiente evento desafortunado. Llegamos entonces, nos bajamos. Pago el servicio y sin aviso previo se suelta una tormenta instantes después de cerrar la puerta del auto. Pero cayó un chubasco. Nos refugiamos bajo un árbol pero parecía peligroso e insuficiente. Le dije a Pilar que fuésemos bajo un techo de una casa. Corrimos ya empapados a dicha "guarida"  pero el siguiente evento desafortunado ya había llegado: el granizo estaba a todo lo que daba y nos golpeaba, literalmente en todas las partes del cuerpo. Nunca imaginé que doliese la caída del granizo. Estuvimos con frío, empapados y sin poder hacer nada, unos 20 minutos, hasta que bajó un poco la lluvia, dejando el piso totalmente blanco de tanto granizo.

De ahí corrimos -hechos sopas humanas- hasta el centro cultural y ya quedamos protegidos. Estábamos a un paso del auto, que estaba a unos 50 metros, en el patio de dicho centro cultural (que se llama Centro Deportivo Jose Ma Morelos y Pavón). Pero un nuevo acontecimiento desafortunado nos esperaba: no podíamos ir al coche porque había unos encharcamientos de unos 30 cms de profundidad.

Finalmente, después de sopesar posibilidades, hallamos un borde por el cual pudimos sortear los encharcamientos y finalmente llegamos al coche. Ahí ya dentro del mismo nos pusimos nuestras respectivas chamarras y salimos (previa espera de que alguien nos abriera el portón de salida del centro), llegando a casa en total a eso de las 8 30 pm.

Al menos no nos enfermamos, pero la experiencia me parece que ligo estos sucesos uno tras otro sin piedad sobre nosotros. Corrimos toda una aventura que duró unas dos horas.


4 comments:

Luis Guerrero said...

¡Qué tragedia!

...Y confiesas que has vivido.

Unknown said...

Y el tipo que les cerró la puerta del coche se disculpo al menos?

Morsa said...

Pues sí, la verdad que se sentía mal por todo este asunto. Fue un accidente, pero las consecuencias nunca las esperamos.

saludos
Manuel

Sergio said...

Parece episodio de los Simpson, no manches...