Monday, November 12, 2012

El otro yo del Dr. Merengue, o sobre el anonimato en Internet


La red de redes tiene muchos pros pero también sus contras. Por ejemplo, la invención de las redes sociales, tan en boga en estos tiempos polariza opiniones. Se vio muy claro en las elecciones pasadas, en donde las tendencias de los internautas favorecían a Andrés Manuel López Obrador, denostando -y con razón, por sus comportamientos por demás idiotas- a Enrique Peña Nieto, quien -todo parece indicar- se hizo de la presidencia de la República gracias al apoyo de los medios como Televisa, amén de compra de votos y una serie de artimañas por demás sucias y lamentables. Pero "haiga como haiga sido", como diría el saliente presidente, Calderón, lo que es claro es que los internautas juzgan y polarizan cualquier situación. Si alguien está en contra de esto, entonces "le echan montón" para acallarlo.

La mayoría de los internautas usa un alias, un apodo, un nickname, con el que se identifica en la red. Yo uso el de morsa. Entonces, cuando yo emito una opinión en Facebook o Twitter, por ejemplo, es firmada por @morsa, y no con mi nombre real. La realidad es que yo no tengo empacho en poner mi nombre real completo si es necesario, porque a mí el anonimato me parece lamentable, sobre todo cuando se trata de criticar, ya sea que haya sustento o no.

En una discusión, por ejemplo, en Twitter, un personaje del cual ni siquiera vale la pena mencionar, pues usa un nickname y no se identifica cobardemente, me retó a que le mencionara un solo artículo que hubiese escrito para un sitio de tecnología, que no fuese una simple traducción y que entonces hablaríamos. Le mencioné decenas. Pero entonces no hablamos. Sino que empezó a decir que le tenía sin cuidado lo que escribiera y me insultó. El grosero éste lo hizo porque se escuda cobardemente en el anonimato. Porque yo puedo entender que en una discusión a nadie le guste que lo callen con información, pero de ahí a insultar pues comprendo que no lo haría en una polémica en vivo, frente a frente. En este último escenario se guardan las distancias y se respeta al interlocutor. En la red, en el cobarde anonimato, este personaje grosero es capaz de decirme lo peor, pues los argumentos para defender su causa se acabaron. Cuando empiezan los insultos se acabaron los argumentos, desde luego.

Lo mismo pasa en el Internet Chess Club. Hay muchos jugadores que usan un nickname. De nuevo, el mío es morsa. Pues bien, en mis primeros meses en ese club jugué contra un argentino al que le gané y entonces me insultó. Lo bloqueé y ya. No tengo por qué soportar a estos cobardes en la red. En un enfrentamiento de ajedrez en vivo, frente al tablero, nadie actúa así. Si se le gana a alguien, normalmente el otro se rinde e incluso, analiza la partida con el ganador. Si está muy molesto por su derrota, se levanta de la mesa y se va. No hay insultos ni lejanamente. ¿Por qué habría de ser diferente en Internet?

Otro caso ocurrió aquí en el blog. En un artículo que hice sobre Carmen Aristegui, en el cual la criticaba, salió una serie de lectores de mi blog que contestaron indignados ante mi crítica. Defendí mis puntos de vista pero los personajes iban en aumento y en una escalada de opiniones en mi contra, para "echarme montón". Yo seguí defendiendo mis ideas y de pronto algo pasó: las opiniones de estos personajes empezaron a mezclarse, lo que decía A ahora lo decía B como si A jamás lo hubiese mencionado. Así con los personajes C, D y E. Hallé que era una persona que había creado estos lectores virtuales para atacar mis ideas. Me recordaba los problemas mentales y las confusiones del personaje escritor de radionovelas en el libro de Vargas Llosa, "La Tía Julia y el Escribidor". A la postre descubrí que fue el Dr. Capó, el creador de la ANPA, una asociación que busca defender los intereses de los niños que juegan al ajedrez. El Dr. Capó y yo hemos tenido interminables discusiones al respecto de este tema, pero en el caso que apunto, Capó quería ganar la discusión y lo único que logró fue que lo descubriera y se viera él mismo desnudo ante su mal proceder.


Esto es como "El Otro Yo del Dr. Merengue", el cual -de acuerdo a la Wikipedia- es un personaje creado por el dibujante, humorista y editor argentino Guillermo "Willy" Divito, quizás el más popular de este creador, junto a sus famosas Chicas. Apareció en la revista El Hogar y luego en el diario Clarín, desde su primer número, en 1945. Naturalmente, Divito lo llevó a su propia revista, Rico Tipo, en cuanto vio el éxito de la misma. Llegó a tener su propia revista, El Doctor Merengue, como suplemento de Rico Tipo. "Una especie de Mr. Hyde criollo", según lo definió Pablo de Santis en su libro Rico Tipo y las Chicas de Divito. Un señor serio y encumbrado al que las normas sociales le imponen callar muchas de las cosas que quiere expresar. Entonces su otro yo aparece, como un fantasma, y nos muestra lo que realmente piensa o siente.


La realidad es que así como Internet es una bendición de información antes imposible simplemente de consultar, también demuestra una serie de fenómenos que muestran la naturaleza humana tal y como es: en el anonimato somos capaces de las peores vilezas. Nada de qué enorgullecernos como seres humanos.


3 comments:

D.I. Felipe González said...

Manuel, locurioso en tu caso es que llevas tantos años siendo "La Morsa" que definitivamente ya no te podrías escudar en el anonimato con es pseudónimo.
Interesante.

Sergio Garcia said...

¡¡Esta es la versión televisiva!!

http://www.youtube.com/watch?v=ZYDFUwqr6YY

Gabriel Capó Vidal said...

Aquí mi respuesta al escrito de Manuel

http://fotosanpa.blogspot.mx/2012/11/chismelone.html