Tuesday, November 06, 2012

Más sobre el Concurso Internacional de Divulgación de la Ciencia

El estimable Bernardo Ruíz me indicó que en la Gaceta del Fondo de Cultura Económica había una nota sobre el concurso en donde mi obra apareció mencionada como publicable, por parte del jurado (ver aquí). En dicha gaceta encuentro lo siguiente:

"Al finalizar el mes pasado se dio a conocer qué obra mereció el Premio Internacional de Divulgación de la Ciencia Ruy Pérez Tamayo, convocado por primera vez y dotado de 250 mil pesos como adelanto de regalías, más la publicación en la ya populosa colección La Ciencia para Todos. Sin duda, un objetivo al convocar a este concurso fue fertilizar el almácigo de originales a partir del cual se configura nuestro programa editorial, pero hay fines más sutiles en una iniciativa como ésta. Uno de ellos es estimular a que escritores de diversa formación -lo mismo científicos en activo que divulgadores de la ciencia, e incluso mancuernas de investigadores y redactores profesionales, para así crear una simbiosos entre calidad de contenido y calidad de expresión- dediquen su tiempo a producir textos que difícilmente surgirían de la espontaneidad de sus creadores. A diferencia de gran número de certámenes literarios, las obras sometidas a éste debían prepararse ex profeso, por lo que quedamos más que satisfechos al alcanzar la cifra de 75 participantes, provenientes en su mayoría de México, si bien una décima parte provino de Argentina, España, Colombia y Venezuela.

La ciencia requiere de definiciones precisas y casi siempre operativas; la noción de divulgación científica, en cambio, está rodeada de cierta ambigüedad, que en su mejor faceta admite obras con gran contenido literario pero que en el peor tolera textos tenuemente barnizados por el conocimiento científico. Hubo entre los concursantes ejemplos de uno y otro extremos -y aún obras que rebasaron por mucho las fornteras más laxas de la divulgación- aunque el grueso se ciñó al molde de explicar algunos aspectos de una disciplina científica con pocos tecnicismos y la mayor claridad posible. Tras dos cribas, una principalmente de forma y otra de fondo, siete trabajos llegaron a la etapa final, en la que cinco acuciosos lectores -en orden alfabético de sus apellidos: Marcelino Cereijido, Javier Crúz Mena, Jorge Flores Valdés, Francisco Rebolledo Y José Sarukhán Kermez- resolvieron premiar el libro intitulado Tiburones. Supervivientes en el tiempo, escrito por un estudiante de posgrado y enamorado confeso del mundo de los escualos: Mario Jaime Rivera, y sugerir la publicación de dos piezas más: El Higgs, el Universo líquido y el Gran Colisionador de Hadrones, presentada bajo el seudónimo Ades Campos F.T., y ¿Pueden pensar las computadoras?, presentada bajo el seudónimo La Morsa. (Aprovechamos para invitar desde aquí a los autores de esas obras a que nos contacten, en caso que les interese ver convertidos su original en algunos miles de ejemplares impresos)
".

Así pues, de 75 obras, ser una de las dos merecedoras de mención por parte del jurado es un privilegio.

1 comment:

Eddie said...

¡Muchísimas felicidades!