Friday, November 30, 2012

Una cuestión de percepción


Calderón finalmente deja la presidencia. En las últimas semanas el casi expresidente ha inaugurado todo género de obras: parques, puentes, tramos carreteros, etcétera. Igual que otros mandatarios (Ebrard en el DF ha hecho algo similar), parece que el presidente de México empieza a sentir el síndrome que lo acompañará el resto de su vida: el apagón de los reflectores, al que ahora nadie le importa sus puntos de vista u opiniones. Porque durante seis años es casi un dios en este país, para que al salir, se convierta en un mortal más en donde no sólo será ignorado, sino denostado por cuanta gente y medios existan. Es una especie de regla en presidencia: entran como dioses, salen como guiñapos humanos.

La percepción de muchos, quizás además, influenciada por todo lo que ahora se dice del presidente saliente, es que el sexenio del Calderón fue el peor de todos los que este país ha padecido. Igual se habrá dicho del sexenio de Salinas, o de Fox, o el de De la Madrid, José López Portillo, o Luis Echeverría. Vamos, que nadie se salva. Y la razón de esto es que gobernar un país en donde hay una enorme miseria, en donde la clase política ha tomado a México en sus manos y lo ha ordeñado una y otra vez, pues no hace las cosas fáciles para nadie. Todos sabemos de los grandes desfalcos a este país, y los defraudadores siguen tan contentos y tan libres. Es como un mal recurrente y por ende, nadie hace nada. La corrupción está instalada desde hace muchísimos años y la vida sigue. "El que no transa no avanza", dice el dicho popular y aquí, en ese sentido, los gobiernos se sirven con la cuchara grande.

Calderón, en su propia percepción, ha hecho una gran labor. "Ha enfrentado enormes retos y ha tomado decisiones difíciles", como le gusta decir al próximo expresidente. Y como para que nadie lo olvide, ha estado muy activo en este último par de meses, buscando a como dé lugar mostrar que es maravilloso y que se va porque no le queda otra, pero que si fuese por él "seguiría sirviendo al país". En su patética percepción cree que alguien lo va a extrañar. Piensa que todos esos "sí"  que sus incondicionales le dijeron continuarán, que sus opiniones seguirán sin ponerse en tela de juicio y que sus criterios, tan maravillosos y certeros, se mantendrán en los medios, entre las ideas de todos nosotros.

Ya Felipe Calderón ha dado una larga entrevista a Televisa, la última, en donde recorre con el cretino de López Dóriga los jardines de los Pinos, de la residencia oficial. No la vi toda porque es casi asqueante. Calderón -en su percepción- repito, cree que es casi un héroe nacional. Tuvo un sexenio difícil, pero él sacó adelante a este país. Habría que aplaudirle sus esfuerzos, parece decirnos mientras camina parsimoniosamente por los jardines de la casa presidencial. Y el vendido periodista -para no variar- le da por su lado.

Por si esto último fuera poco, Calderón iba a dar en cadena nacional un mensaje de despedida a todos los mexicanos. ¡Cuánto se afana Felipillo! ¡Vaya ganas de quedarse! Me imagino que piensa que al salir de los Pinos habrá un recorrido por las calles más importantes de la ciudad e imaginará que la gente se arremolina en las banquetas llorando e implorándole que no se vaya. Pero nada de eso ocurrirá.

La realidad es que ya fastidia tanta despedida. Ya que se vaya. Ya estuvo suave. Viene el nuevo, que no promete ser mejor en ningún sentido. Y no culpo a Calderón por su lamentable percepción. En seis años lo que dijo fue la verdad absoluta, que se acataba sin que hubiese el mínimo argumento en su contra. Desde luego, en este tenor, las noticias, las opiniones en contra que se publicaban en los medios eran ignoradas totalmente. Como acertadamente dijo Salinas, otro ser nefasto para este país: "ni los veo ni los oigo".

Pero Calderón se va en unas horas y empezará a sentir ese síndrome de abstinencia del elogio fácil, sin mesura. Al contrario, tendrá que pasar por el juicio de la historia, el cual -estoy seguro- no será nada benevolente con él. Y se lo tendrá bien ganado.

3 comments:

Manuel "el ruso" García said...

Quihubas:

Totalmente de acuerdo, tocayo.

Un saludo y, por si no escribo de nuevo antes, feliz año.

Armando de la Torre said...

Difiero en este párrafo :

"... es que el sexenio del Calderón fue el peor de todos los que este país ha padecido. Igual se habrá dicho del sexenio de Salinas, o de Fox, o el de De la Madrid, José López Portillo, o Luis Echeverría."

Posiblemente solo Salinas haya superado a Calderón con la crisis del 94.
Dicho sea de paso Calderón dejó al crimen organizado en su apogeo; ya lo he mencionado antes : si quería combatir al crimen organizado había mejores estrategias.

Fox al menos dejó un pais estable y era un cómico inigualable.

Morsa said...

Armando,

En el párrafo que difieres dije que para muchos, no estoy dando mi opinión personal sobre lo que pienso de este sexenio.

Pero independientemente de esto, tu argumento de que Fox era un cómico inigualable lo comparto, aunque lo que lamento es que este cómico haya estado en un nicho equivocado: la presidencia.