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Friday, July 25, 2014
El inevitable pirateo
Hoy en día pareciese que el problema del pirateo de música es tan común que ya nadie dice nada. Si nos subimos al Metro, por ejemplo, nos hará encontrar casi por definición a algún “vagonero” que vende todos los “exitos de José José” (o Luis Miguel), por la irrisoria cantidad de diez pesos. Si uno decide comprar el disco en cuestión, el vendedor incluso lo garantizará. Y yo entiendo que la industria del disco debe estar haciendo berrinches incontables por esto, pero evidentemente no hay nada que hacer. Controlar que la gente no se copie la música parece ser tan complicado como evitar que se copien películas en DVD o incluso Blu-ray.
Pero aparte de esto, otro componente de la piratería es el que se refiere a los libros. Con la llegada de los formatos electrónicos, ePub y PDF, por ejemplo, muchas obras ya han sido pasadas a este tipo de archivos electrónicos. Ahora mandar un libro por correo electrónico o usando los servicios de mensajería que ofrecen sistemas como HighTail, por ejemplo, resulta algo fácil de hacer.
El inicio del pirateo de libros se basa en la capacidad de las cámaras digitales para fotografiar página por página, o bien, a los “scanners”, que son como fotocopiadoras personales. Pero para ello había que hacer dos cosas: una era tener una buena cámara digital o un dispositivo que escaneara los libros hoja por hoja. Esta última labor resultaba bastante fastidiosa, pero si se quería escanear un libro completo, se podía hacer. De hecho, con esta tecnología “casera”, surgieron programas que permitían poner todas las fotos automáticamente en un archivo PDF y listo, teníamos un nuevo libro digitalizado.
Es fácil y económico hacerse de un dispositivo para escanear libros. La mejor opción es sin duda el usar una buena cámara digital. Sin embargo, tenemos el caso de Amazon, que con su Kindle, vende versiones electrónicas de muchos libros y estas parecen estar a buen resguardo de los piratas, porque aparentemente, no se pueden copiar a otros dispositivos. Corrijo: bueno, sí se pueden copiar a otros dispositivos, pero sólo funcionarán con el Kindle (o la versión de software para PC), del que los haya comprado. Si se dañan o si el disco duro que los contiene se echa a perder, Amazon los tiene en su nube y de nuevo podría uno descargarlos pero de nuevo, no se pueden compartir estos libros electrónicos con otros dispositivos.
Hay torrents en donde se supone, hay muchos libros a los cuales se les ha quitado los trucos que Amazon ha puesto para que solamente el dueño legal de un libro pueda leerlos. No sé si existan todos esos libros o sea simplemente un anzuelo para caer en algún desagradable virus o en el infame “adware”. Ahí cada quien tomará sus riesgos y sus decisiones. Sin embargo, es evidente que aparte de los libros, las películas, el software y los programas de televisión, ahora los libros se incorporan a la piratería.
¿Qué se puede hacer? Probablemente nada realmente. La piratería siempre existirá y quien no haya pirateado un contenido de otro, que lance el primer CD. Tal vez el único remedio sea cambiar el modelo de negocios. Apple, cuando sacó su tienda de músicas vendió el primer día un millón de dólares (dicen), a un dólar por canción. Este modelo hace que ya la gente no compre un disco por 15 dólares donde al consumidor lo único que le interesa es una o dos canciones de ese disco en particular. Pero es claro que la gente estaría dispuesta a comprar música si se le da una buena opción en costo. Con este mismo criterio, con los libros podría hacerse algo parecido. Hoy en día en Amazon un libro en papel puede costar -digamos- 15 dólares, pero el mismo libro en formato electrónico cuesta 14.50 o mínimo 13.50 dólares. Esa diferencia entre formatos no es suficiente para pensar en comprarlo en el formato electrónico. Si un libro en papel cuesta 15 dólares, la versión electrónica quizás podría costar 4 o 5 dólares. Ya aquí las diferencias parecen significativas y quizás sea la solución al problema de la piratería. A la gente, si se le da un precio razonable, comprará los productos.
Amazon se tomó el camino complicado, el de los derechos digitales, el de las codificaciones de cada libro para personalizarlo con el autor. Es una brecha llena de dificultades técnicas, amén de que incluso los lectores que compren libros así pueden hallar problemas. Puedo entender que no será fácil convencer a las editoriales de cambiar el modelo de negocios, pero como con la música, o cambian el modelo de ventas o serán pirateados sin misericordia. y se acabará el negocio.
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Saturday, March 15, 2014
Las dificultades del mundo digital
Hoy pareciese que todos son ventajas en el mundo digital. Se pueden transmitir a miles de kilómetros, casi instantáneamente, documentos completos en formato electrónico, PDF, EPub, etcétera. De a música ni hablar, que ya se ha digitalizado desde hace años y con los formatos de compresión, como mp3, y además, el acceso a banda ancha, pues tenemos que la música de todos los géneros está en muchísimos dispositivos móviles, teléfonos, ipods y tablets. Con respecto a las imágenes, evidentemente tenemos también gigantescos acervos digitales de fotografías.
Pero todo esto conlleva una dificultad: ¿cómo le vamos a hacer para guardar toda esta información en el transcurso de los siguientes años? Porque es claro que sí, cada vez se digitalizan más cosas, pues el manejo digital siempre es mucho más simple que el manejo de otros formatos, y por ende, la información crece y crece.
Pensemos en los años en donde había Apple //e, con discos flexibles, floppies, de 77K bytes por lado, es decir, uno podía almacenar programas en medios en los que hoy día no cabe siquiera una imagen de no muy alta resolución. Y es cierto que todos los días se están creando nuevos medios que pueden almacenar cada vez más ceros y unos. El CD, hace unos años, podía guardar la generosa cantidad de 650 MBytes, aproximadamente. Ahora esto parece ridículo e insuficiente. De hecho, la siguiente tecnología nos trajo el DVD, el cual puede guardar a grosso modo, unos 5 GBytes. Y resulta que esto parece tampoco ser suficiente. Las necesidades del mundo digital nos obligan a requerir cada vez más de medios de almacenamiento y esto, aunque está bajando de precio, es una parte que finalmente tiene su costo.
Hoy podemos ver memorias USB con 2, 4, 8, 16 y 32 GBytes a precios relativamente sensatos, pero más almacenamiento requiere de más dinero en la cartera y todo parece indicar que la misma tecnología nos empuja a ir siempre por más capacidad para guardar los contenidos digitales. Pero el problema no es sólo guardar más información, sino saber que esa información la podamos recuperar cuando la necesitemos. Eso implica hacer respaldos. Por ejemplo, yo tenía un disco de un terabyte que estaba usando para respaldar mi información. Hasta el momento en que ocurrió un desastre, llevaba unos 250 GBytes respaldados, pero en ese momento el disco falló. Aparentemente podré arreglarlo yendo con un especialista para que rescate mis datos, pero ojo, el disco duro era sólo de respaldos, no lo usaba para ninguna otra cuestión y falló. La tecnología no tiene palabra de honor, ¿verdad?
Así pues, si hubiese querido respaldar ese disco duro tendría que haber comprado unos 50 DVD y empezar a copiar la información del disco de 1 Tbyte. Pero eso no es suficiente. Los discos grabables tienen una vida útil, pues el sustrato en donde uno escribe tiende a degradarse en el futuro. Así, puede pasar que nuestros respaldos no se puedan leer o bien, se lean con errores en algunos casos después de algunos años de haber hecho esos respaldos. De nuevo, respaldar -aunque protege- no es la solución final.
¿Qué debemos hacer entonces? Yo pienso que la solución es la nube, sí, en donde por una cuota al mes podré subir toda la información que quiera y en donde el proveedor de este servicio me garantizará que no la perderé. ¿Qué harán los que tengan este negocio? Buscarán procedimientos para minimizar la pérdida de daos y tendrán sistemas distribuidos que se pagarán (incluso con utilidades para la empresa) con las cuotas de los abonados.
La ventaja de la nube es clara: nuestros datos siempre podrán estar accesibles sin importar en qué máquina estemos. Si nuestra computadora se arruina, nuestros datos se podrán descargar en la nueva máquina sin problemas. Ésa parece ser la gran solución, pero hoy día un tema ensombrece esta posibilidad: la seguridad de nuestros datos.
La pregunta es ¿cómo los proveedores de la nube van a garantizar que nadie verá mis datos? La palabra del proveedor no parece ser suficiente pues ya en Estados Unidos, por ejemplo, la Agencia Nacional de Seguridad, NSA, probó que podía meter sus narices donde se le antojara. ¿Qué seguridad podrán tener los datos? Nadie lo sabe. Es claro que es un tema muy sensible para todos y pienso que mientras esto no se solucione, la nube estará dando saltos aquí y allá buscando posicionarse. ¿Lo logrará?
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Friday, February 03, 2012
¿Quién tiene la culpa de la piratería?
La piratería parece un mal provocado por los consumidores de contenidos. Hay piratería en las calles, en muchas esquinas de la ciudad de México, por ejemplo, en donde se venden todas las películas que existen, desde las que están en cartelera hasta las de culto, las clásicas. Si uno se sube al Metro verá un ejército de vendedores ambulantes que vagón por vagón ofrecen las mejores obras musicales del "príncipe de la canción", el último CD de Luis Miguel, o los conciertos para violín más bellos de todos los tiempos, entre otros, todo a precios imposibles de hallar en las tiendas: 20 pesitos.
La industria de contenidos (llámese películas, videos, música y/o libros), siempre le echan la culpa a los consumidores, los cuales no parecen comprender que no pueden andar compartiendo sus archivos mp3 o sus libros en formato ePub o PDF. Pero de verdad, ¿es el consumidor final el culpable del problema de la piratería? No necesariamente en mi opinnión. He aquí algunas razones:
Los proveedores de internet se anuncian en los medios hablando sobre lo que puedes hacer en la red de redes: descarga música, comparte videos, usa las redes sociales, etc. Y ya uno se pregunta: si descargar música está litealmente prohibido (a menos que el cantante decida compartir su material), entonces la propaganda es engañosa porque como se están poniendo las cosas, bajar música casi lo convierte a cualquiera en un delincuente. Si bajo un video de youtube o una película de un sitio peer to peer entonces puedo ser catalogado como un criminal en potencia y si acaso, debo verlo solamente yo, aunque la esencia de la vida tenga mucho que ver con el compartir información con otros.
La creación del formato mp3, que tantos megas y megas de almacenamiento nos ha evitado usar, llegó para quedarse pero gracias al mismo las canciones se pueden escuchar sin pérdida de fidelidad (al menos no lo nota quien escucha) y ocupar poco espacio de memoria. Antes una rola en el formato de los CDs de música ocuparía unos 20 a 40 megas. Ahora si acaso 4 megas. Gracias al mp3 se nos ha hecho más simple, rápido y eficiente mandar por medios electrónicos, correo, ftp, por ejemplo, la música que nos gusta a nuestros amigos.
Los fabricantes de hardware también han colaborado haciendo unidades grabadoras de CDs y DVDs. Antes de esto quien quisiera grabar un disco de música lo podía reproducir en un cassette de audio, pero si éste se copiaba a su vez, poco a poco se iba perdiendo calidad. Gracias a los fabricantes de reproductores de CDs y DVDs las copias salen idénticas al original (así que no es cierto que una copia pirata puede dañar tu reproductor de DVDs como ciertos creadores de contenidos nos han querido hacer creer).
Apple, con su tienda iTunes ha hecho su parte. Antes, quien quisiese hacerse de una canción en particular tenía que pagar por un CD que contenía de 10 a 12 canciones, aunque sólo le interesase una sola canción. Gracias a iTunes la industria disquera vende las canciones unitariamente, con la subsecuente pérdida económica porque no hay que gastar una decena de dólares más por tener la canción que nos gusta o la que está de moda. Este cambio de modelo de negocios en el cual Apple lleva la batuta, sin duda colaboró a que las disqueras tuviesen menos ingresos.
Los fabricantes de software también han puesto su granito de arena. Escriben programas para usar las unidades grabadores de CDs y DVDs de maneras por demás eficientes. Estos programas pueden hacer imágenes bit a bit de esos discos para después transmitirlas por la red. Igualmente han creado rippers, programas que permiten leer los discos de música y convertir sus canciones en el formato mp3. No se necesita ninguna capacidad técnica para esto y cualquiera que sepa usar una computadora de la manera más elemental lo puede hacer.
Y ustedes dirán: bueno, pero los grabadores de DVDs no se hicieron para copiar discos con derechos de autor, así como el software para controlar estos dispositivos. Y tampoco quienes inventaron el formato mp3 habrán pensado que esto provocaría este oleaje de la piratería. Supongamos por un momento que es así pero si nos han dado todos los recursos, de hardware y software para duplicar todo género de información. La mesa está puesta y siendo así, ¿quién no se sienta a comer?
La mejor analogía que encuentro es que nos inviten a un banquete a comer y cuando llegamos no podemos siquiera probar los alimentos. Todo está listo, vasos de vino, botellas descorchadas, suculentos manjares pero no, tenemos prohibido acercarnos a la mesa y si probamos el alimento es nuestra culpa. Ajá.
Yo no dudo que el consumidor final de contenidos también colabore en el problema de la piratería, pero seamos honestos: no son los únicos culpables. Habría que repartir las culpas a todos los actores involucrados en esta obra. Que no nos quieran engañar.
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