Sunday, July 23, 2006

Carta de la hija de Najdorf a su padre...

En esta ocasión presento una carta que la hija de Miguel Najdorf (Lic. Liliana Najdorf) le escribiese a su padre, el GM polaco (y naturalizado argentino), que fuese eterno animador de muchos torneos. Najdorf conservó por años el récord de más partidas jugadas a la ciega (45 tableros simultáneamente). Cuando el polaco hizo esto fue en un intento desesperado por saber de su familia en Polonia, en 1939, cuando la guerra empezaba a crear tanto sufrimiento (cabe señalar que toda su familia murió en la guerra). El equipo de ajedrez polaco, como otros, se encontraban jugando el Torneo de las Naciones (ahora Olimpiada), en la Argentina. Muchos jugadores, por la problemática mundial de ese momento, terminaron radicando en el país del cono sur. Stahlberg, Lilienthal, el mismo Najdorf, Pilnik, entre otros, se convirtieron un poco a la fuerza en residentes de Argentina. Reconocemos ahora un hecho fundamental: Este país sudamericano se volvió en pocos años una potencia ajedrecística gracias a estas desafortunadas experiencias políticas. La residencia obligada de muchos grandes maestros europeos hizo crecer el ajedrez argentino a proporciones jamás antes vistas. Pero basta de prólogos. He aquí el texto de una de sus hijas: No es fácil ser la hija de un monstruo. Ni fácil ni cómodo. Ocupan mucho espacio y los lugares suelen resultar chicos para sostener privacidades o permitir otros gigantes. Un monstruo tiene exigencias difíciles de conformar. Necesitan más de todo y una no siempre es capaz de conseguirles tanto. A veces son insaciables y no hay alimento que alcance. Los he visto desvastar historias, masticar paisajes y hasta barrer personas de un soplido, como si tal cosa. También un monstruo por lo general da más y hay que estar preparada para poder recibirlo cuando una es solamente una normal. Las manos son tan grandes que sus abrazos ahogan. Y su dadivosidad tan copiosa que corre el riesgo de aplastarnos. De generoso nomás, no olviden que las dimensiones son otras y él no siempre lo recuerda. Para Gulliver los demás eran enanos. Un monstruo es definitivamente un ser exagerado y lleva un tiempo largo aprender a divertirse con sus excentricidades, pero se consigue. Nada es sencillo con ellos. En vez de comer devoran, en vez de charlar disertan, en vez de opinar dictaminan. En vez de querer adoran. Pareciera que la vida les quedara un talle menos y necesitaran estirar al límite cada afecto, cada día, cada idea. Si lo sabré. Tantas veces temblé de miedo al verlo destruir tres árboles a pura furia, y tantas otras me emborraché de emoción cuando lo vi crecer tres bosques a sólo arrepentimiento. Algo de su monstruosismo se contagia por instantes y una termina siendo una normal con veleidades monstruosas y exigencias monstruiferas. Es cierto que no es fácil ni cómodo tener de padre a un monstruo. Hacen mucho ruido y producen mucha sombra. Sin embargo y a pesar de los inconvenientes no deja de ser un privilegio. No cualquiera. También el orgullo que se siente al ser su hija es una monstruosidad. Querido Papi: Sin duda creo que ser tu hija fue lo más importante que me pasó en la vida; lo que más me determinó, me signó, para bien y para mal. No fue fácil ser la hija de un monstruo. No fue fácil enterderte y permitir que me entiendas. Aunque parece que de a poco, de a un paso cada vez lo fuimos consiguiendo. Sin embargo sé que lo mejor que tengo, lo que más me gusta de mí lo heredé de vos: tu polenta, tu fuerza, tu empuje. Entonces, hoy elijo esto para agradecerte. Y también gracias por haberme sorprendido día a día, por no haberte dejado vencer, por tus ganas de vivir, por tu alegría a toda prueba, por tus frases célebres, por tu sabiduría honda. Por esa cosa generosa y grande que irradiaste. Creo que básicamente te agradezco papi, el inmenso orgullo de que hayas sido mi papá. La Tablada, 11 de Julio 1997

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