Wednesday, December 14, 2011

Para motivarse


En la vida he hallado que muchas, quizás demasiadas veces, no suceden las cosas como uno espera. Si además, uno es competitivo, esto en ocasiones resulta muy desalentador. Una vez, en el Torneo Carlos Torre Repetto, en Mérida, tenía una partida en donde legué a tener dama por dos torres, pero en una posición muy favorable. De pronto mi rival lanzó un ataque que pensé no tenía nada y yo seguí con lo mío. De pronto mi contrario, al que le toca jugar, está a un movimiento de recibir mate de mi parte. Su rey acorralado sin defensa alguna. Pero pasa entonces algo sorprendente: mi rival me pide el empate. Debo haber puesto una cara de sorpresa espantosa porque le dije: "¿Cómo tablas? No, gracias". Y entonces procedió a darme jaque mate en tres jugadas. No cabía en mi decepción y asombro. Firmé la papeleta y no quise hablar con alguien. Fui al hotel y vagué por el último piso como tratando de entender lo que había pasado. El GM Juan Carlos González me vio desde la planta baja y no quiso ni llamarme. Entendía mi decepción...

A todo esto, el año pasado platicaba con el MF Jorge Martín del Campo, que estaba jugando el torneo del festival de la UNAM. Me dijo que veía con cierta tristeza que los que veía con frecuencia en las justas parecían estarse retirando. Jorge, apasionado del juego ciencia, me decía que ahora venían sus mejores años como jugador. Eso, señores, es constancia.

Pues bien, bajo el entendido que el ajedrez es un juego muy cruel,  estas cosas suelen ocurrir y ni los campeones mundiales se salvan. Vaya, Anand acaba de perder una partida por demás ventajosa contra Nakamura en el torneo de Londres. Así pasa y de nuevo se demuestra que en ocasiones el mundo no se comporta como uno quisiera. Y esto viene a cuento porque vi el siguiente video, el cual habla un poco de esto. Enjoy!

1 comment:

Robert Cuadros said...

Apreciado Maestro Manuel:

Ya había visto este vídeo pero su artículo viene "a pelo" debido a que estaba necesitando una fuerte inyección de energía. Verdaderamente admirable el coraje de Derek y enternecedora la actitud de su padre.

Un abrazo

Robert