Tuesday, May 17, 2005

Y en el mismo tenor del mensaje anterior...

Va un artículo encontrado en la página de proceso... (www.proceso.com.mx)

Histeria, desfachatez e incongruencias…
jorge pérez albarrán/ apro

México, D.F., 16 de mayo (apro).- Hace algunas semanas llegó a mi dirección electrónica un airado texto de una señora (de la cual omitiré su nombre) que reclamaba molesta por qué no escribía sobre los gustos y preferencias sexuales de algunos legisladores; y enlistó algunos nombres. Mi respuesta fue la que siempre he sostenido: nadie tiene derecho a meterse en la vida privada de las personas; lo que cualquier persona haga en su intimidad, no es materia de interés periodístico, salvo cuando lo privado afecta el desempeño público de alguien o cuando se vuelve parte del poder.

La demanda por daño moral que Marta Sahagún interpuso, como “ciudadana en pleno ejercicio de sus derechos”, en contra de la empresa Comunicación e Información SA de CV (CISA), editora de la revista Proceso, sólo evidencia la histeria que embarga a la esposa del presidente Vicente Fox y la desfachatez e incongruencias con las que sabe actuar.

Nadie cuestiona su derecho de acudir a las instancias jurídicas que considere pertinentes, pues como ella misma lo apuntó, como ciudadana tiene garantizados todos sus derechos; lo que está en entredicho es su actuación, pues a Sahagún ya se le olvidó que, gracias a su frivolidad y su deseo de instalarse y ser aceptada en la high society mexicana, abrió de par en par las puertas de la alcoba presidencial, y dio entrevistas a diestra y siniestra en las que reveló parte de su vida privada y de Fox; lo mismo habló en revistas de la farándula, como en las del corazón, así como en la televisión y la radio.

Todas eran entrevistas “a modo”, de tal forma que la “primera dama” –como eufemísticamente se les ha llamado a las esposas de los presidentes desde la era priista-- pudiera lucir su cursilería y su falso discurso sobre el “empoderamiento” de la mujer. Ella se encargó de crear su propio mito que ahora se le revierte: siendo una ciudadana común, que no había sido elegida para ningún cargo público, optó por la publicidad, y usó recursos del erario para promoverse públicamente; ahora se enfrenta al escrutinio de la sociedad.

Con total desfachatez alega que se ha violado su derecho a la intimidad, cuando fue la pareja Fox-Sahagún la que difundió su deseo de anular sus respectivos matrimonios religiosos ante el Vaticano; cuando fueron ellos quienes se dieron un beso frente a la capilla de San Pedro, delante a toda la prensa; cuando fueron ellos quienes se hacían arrumacos en público; cuando fueron ellos quienes permitieron que se conocieran los “chiflidos” que le hace el presidente a Marta para que lo atienda; cuando fueron ellos quienes difundieron el resultado de un ultrasonido en el que “Vicentillo III”, desde el vientre materno, ya hacía la “V” de la victoria; cuando fueron ellos...

La histeria y las incongruencias de Sahagún quedaron evidenciadas con la denuncia que interpuso contra Proceso y el subdirector editorial de la misma, Salvador Corro –que no editor en jefe, como lo identifica en su querella--, pues se le olvidó que, como ciudadana, no puede utilizar recursos públicos, por muy esposa que sea del Ejecutivo; pero lo hizo. La Oficina de Apoyo de la Esposa del Presidente –como pomposamente aparece en el organigrama de Los Pinos, sin que exista legalmente-- fue la encargada de difundir tramposamente que había demandado a la periodista Olga Wornat, sin informar que también eran sujetos de la denuncia la revista Proceso y el subdirector editorial, Salvador Corro.

¿Por qué una ciudadana común y corriente, en pleno ejercicio de sus derechos, usó una oficina gubernamental para difundir una denuncia penal? La Presidencia ha guardado silencio y la sociedad tiene derecho a una aclaración. En la ola de comunicados, la esposa de Fox jamás mencionó la denuncia contra el semanario. ¿Fue por miedo o porque acaso pensaba tapar el sol con un dedo?

En público, se dice ferviente defensora de la libertad de información; pero reprocha a Proceso por no usar la autocensura; dice apoyar la transparencia y esconde en sus comunicados oficiales que presentó una denuncia penal contra el semanario; dice odiar la mentira, pero difunde información de entrevistas exclusivas antes que aparezcan publicadas; reprueba el derroche y se dice espléndida con los pobres, pero gasta elevadas sumas de dinero público en guardarropa de diseñadores exclusivos; es una mujer controladora --como lo demostró en la campaña de Vicente Fox y como vocera presidencial--, pero no puede controlar a sus hijos…

Resulta curioso que en cuanto salieron a la luz pública el supuesto tráfico de influencias y la inexplicable fortuna que ostentan sus hijos, Sahagún se aprestó a actuar penalmente contra el semanario y la periodista argentina Olga Wornat; aunque es natural, pues cualquier madre defendería a sus vástagos de alguna calamidad; daría, incluso, hasta la vida; pero esta defensa de su intimidad más parece una cortina de humo “con todo el poder del Estado” (como advirtió el expresidente Ernesto Zedillo al EPR), para desviar la atención y tratar de intimidar a quienes pretendan meterse con sus cachorros.

Las frivolidades tienen sus costos, y Sahagún debería haberlo sabido, si no, alguno de su equipo cercano de colaboradores –pagados con dinero del pueblo-- debió habérselo advertido. Hoy están pasándole la factura y es tiempo que asuma las consecuencias, sobre todo, en esta época en que Fox, no las tiene consigo. Un problema más no ayuda en nada al jefe del Ejecutivo cuando apenas empieza a recuperarse del porrazo político que se plantó por su obstinación de sacar de la contienda electoral del 2006 a Andrés Manuel López Obrador.

Marta Sahagún debería darse cuenta que ser la esposa del presidente de la República la obliga a actuar con dignidad y mesura; otras consortes en la era priista entendieron bien el papel –no todas— y se mantuvieron al margen de toda publicidad y de los reflectores; fueron, tal vez, el apoyo moral que sus maridos necesitaban en épocas sombrías; pero no la “estrella del espectáculo”. Si tiene aspiraciones políticas, su primer acto debería ser no entorpecer la labor del jefe del Ejecutivo, no “colgarse” de un triunfo que no obtuvo para llegar a donde su capacidad no la ha llevado. La única experiencia electoral que ha tenido –contendió por la alcaldía de Celaya-- la perdió.

Más aún, Sahagún debe una explicación a la ciudadanía sobre la estratosférica nómina del personal bajo su servicio y su excesivo número. Y a todas estas interrogantes, la consorte presidencial sólo esgrime una respuesta: el silencio.

Comentarios: jperez@proceso.com.mx

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