Tuesday, April 24, 2007

El dinosaurio...



El dinosaurio
Augusto Monterroso

Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí



El dinosaurio
Pablo Urbanyi

Cuando despertó, suspiró aliviado:el dinosaurio ya no estaba allí.



Indigna continuación de un cuento de Monterroso
Marcelo Báez

Y cuando despertó, el dinosaurio seguí allí. Rondaba tras la ventana tal y como sucedía en el sueño. Ya había arrasado con toda la ciudad, menos con la casa del hombre que recién despertaba entre maravillado y asustado. ¿Cómo podía esa enorme bestia destruir el hogar de su creador, de la persona que le había dado una existencia concreta? La criatura no estaba conforme con la realidad en la que estaba, prefería su hábitat natural: las películas, las láminas de las enciclopedias, los museos... Prefería ese reino donde los demás contemplaban y él se dejaba estar, ser, soñar. Y cuando el dinosaurio despertó, el hombre ya no seguía allí.


La culta dama
José de la Colina

Le pregunté a la culta dama si conocía el cuento de Augusto Monterroso titulado “El dinosaurio”.
—Ah, es una delicia —me respondió—, ya estoy leyéndolo.



Monterroso, Urbanyi, Báez et al., Relatos vertiginosos. Antología de cuentos mínimos. Selección y prólogo de Lauro Zavala, México, Alfaguara, 2000, pp. 153-156.

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