Tuesday, September 04, 2007

El juego de las simulaciones

El primero de septiembre, se supone, Felipe Calderón debía dar el Informe que guarda la administración pública a su cargo, a nueve meses de haber entrado en funciones como Presidente de la República. No obstante, como se esperaba, y con el antecedente sobre los hechos ocurridos en el último informe del sexenio de Fox, que de plano no pudo ni entrar al salón de sesiones y que sólo pudo entregar en la puerta el voluminoso legajo, era claro que ahora no le permitirían a Calderón que hiciese el acto protocolario, en donde -curiosamente- un informe del estado de la administración pública se convertía en un discurso con interrupciones para aplaudir todo lo bien que hace el presidente en turno. No he hecho el ejercicio, porque me parece inútil, pero estoy seguro que si pudiésemos buscar las palabras "más que en todo el sexenio anterior", "más que el año pasado", "más que en todas las administraciones anteriores", etc., seguro encontraríamos muchísimas veces estas frases.

Así, Calderón, por ser rechazado como mandatario de México por la bancada perredista, no pudo presentar el primer informe, el primero de septiembre, el otrora día del presidente, como ya algún periodista dijo hace tiempo. Sin embargo, Felipillo no se iba a quedar con las ganas, entonces a Presidencia se le ocurrió la idea de montar, en Palacio Nacional, el día 2 de septiembre, un simulacro de Informe Presidencial, nada más que como en los mejores tiempos priístas. Aquí, en este "informe" no hubo pancartas, ni interpelaciones de los legisladores, ni payasos con máscaras de puerco. No, hubo lo que se veía hace años en la época de la dictadura perfecta del PRI: aplausos a cada paso. De hecho, a Calderón, los invitados a este acto aplaudieron alrededor de unas 20 veces, interrumpiendo los grandes avances alcanzados en tan sólo 9 meses de gestión. Si el discurso duro una hora con cuarenta minutos, entonces cada cinco minutos Felipe Calderón era aplaudido por sus grandes avances en todo género de actividades dentro del país. Fue un bonito simulador del añorado día presidencial. Felipe debe haber salido feliz, y más debe haber estado al final, cuando todos los convidados seguramente tuvieron que ir al "besamanos".

Lo simpático de todo este asunto es que no he visto una sola nota en los periódicos que hablen de este pseudo-informe como un simulacro. Marcelo Ebrard dijo que ese acto le recordó viejísimos actos protocolarios que pensaba él, ya eran cosa del pasado. En fin, así las cosas en este, nuestro país bananero.

2 comments:

yucateconeto said...

Jeee jejejejejeee, es más ameno leerte que oir tanta autoalabanza,pienso que es más bien para que se lo crea ellos mismo que para convercer a otros.Y eso del sexenio anterior, del año, mes o mas, no sé si sepas que no solo es a nivel federal sino en el gobirno al menos de aca, yucatán, no había discurso en que no apareciera esas frasesitas, pensé que solo yo me había dado cuenta, bueno saludos...

yo said...

Al preciso legal le salió mal su planecillo, pensó que la turba entraría en tropel a la tribuna y que no lo dejarían hablar... pero ni en cuenta, mejor se salieron los que no lo quieren oir, y el p-l-l pues ahí se quedó... lo más malo de lo malo es que al día siguiente palacio nacional vestido de gala para aplaudirle al preciso en su día... ¿ a qué costo? ¿en dinero cuánto se gastaron en engalanar al palacio nacional? ¿era necesario? o sea, dinero sí hay, lo que no hay es otra cosa.