
Con la llegada de la computadora, las partidas suspendidas se fueron eliminando de los torneos. Los programas empezaron a jugar mejor y ya los análisis eran mero producto de la fuerza bruta del software, que encontraba todo género de sutilezas que muchas veces los humanos pasan por alto. El arte de analizar partidas suspendidas cayó pues en desuso porque prácticamente se eliminó de los torneos.
Con los relojes electrónicos, un nuevo caudal de ideas en los tiempos de reflexión surgió, particularmente considerando que el ajedrez no es atractivo a los medios por la lentitud con la que se desarrollan los encuentros. Ninguna cadena televisiva va a darle a un torneo de ajedrez seis horas contínuas de transmisión para ver, de vez en cuando, como los jugadores hacen sus movimientos para sumergirse una vez más en sus cavilaciones.
Fischer propuso -mucho antes de la invención del reloj de ajedrez electrónico- la posibilidad de que los relojes tuviesen incremento cada vez que el jugador hacía una jugada. De esta manera, se acabarían los espantosos apuros de tiempo cuando uno tiene que llegar a la jugada 40, por ejemplo. Así, la FIDE, bajo las consideraciones de hacer el ajedrez atractivo a los medios se inventó el siguiente ritmo de reflexión: 1:30 horas para toda la partida, con incremento de 30 segundos por jugada realizada. Así, si un jugador llegaba a la jugada 40, tenía 20 minutos extras a la hora y media, llegando a 1:50 hrs, casi las dos horas de los tiempos antiguos. Sin embargo, esta reflexión no necesariamente es correcta, porque muchas veces una partida no llega a las 40 jugadas y entonces se acorta, sin duda, el tiempo total de la partida de ajedrez.
Lo simpático de todo este asunto es que en realidad, el apuro de tiempo -el cual Fischer sugería terminar al dar incremento de tiempo por jugada- no ocurre. Al contrario, la exp

¿Cuál es la solución? Quizás habría que cambiar la modalidad. Por ejemplo, ¿qué tal dar 30 minutos para toda la partida con dos minutos de incremento por jugada? Así, si se llegan a la jugada 40 tendría el jugador 80 minutos (1:20 hrs) más los 30 minutos iniciales, prácticamente 1:50, claro, si se llega a la jugada 40. Obviamente aquí hay problemas. Alguien me decía: ¿y si la partida va por caminos muy tácticos desde el inicio de la misma? 30 minutos parece poco tiempo... Y sí, concedo, puede serlo, por lo que reflexionando en el asunto y comentándolo en el club de ajedrez se nos ocurrió que quizás una hora para toda la partida con 1:30 minutos de incremento por jugada realizada era un tiempo más razonable... Si se llega a la jugada 40, por ejemplo, el jugador tendrá una hora extra, es decir, que para 40 jugadas, aproximadamente cada jugador habrá tenido dos horas de tiempo de reflexión. Esto, creo yo, sí acabaría con el zeitnot que impone el ritmo 1:30 hrs + 30 segundos por jugada.
(*) Éste es el término usado para marcar el apuro de tiempo en una partida de ajedrez.
1 comment:
totalmente de acuerdo. es una excelente reflexión,hace falta que la entiendan los que dictan las leyes en ajedrez.
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