Saturday, June 28, 2008

El tiempo...

El tiempo es uno de los elementos más fugaces de la vida. Hoy tenemos x cantidad de años y de pronto nos percatamos que ya pasaron cinco, diez o veinte años y parece que fue ayer. Es muy común que en las noticias nos digan: Lady Di cumplió cinco años de haber muerto en trágico accidente. ¿Cinco años ya? ¡Ah carambas, cómo pasa el tiempo de rápido! Y sí, ésa es nuestra percepción del tiempo el cual es, en algún sentido, la esencia de la vida.

Haciendo un cálculo somero, un ser humano normal no vive más de 30,000 días. Sí, solamente eso. Si la edad promedio es de 75 años, quien llegue a esa edad estará viviendo menos de 28,000 días. Parecen muchos, pero como ya dijimos, se van tan rápido… Así, la vida moderna, en su desesperación por hacer que el tiempo nos rinda, ha decidido que todo debe hacerse de manera eficiente, rapidísima y además –si se puede– haciendo más de una cosa a la vez. No es de extrañarse que entonces veamos que tenemos la tele prendida mientras tomamos café y por qué no, hablamos por teléfono.

De hecho, en términos reales, esta tendencia a la rapidez no es tan mala idea. A veces los tiempos en la ciudad nos impiden meditar demasiado lo que queremos hacer. Por ejemplo, existen los restaurantes de comida rápida y se persigue con ello no sentarse una hora a comer, sino a pedir de un menú general, sentarse y zamparse en minutos una enorme hamburguesa con todo y pepinillos. Cuando uno tiene el tiempo contado para llegar a algún lugar y además, vive en la ciudad de México, en donde algunas de sus arterias son a veces enormes estacionamientos, pues estos restaurantes son una especie de salvación.

Pues bien, el otro día me apersoné en uno de ellos. Me formé en la cola. Decidí qué quería comer y esperé a que me tocara la atención de alguna de las cajeras. Adelante de mí iba una señora muy “nice”, muy fresca, del mundo guapito, de ese mundo en donde las preocupaciones son, por ejemplo, “¿dónde estará el chofer?”. La señora giraba instrucciones por celular mientras estaba en la fila: “Sí, Juanita, dígale al chofer que pase a la escuela y recoja a los niños. Una vez hecho esto, que me hable al celular para que me venga a buscar aquí”, etc. Finalmente le tocó su turno y lo primero que le espetó a la cajera fue: “¿qué me recomienda?”. Y entonces empezó un recorrido por cada opción del menú. Sonó de nuevo su celular. La señora en cuestión giró más instrucciones. Diez minutos después puse una cara de “no mame, señora” y justo la vio. Y entonces se indignó y dijo a viva voz: “Parece que el señor tiene mucha prisa, atiéndalo a él”. Y entonces contraataqué: “es que sabe, señora, esto es un restaurante de comida rápida. Aquí se elige lo que se quiere comer y se pide. No se puede usar el tiempo de los demás así. Es usted una egoísta a ultranza”. (Confieso que me hizo muy feliz decir esta última frase). Entonces se armó un borlote donde intervinieron propios y extraños. Todos querían dar su opinión. Llegó el gerente, me mandó a una caja y de inmediato me atendieron. La señora alarmada decía: “es que el señor chaparrito (o sea, yo mero), me quiere decir que debo comer”. La ignoré, me quedé callado meditando sobre qué tiene que ver mi estatura con su estupidez. De hecho, me senté lo más lejos de la señora y comí pensando que no debía tardarme demasiado, pues debía irme a dar clases a la Ibero, que me queda harto lejos. Sin embargo, poco antes de terminar, la señora se acercó a mi mesa y me dijo "que tenga un bonito día"... En fin.

Para darse cuenta de lo temporal de nuestra existencia, escribí un pequeño programita que es un cronómetro digital de alta precisión. A quien le interese mándeme un mensaje a mi correo (morsa@la-morsa.com) y a vuelta de correo recibirá el ejecutable así como el código fuente.

5 comments:

Nostromo said...

Sin leer el post, la primera imagen se me ha hecho una referencia a "La persistencia de la memoria" de Dalí.

Ahora si, a leer el post.

yo said...

Solicité el ejecutable del cronómetro a morsa@la-morsa.com y el sistema me lo regresó por falla y no entregable... ¿habrá otra manera de solicitarlo?

Morsa said...

Qué raro... Escríbeme entonces a lopem@hotmail.com

Saludos
Manuel

Edna Dine said...

Mi comentario no tiene nada que ver con el tiempo, pero sí con la comida. Me intriga que ingiera sus alimentos en lugares de comida rápida...

En fin, el tiempo tal vez induce a algunos a llegar a esos lugares.

Suerte.

Javo said...

Pues mi estimado "Señor Chaparrito" eso te pasa por comer comida chatarra. :^)
Ya en serio da tristeza ver que siempre habra el tipico(a) atontado a quien no le importa el tiempo de los demas, y te haga pasar un mal rato. Lo bueno es que estas experiencias te motivan a escribir nuevos programas.