Tuesday, February 09, 2010

Inseguridad en el país: real y falsa

Hace algún tiempo (¿meses? ¿años?), supe del caso de unos adolescentes que simularon el secuestro de uno de ellos para pedir rescate a sus padres y hacerse de dinero fácil. La cosa no resultó bien, pues la policía fue avisada y cuando se supone se iba a cobrar el rescate, se desató una persecución en donde los judiciales dispararon a los supuestos secuestradores, con tan mala fortuna que una bala mató a la supuesta víctima (que iba atada y con los ojos vendados para hacer la situación lo más real posible). En este ejemplo se combinó la estupidez, la avaricia y además, el querer sacar ventaja de esta situación de inseguridad que invade al país.

En otros casos, algunos artistas locales avisan, dan entrevistas, platican con los medios, sobre hechos delictivos en los cuales fueron víctimas. Muchos de ellos es probable que no hayan existido, pero se inventan porque así los de la farándula salen en los medios, y bueno, asumirán que toda promoción en buena.

De hecho, hace muchos años, en casa de mi tía, aparecía con cierta frecuencia un cantante, el cual buscaba trabajo y hacer carrera en la televisión mexicana. Pues bien, un día me enteré por el periódico que dicho cantante regresaba de su gira por España, en donde había triunfado en todo lo largo y ancho del ibérico país, particularmente en Madrid. Días, semanas después, cuando se apersonó en casa de mi tía, me enteré que jamás había ido de gira a ninguna parte. Todo había sido un montaje para salir en los medios buscando así que alguien lo contratara, después de su magistral gira. ¿Cómo pudo hacer eso? Le pago algún dinero a los vigilantes del aeropuerto que lo dejaron entrar y salir como recién desembarcado de Europa.

Ahora me entero que en Twitter una usuaria simuló todo un hecho delictivo, el cual fue prácticamente narrado a través de este sitio de microblogging. He aquí el texto de León Krauze al respecto (aparecido en Milenio el día de hoy):.

La crisis de Twitter

Epicentro
León Krauze

Para empezar, una anécdota personal. Hace unos meses mi hijo enfermó de una severa gripa. Después de 24 horas sus síntomas comenzaron a inquietar a su pediatra, quien decidió recetarle Tamiflu. A las 11 de la noche, con una velocidad sorprendente, el niño rebasó el umbral de temperatura. Me calcé un par de tenis y salí a buscar la medicina por la ciudad. Una, dos, cuatro, seis farmacias, más tarde comencé a desesperarme: difícil cosa el amor paternal en tiempos de influenza. Entonces recurrí a Twitter. Pedí ayuda a la comunidad. En menos de 15 minutos la pantalla de mi teléfono estaba llena no sólo de direcciones, sino de buenos deseos. Gracias a uno de esos mensajes me dirigí a una farmacia en Polanco que, dicho y hecho, tenía una caja de Tamiflu. No puedo decir que Twitter le salvó la vida a mi hijo ni mucho menos: el niño se repuso por sus propios medios sin necesidad de recurrir a los químicos. Pero sí puedo decir que, en ese momento, el medio cumplió a la perfección su cometido: una inmensa red de información inmediata, tal y como la pensó Jack Dorsey, su creador, hace un lustro.


Esa virtud ha convertido a Twitter en un fenómeno digno de análisis y admiración. Desde su comienzo, el medio ha ayudado a organizar cambios sociales dramáticos en países tan lejanos y dispares como Moldavia, Estados Unidos y, claro, México. La respuesta de los twitteros al impuesto a internet consiguió lo impensable: mover a la clase política desde la sociedad civil. No es poca cosa. Por eso es que no tengo ninguna duda de que Twitter será fundamental no sólo en las elecciones de 2010 sino también en las presidenciales de 2012. Twitter es, en suma, no sólo un medio de comunicación: es un medio de comunidad.
Pero es hora de hacer una pausa. Un medio de información vale lo que vale su credibilidad. Por eso los grandes diarios del mundo tienen como virtudes torales la mesura y la verificación. Saben que la histeria y el rumor son enemigos de la confiabilidad. Cuando un medio que pretende ser fuente de información pierde rigor, está destinado a la chatarra periodística; un infierno particularmente ignominioso.

Por desgracia, en los últimos tiempos, la comunidad twittera en México ha coqueteado frecuentemente con ese abismo. Para desencanto de quienes creemos en el medio, los twitteros se han entregado a la hipocondría informativa, a la estridencia.
Baste un ejemplo. El jueves de la semana pasada, Twitter amaneció sacudido por la supuesta noticia de un doble asesinato. Una usuaria bajo el apodo de @atorreta había sufrido un asalto después de cenar con su novio y ambos habían sido baleados. El cuñado de la chica había narrado la muerte de ambos desde el Hospital General de las Américas en Ecatepec. De inmediato, Twitter se desbordó de indignación. Y luego de ánimo justiciero. A los periodistas que participamos con asiduidad comenzaron a llegarnos mensajes violentos: “¡A ver si le haces el mismo caso a @atorreta que a Cabañas!”, me dijo alguno. “La inseguridad ha llegado a Twitter. “Descanse en paz @atorreta”, decía otro. “¡Justicia, justiciaaa!”, gritaba alguien más. Y, como ésos, miles. El sendero del Peje, ese adalid del periodismo responsable, subió la nota de inmediato. Sólo porque sí, sólo porque había sido anunciada en Twitter. Jamás medió mesura alguna. No hubo un momento de reflexión. Ya imagina el lector la lección: horas más tarde quedó claro que la historia era falsa. Un auténtico oso, una verdadera vergüenza.

El caso de @atorreta debe hacer reflexionar a la comunidad en Twitter. Si en algo han coincidido los muchos críticos del medio es precisamente en esa peligrosa falta de rigor. Ahora, la histeria twittera ha puesto en jaque la credibilidad del medio. Por eso vale una llamada de atención. La comunidad en Twitter en nuestro país tiene un poder innegable que no hará más que crecer. Pero si quiere ser un factor de cambio positivo deberá aprender que vale mucho más la indignación fundada y seria que los gritos desaforados. No habrá otra oportunidad. La próxima vez será imposible responderle a los que insisten en que Twitter no es un extraordinario medio de información, sino un remedo de periodismo, solamente el chismógrafo de los ociosos.


Hasta aquí la nota al respecto.

Todo el asunto de @atorreta puede dar a un sinfín de reflexiones. Los del artículo son interesantes y estoy de acuerdo con ellos, sin duda. No obstante, me parece que la mayoría de los twitteros no pretende mentir cuando hace comentarios. Más bien expresa sus ideas. Alguien, con una mente retorcida, se le ocurrió jugar a toda la comunidad una cruel broma, la cual muestra la falta de responsabilidad de quien la orquestó, o peor aún, la falta de interés, de quienes recibieron estos mensajes twitteros, por indagar si lo que se dice es verdadero o no. Ya lo decía Sartori (en el libro Homo Videns), en donde platicaba que cuando los medios entrevistaban sobre un tema X a un desconocido, sin importar si la opinión del mismo fuese buena o mala, ya sonaba creíble simplemente porque dicha opinión se vertía en la televisión, sin importar que el personaje entrevistado fuese un idiota.

Sin duda los medios juegan un papel preponderante en los usos y costumbres de lo que hacemos en este país. En un clima de inseguridad la gente sale menos a las calles o va a lugares concurridos con menos frecuencia. Y esto se aplica para quienes ya han sido asaltados, por ejemplo, al igual que aquellos que aún no han padecido un acto de esta naturaleza. Los rumores del ambiente, por decirle de alguna manera, inciden en nuestras maneras de actuar y ser. Quizás tomamos caminos con más luz, con más gente, aunque sean más largos. Tal vez usemos más los estacionamientos públicos en lugar de dejar el coche en la calle por temor a que nos lo roben. Pero si a este clima le añadimos al episodio de Twitter o al de algún famoso que decide inventarse que lo asaltaron para salir en los medios, pues estamos revelando una vez más parte del egoísmo humano, que no piensa más que en su beneficio particular en lugar de buscar en beneficio comunitario.

1 comment:

Chochos said...

No es ni por mucho la primera vez que esto sucede. Antes que muriera Michael Jackson, medio Twitter ya lo daba por muerto, y lo mismo ha pasado con algunas otras celebridades. Pero creo que ha servido para que la gente ya investigue un poco antes de estar jugando al teléfono descompuesto.

Lo que no entiendo es por qué Krauze dice que hay crisis en Twitter, como si todos los que estamos en ese sitio fuéramos reporteros y por lo tanto tuviéramos la responsabilidad de estar reportando puras verdades... creo que si alguien quiere decir puras tonterías, pues allá él (y sus seguidores). Y por otra parte, alguien sigue creyendo que los medios oficiales de comunicación dicen puras verdades? Me acuerdo de esa frase (cuyo autor desconozco) "noticia es lo que alguien no quiere que sepas. Todo lo demás es publicidad".