Friday, January 04, 2013

Sobre mi papá


Manuel López Ramos, mi padre, murió hace unos seis años. Vivió hasta los 76 años. Hoy quiero recordarlo porque me doy cuenta que sin sus enseñanzas no sería quien soy. Mi papá se dedicó a la guitarra clásica y trabajó enormemente en ella. Se levantaba antes de las siete am, se bañaba, desayunaba algo y empezaba su trabajo de estudio hasta las dos de la tarde, aproximadamente. Comía y se iba al Estudio de Arte Guitarrístico, escuela que él fundó y que ahora dirigen algunos de sus mejores alumnos.

Sus clases empezaban a eso de las 4 de la tarde y terminaría a eso de las 9 de la noche. Así, de lunes a viernes. Los fines de semana estudiaba buena parte del día, pero siempre se daba tiempo para nosotros, su familia, la cual siempre fue numerosa (6 hermanos, dos mujeres y cuatro hombres). Siempre cumplió con sus compromisos, ya fuesen de índole económico o artístico. Cuando iba a dar un concierto se preparaba asíduamente. No podía yo creerlo pues finalmente eran obras que estudiaba día tras día. Pero eso no importaba, porque sabía de lo celosa que la musa de la música. Y siempre salía avante, aunque en ocasiones a él no le hubiese convencido cómo había tocado.

Mi papá me enseñó disciplina y además, promovió que siguiera en el ajedrez. Si tuve necesidad de información ajedrecística, él la compraba. Me llevó en 1973 a jugar en una sesión de simultáneas contra el GM Larsen, asunto que era costoso (300 pesos la partida -de esos años) pero no le importó. Ahí conoció a un directivo de una fábrica de colchones, quien había invitado a Duncan Suttles, GM canadiense, a una sesión privada de simultáneas y le invitaron a mi papá. Fuimos a la fábrica y ahí jugué -con diferencia de un par de días- con mi segundo gran maestro. No habría que agregar que perdí ambos encuentros.

En sus tiempos de concertista, mi papá figuró alguna vez en el ranking de los mejores cinco guitarristas en todo el mundo. No es poca cosa. Es como si Kasparov, Anand, Carlsen, o alguno de ellos fuesen de mi familia. Tener a un gran maestro, pero de la guitarra en casa supondría un gran orgullo, y si me hubiese percatado de ello quizás así sería, pero a mi padre esas cosas le tenían sin cuidado. Él seguía su rutina, su estudio contínuo, cotidiano. Y en su faceta de maestro daba todo por sus alumnos. Entregaba todo lo que sabía.

A la distancia ahora me gustaría decirle a mi papá lo mucho que siempre lo he admirado. Antes de forma intuitiva, quizás, pero ahora consciente del gran trabajo que mi papá hizo siempre, por su entrega a su familia, a mi mamá, a sus hijos y a la música. Tal vez me lea, desde algún lugar infranqueable a los vivos, pero como sea, quería dejar constancia del gran maestro que fue mi papá.

24 comments:

Mr.Protocolo said...

Enorme !!..
NO hay mejor forma de recordarlo que viviendo..
=) each day

A. David Garza Marín said...

En Amazon hay algunos discos de Manuel López Ramos. ¿Son de tu papá? Interesante, no habría imaginado el legado musical de tu papá. Un abrazo, profesor.

Jaquense said...

Hola Morsa, perdon por que te lo diga por aqui, pero por que no activas la opcion de RSS en tu blog para que te podamos seguir por google reader.

Saludos y Gracias

Ernest said...

Gran entrada y muy emotiva.

José María Leyva Cajeme said...

Para mi el verdadero arte es el que surge del pueblo, el folklore, y este es la vera cultura, al revés de lo que dicen ustedes los académicos, que sólo las “bellas artes” ligadas al mundo académico son “cultura”, punto de vista que se refleja en el discurso del canal 22 por ejemplo en el que usted Morsa participa. Cuestión de enfoques.

Morsa said...

José,

Pienso que todas las manifestaciones culturales tienen valor. Creo, sin embargo, que las más gozosas en muchos sentidos son las que vienen de un trabajo fuerte, por ejemplo, en un instrumento. Vamos, que llegar a tocar el violín como Heifetz es algo que va más allá de la cultura popular.

Seamos francos, muchas expresiones culturales del pueblo no tienen ninguna preparación, ningún trabajo serio detrás. Las máximas y mejores expresiones artísticas se dan cuando hay mucho trabajo de los artistas.

Y que conste, no quiero desmerecer ninguna expresión popular. Es una cuestión de trabajo atrás de ello.

saludos

José María Leyva Cajeme said...

¿Sabía usted que supuestamente han encontrado flautas de hueso asociadas a yacimientos arqueológicos del homo neanderthalensis?, ancestro de ustedes los blancos; ¿sabe desde cuándo se puede escribir la música con el método moderno (al cual le antecedieron los métodos bizantinos y gregorianos para cante religioso que datan de por lo menos el siglo IX o X)?, fue aproximadamente desde el siglo XVI o XVII, es decir que son cerca de 400 o 500 años de música moderna escrita, de la cual surge la “música clásica”, contra miles de años de música aprendida de oído y de tradición oral. Aún la “música escrita” para decodificarse necesita elementos extras que dependen de las tradiciones instrumentistas por ejemplo del momento en que se escribieron y que se aprendían oralmente e que van sufriendo transformaciones, por eso las recreaciones que hacen hoy de la música medieval no suenan como se escuchaban cuando se compusieron, y aún en tiempos “modernos”, del barroco para estas fechas por ejemplo se han transformado verbi gratia los modos de afinar los instrumentos y con ello se trastoca totalmente el sistema musical y por eso las recreaciones que hoy hacen de música barroca suenan diferente a cómo sonaban en el tiempo en que se compusiereon. Por cuestiones como estas la antropología cultural, no yo, cree difícil poder probar que unas manifestaciones culturales sean mejores que otras, porque la forma que se cree más “perfecta” que es la académica y escrita actual en realidad no lo es del todo escrita sino que tiene un trasfondo de tradicional oral, y cuando se hacen afirmaciones así diciendo que una manifestación es mejor que otra (en el fondo es la suya aunque la disfrace de más tolerancia) entonces es sólo en base a prejuicios etnocéntricos, así que si para ustedes las “bellas artes” académicas son las únicas que pueden llamarse “cultura”, eso no anula que para mi sólo el folklore es cultura y lo académico es incultura como acusan ustedes de serlo al folklore al negarle el grado de cultura por tener "menos trabajo" detrás, como dice usted.

Morsa said...

Yo creo que hay muchas actividades humanas que califican como cultura. Yo nací y viví gtan parte de mi vida escuchando música clásica, aprendiendo de Bach, Mozart, Vivaldi, etc. y de toda la pléyade de intérpretes que han tocado hasta el agotamiento las grandes obras.

Yo -me va a perdonar- le doy más valor a un concierto de Bach que al mariachi loco, sin negar que esto último es parte de la cultura de un pueblo. Yo valoro en términos de esfuerzo, de trabajo, de lograr arte a través del incansable ejercicio de estudiar y repetir estas obras para tocarlas correctamente.

Me va a perdonar, José, pero usted tiene un problema racista. Algo le incomoda profundamente y a cada cosa que sus interlocutores puedan decir, les pega la etiqueta de la raza, de si se es blanco o no. Creo que es exagerado etiquetar todo desde esa perspectiva particular.

saludos

José María Leyva Cajeme said...

Yo crecí oyendo que los “indios” son “incultos” e “ignorantes” porque a sus manifestaciones no las consideran cultura, y me ofenden seguido diciéndome “indio”, “mugroso”, “ignorante” y hasta me mientan la madre sólo por no ser como se supone un “civilizado” mexinaco. El racismo lo inventaron ustedes los blancos, no se le olvide, gracias a la lengua y la mentalidad de sus congéneres españoles que impusieron acá desde el siglo XVI hoy todavía me dicen tantas descalificaciones por no ser blanco como usted, yo sólo les volteo la tortilla de sus propio veneno, contra los blancos y contra munchos mexinacos mestizos e mulatos que me ofenden diciéndome “indio” porque se creen blancos los muy ilusos enagenados.

Morsa said...

José,

Yo no inventé el racismo, ni términos degradantes contra otros. Yo no tengo la culpa de nada. Mi color de piel, o ser descendientes de españoles es algo que en mi opinión es un accidente. Vamos, ni pedí nacer. No me puede achacar culpas de eso. Y creo, nos estamos saliendo del tema.

saludos

José María Leyva Cajeme said...

En la entrada de este su blog sobre Adela Micha usted me rebatió con argumentos parecidos a los del racismo “científico”, dando a enteder por ejemplo que el racismo, la desigualdad es algo prácticamente natural, pues según usted “los ha habido en todas las épocas” ¿ya no se acuerda?:

http://la-morsa.blogspot.mx/2012/10/el-doctorado-honoris-causa-de-adela.html

Morsa said...

El racismo ha estado en la hsitoria de la humanidad siempre. Yo creo que en muchos casos usted, José, hace4 demasiado hincapié en esto. Si la TV cultural no presenta lo que ud considera relevante, es que la TV cultural está controlada por blancos, judíos y/o racistas. Si se habla de la Academia, está llena de perversoso caucásicos que quieren mantener el establishment a como dé lugar.

En mi opinión no es así. Sin duda hay que luchar muchas veces contra estas situaciones pero yo no las veo cotidianas. Yo tengo alumnos de todas las clases sociales y a todos los trato por igual. Aprueban los que trabajan, no los que son blancos, judíos o que me caen bien. En eso soy irreductible.

Lo que usted hace me recuerda a las críticas de la izquierda a cualquier acción de quienes detentan el poder: buscan privatizar, buscan pingües ganancias. Nunca piensa en el país. Sólo en ellos. Sus mentes retorcidas solamente piensa en el dinero, sin importar si al país se lo carga el payaso. Yo no creo que haya gente así en general. Pienso que sí, quienes tomasn las grandes decisiones verán por sus intereses, pero no a costa de todo y pasando por encima de todos. Eso me parece una exgaeración de la izquierda en este caso o de la crítica de quienes no están en el poder. Pienso que si estuvieran en el poder harían lo mismo que critican.

saludos

José María Leyva Cajeme said...

No invento que los que acaparan el dinero para hacer la “televisión cultural” son blancos, ya le he dicho nombres, usted mismo y su amigo Gordon lo son, y también le he dicho nombres de munchos académicos de peso que munchos son de origen “judío” por ejemplo, eso en la misma entrada sobre Adela Micha ya citada.

Tal vez usted sea diferente en su trato con los alumnos, pero no en su discurso, vea como sigue diciendo que es irrelevante hablar de racismo dando como a entender que es algo natural e insoslayable.

Y vea cómo sigue dando a entender que hay que olvidarse de la igualdad, de la justicia, en aras del “bien del país”. Este “país” de "miércoles", y el mundo, estarían mejor si la mayor parte de las riquezas no se acapararan por una minoría, se supone que el 82% de la riqueza la acapara el 20% de la población mundial. No entiendo cómo puede apoyar a un candidato de “izquierda” como “El peje” y tener ideas tan de derechas.

Morsa said...

Ser blanco o no no es culpa mía, José. Yo no soy racista y entiendo que es un mal que hay que erradicar. Pienso que no es fácil pero tampoco es insalvable.

No creo que el racismo sea natural. Pero tampoco creo que todos seamos racistas contra todo aquel que no tenga la piel blanca. Eso es poner en blanco y negro una problemática que es muy compleja. La sobresimplifica y además, parece decirnos que todos los blancos estamos en el fondo buscando denostar a los que no tienen nuestro color de piel. Eso percibo de su mensaje.

No apoyo al Peje. Me parecía el menos malo de los tres pero me parece igualmente nefasto. Soy de izquierda porque me informé, formé y deformé en la facultad de ciencias de la UNAM. Tengo conciencia de lo mal que está este país, pero no creo que las cosas puedan cambiar de la noche a la mañana o diciéndole al presidente "cállate chachalaca".

Vamos, el Peje tiene entre sus filas a Bartlett, quien tiró el sistema en el 88. Y nadie dice nada. Aquí los políticos hacen turismo de acuerdo a qué partido les conviene más. Vea a Rosario Robles, por ejemplo.

Yo dudo que el imbécil de Peña Nieto pueda hacer algo por este país. Pienso, desde luego, que la riqueza está muy mal distribuida y que hay que buscar que la mayoría tenga acceso a los servicios de salud, al trabajo, etc. Pero no caigo en las babosadas de la izquierda mexicana, ni del peje, que es un traidor (ya traicionó a Ebrard de facto para dentro de seis años, que de nuevo, se lanzará a querer ser presidente).

Así, veo un país en una problemática muy difícil. Eso va más allá de etiquetarme de derecha o de izquierda, lo cual la verdad, me tiene sin cuidado.

José María Leyva Cajeme said...

La identidad permea todo los quehaceres de la vida, eso la misma antropología cultural lo reconoce, la identidad es la categoría básica para definir lo propio y lo ajeno, lo “bien hecho” y lo “mal hecho”, lo “superior” e “inferior”, y mi experiencia lo confirma, a cada paso que da la “gente” siempre está tratando de descalificar en todo al que considera “diferente”, al que etiquetan generalmente como que “no sabe hablar”, “no piensa”, “se viste mal”, sean veros blancos o blancos hechizos mestizos e mulatos de estas tierras que en realidad están más prietos que el sobaco de un grillo, los pobres diablos se creen blancos para sentirse mejor consigo mismos, se van apropiando de los valores del grupo hegemónico que es el blanco para no sentirse tan "inferiores". Cheque este video de la CONAPRED:

http://www.youtube.com/watch?v=jcxG0H5aTO8

Vealo de esta forma: vsted como saca buen provecho del sistema social vigente lleno de desigualdad, por eso en el fondo lo defiende, y aunque usted pretenda ser de izquierda y ser crítico, como dicen sus congéneres españoles sus palabras suenan “más de derechas que don Pelayo”, yo en cambio sin ser de izquierda o derecha critico el sistema porque estoy totalmente al margen, como soy “indio” ni trabajo tengo, no me consideran capaz de nada, así que por eso puedo criticarlo a fondo, no tengo nada qué perder ni qué ganar, como diría Nietzsche estoy más allá del bien y del mal, del arriba y abajo, del atrás y adelante, no tengo los mismos límites que moldean la mentalidad de las mayorías, incluido usted. Para mi tan basura es “El gavioto” como Ebrard, ese peor es libanés, o “El peje”, o el subcomediante Marcos que también es blanco y ahora anda de nuevo queriendo armar alharaca.

Morsa said...

José,

yo no saco provecho de nada. Si yo no hubies estudiado (en la UNAM), si no me hubiese aplicado, no sería físico ni profesión alguna. Quien se dedica, quien trabaja, puede acceder a otros puestos que están vetados si no se tienen las credenciales académicas. Conozco más de un blanco -como los llama- que no se recibieron nunca y por ende, no pueden ser siquiera ayudantes de profesor en la facultad. Nadie me regaló nada. Yo he trabajado y si resulté de piel blanca, accidente del destino. Yo no tengo ninguna culpa de ello, como tampoco tengo culpa de las desigualdades sociales que imperan en el país.

Conozco muchos físicos de piel morena, muy mexicanos, y trabajan en institutos de la UNAM, dan clases, etc. No son discriminados por su piel. ¿Saben? ¿han trabajado para estar en el nivel académico deseado? pues las oportunidades llegan.

Le puedo sonar muy de derecha y me tien sin cuidado, porque todo lo pone en blanco y negro, no matiza y todos los blancos, judíos, y demás, todos somos malos con los "indios" de este país, amén de que para usted los blancos sólo buscamos nuestro provecho a costa del pobre, del indio, del despojado. Todo eso es ridículo.

saludos

José María Leyva Cajeme said...

No todos los que estudian llegan a ser académicos de renombre, el estudio no es garantía de éxito ni aún pudiendo tener buenas calificaciones, lo que importan son las influencias, los conectes, y los blancos acá tienen mayores oportunidades en ese aspecto que los que no somos blancos, por eso predominan ustedes en las academias y no la gente mestiza, mulata e “india”. Por ejemplo en el INAH me tocó ver más de una elección de profesores con “examen de opsición” para la ENAH y de un director de la misma escuela, todo mundo sabía quién ganaría, ya todo estaba preestablecido, muchos conocí que tienen maestrías, doctorados, y también años de ser profesores sin base, les llaman “hora-semana-mes”, e son unos cuantos con conectes los que agarran las plazas de “investigador”, y en la elección del director de la ENAH ganó uno por la vía de los votos mas el director del INAH impuso a otro, al que se le pegó la gana, un compita de él; huelga decir que todos eran blancos, algunos con apelativos no hispanos, por ejemplo una directora de la ENAH tenía como segundo apelativo Saint Martin, no sé si sea francés o catalán. Hoy menos que nunca con estudio y trabajo se avanza en nada, los que dicen que sí se puede son de ideas más bien fascistas, precisamente en una entrevista escuché que Mancera decía cosas parecidas, y ya ve ahorita como la agarró contra unos pobres perros para pararse el cuello de ser muy “eficiente” y lavarse las manos e no investigar más sobre un caso que parece ser de asesinatos en serie ahí en Iztapalacra hechos por “humanos”.

Morsa said...

Toda la experiencia que me cuenta, José, es lamentable, pero no creo que sea un hecho generalizado. Insisto, hay que matizar, no se puede poner todo en blanco y negro.

Y desde luego, no todos los que hacen maestrías y doctorados llegan a grandes puestos, pero me queda claro que hay muchísimos académicos que viven una vida razonablemente buena (con las limitaciones del caso), sin considerar el color de la piel. Insisto, poner todo en términos del color de piel me parece absurdo y en mi percepción académica, es falso su punto de vista.

José María Leyva Cajeme said...

No conozco a mayor profundidad la UNAM pero le he referido suficiente buen número de académicos blancos hijos de inmigrantes de ahí, y mi experiencia de haber sido rechazado de tres postgrados de la UNAM, ello en la entrada sobre Adela Micha citada, para saber que sí hay elitismo, más o menos como en el INAH, lo cual indica que esa situación puede estar bastante generalizada, y usted no quiere aceptarlo porque no le conviene “patear el pesebre”, como dicen.

Morsa said...

Yo soy profesor de asignatura en la UNAM. No tengo plaza ni vivo de prebendas. Trabajo como profesor y me pagan por ello. No veo dónde es que no quiero "patear el pesebre". Eso es un insulto, José.

José María Leyva Cajeme said...

Para mi “patear el pesebre” sólo signifca no atentar contra eso que le de de comer a alguien, no es insulto. Aunque vsted no tuviese plaza de todos modos de ahí come, de la UNAM ¿qué no?, o saca parte de su dinero para vivir, en cambio como le dije yo ni siquiera tengo una chamba como la que dice usted tener, yo no saco dinero ni del INAH ni de ninguna “institución cultural o edicativa”, ni del gobierno, ni de ninguna empresa, por eso soy capaz de hacer críticas más a fondo a este sistema de porquería que está establecido en “México”. Y se me olvidaba recordarle, una prueba máxima de elitismo, racismo cabal, de la UNAM es cuando me echaron del Instituto de Investigaciones Históricas sólo por mi porte (humilde y no blanco) por el que les parecí “sospechoso” de ir a robar ordenadores.

Aldebarán said...

Morsa:
Me sorprendió el número de comentarios al post sobre su papá. Me gusta lo que cuenta y realmente, hay cosas que uno aprende de sus mayores y las aprecia hasta mucho tiempo después.

Por último, le recuerdo lo que siempre platicaba con nuestro amigo común Rafael Menjívar Ochoa: No alimente al troll.

saludos

José María Leyva Cajeme said...

Para mi son más trolls esas pandas de blancos que llegan acá con una mano adelante e otra atrás, y con cara de que no rompen un plato, e poco a poco se van adueñando de las mayor parte de las riquezas de estas tierras a costa de la pobreza de las mayorías mestizas, mulatas e “indias” y con la venia de la elite blanca ya establecida y que gobierna “México”, e si alguien habla del asunto dicen “no es cierto”, “acá no pasa nada”. Eso sí es ser todos unos trolls perversos.

José María Leyva Cajeme said...

Ya por último: dice vuestra merced que el racismo “siempre ha estado en la historia de la humanidad”, pero si bien podemos decir que formas distintas de discriminar siempre las han habido, el racismo propiamente dicho, en el que se echa mano de los argumentos modernos de “raza”, se gestó entre el siglo XVI, pasando por el siglo XVIII y sobre todo en el XIX, con los argumentos modernos de la “evolución”.