Cada sexenio, en este México nuestro, se exhibe algún chivo expiatorio desde la tribuna política. Por ejemplo, Rosario Robles, que se siente más santa que la Virgen de Guadalupe, es posiblemente el candidato al chivo expiatorio del sexenio, en donde ella declara su inocencia, a pesar de que en cada audiencia le encuentran más mentiras que ha negado una y otra vez. Pero al menos, para el imaginario popular mexicano, la Robles está en la cárcel porque en la 4T (cuarta transformación), los pillos no quedarán incólumes.
Pero a través de los años he llegado a la conclusión de que todos estos arrestos, toda esta faramalla de la justicia a la mexicana, es una ilusión que no resiste la prueba del tiempo. Hay N casos: por ejemplo, tenemos a "el divino", Angel Isidoro Rodríguez, un banquero (que a principios del siglo XXI) que huyó a España cuando se dieron a conocer los escándalos bancarios en 1994. Su historia contiene una escapatoria de película, lanzándose al mar desde un yate para no ser arrestado, aunque finalmente la policía española lo atrapó. Lo extraditaron y en México y este señor, amparado hasta los dientes, evitó la cárcel y hasta donde sé, está libre, disfrutando de una probable fortuna mal habida. Su historia aquí.
Otra historia, más reciente, es la de este gobernador de Veracruz, Javier Duarte, el cual huyó del país cuando ya la justicia lo tenía prácticamente atrapado. Y lo terminaron aprehendiendo en Guatemala. Hoy el exgobernador sigue preso, pero montones de cargos de la Procuraduría de Justicia de este país bananero, ya han sido desechados. Al rato saldrá libre y le tendremos que pedir perdón. A todo esto, la mujer del exgobernador vive en un sitio muy costoso en Londres, Reino Unido, y parece enfrentará un juicio para ser extraditada, pero eso será hasta fines del 2020.
Y si hablo de todo esto es que hoy se dio la noticia de que han atrapado al exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, el cual parece haber hecho un desfalco millonario a la paraestatal. Lozoya fue encontrado en un grupo residencial, en Málaga, donde de acuerdo al periódico El País, es una especie de paraíso privado para millonarios y que estaba ahí con una identificación falsa. Y ahora habrá un juicio de extradición para que enfrente la bonita justicia mexicana. Por el momento es el siguiente chivo expiatorio en esta 4T y se espera que pague por los delitos que cometió.
Pero no nos hagamos ilusiones. Primero, toda esta gente que apresan, no se ve claro que restituyan los daños ni que regresen el dinero sustraído, o al menos no se habla de eso. Pero además de esto, es evidente que las argucias legales de los acusados van aparejadas de muchos dinero y de abogados con mucho colmillo, que encontrarán, en caso de que haya extradición, la manera de ampararse -así como el divino- y termine Lozoya regresando a tierras mexicas para que a la larga, absuelto o no, viva de su fortuna, probablemente también mal habida.
La justicia mexicana funciona así, en el mejor de los casos. Ha habido ocasiones que hacen tan mal las cosas, que arman un expediente de pruebas defectuoso y todos sus esfuerzos resultan inútiles ante la habilidad de los abogados de los acusados. Y si logran la extradición, hay un catálogo de recursos que estos defensores de la justicia y de sus clientes, que hallarán mil formas diferentes para que no pisen la cárcel y que vivan en su casa.
Y si creen que exagero, les recuerdo a la "maestra" Elba Esther Gordillo, que fue metida en la cárcel, acusada de lavado de dinero, asociación delictuosa y más
Y no nos asombremos, hablamos de la peculiar justicia a la mexicana.
____
(*) Me gusta esta foto de Lozoya... Me gustaría decirle: "¿De qué se ríe?"




















