Tuesday, March 13, 2007

¿Qué tan honrado es usted?

El mundo de la tecnología casi siempre va de la mano con el de la mercadotecnia. Alguien inventa un dispositivo X, que resuelve una dificultad Y, y en menos de lo que imaginamos, ya hay un tercero que está viendo la manera de comercializarlo. Esto se da incluso cuando hablamos de software, que curiosamente, es algo intangible. Uno compra un programa que nos permite realizar alguna tarea en la computadora. Nos dan un medio físico en el cual el programa está almacenado. Lo instalamos y el código al final de cuentas son ceros y unos en la memoria de la computadora. Pero incluso esto también se vende.

Pues bien, con el avance de la electrónica y las telecomunicaciones, ya no es de extrañarse ver casi a cualquiera con un teléfono celular o un biper (supongo que se llama así porque hace “bip”). En un inicio, hacerse, por ejemplo, de un teléfono móvil, significaba tener un contrato por un tiempo determinado, firmar de aceptado, etc., es decir, el clásico protocolo que aceptan dos partes en cualquier negocio. Eso, en lo que respecta a la telefonía celular, se ha acabado. Ahora hay el “plan amigo” (y todos esos nombres agradables y bonitos para cobrarnos), en donde los usuarios de algún servicio de telefonía móvil compra tarjetas con tiempo-aire, de manera tal, que uno solamente tiene acceso a usar el teléfono por el tiempo contratado. Cuando éste se agota, hay que ir a la tienda más cercana y comprar una nueva tarjeta, la cual nos dará más tiempo telefónico.

Las tarjetas telefónicas no son más que un pedazo de papel –tamaño tarjeta de crédito– que tiene un código que se alimenta al teléfono y entonces nos da tiempo aire. Si el código alimentado no es correcto, pues simplemente no hay manera de usar el teléfono. Para evitar que cualquiera copie el código de la tarjeta de tiempo-aire, éste viene cubierto por una tinta que protege todo el largo número. El comprador entonces usa una moneda para raspar y retirar la tinta y descubrir el código impreso. La idea es genial, sin duda. De esta manera, todo el control del tiempo-aire de cada teléfono celular se lleva a través de un software que valida, en la central telefónica, cada código de cada tarjeta y entonces el negocio es redondo.

Sin embargo, una cadena es tan fuerte como su eslabón más débil, y el software en este caso es probablemente, la parte más susceptible de ser atacada por los bandidos cibernéticos. Imaginen entonces que alguien encuentra la manera en como se generan los códigos que otorgan tiempo aire y crea un programita que le da al usuario del mismo, el código legal –sin pagar desde luego por éste. Más de uno dirá que esto es ilegal, pero ¿no es ilegal copiar música de discos compactos y pasarla a los reproductores de mp3 como el iPod? ¿O no es ilegal copiar películas en DVD? todo el mundo lo hace, ¿o no? O vayamos más lejos: ¿No es el costo del teléfono celular carísimo en nuestro país? Nomás compare lo que paga cualquiera en Estados Unidos por ese mismo servicio, quien se horrorizará de saber lo que pagamos aquí. Pero bueno, si le pregunto a usted, lector, lectora, si es honrado, ¿qué me contestaría? Invariablemente que sí, ¿o me equivoco?

Pues bien, me encontré hurgando en la red Internet un programa que da tiempo aire gratis, sí, ¡gratis! ¿Lo quiere? ¿le gustaría tener tiempo aire sin pagar por él? Mándeme un correo (a morsa@la-morsa.com) si quiere el programa y le daré instrucciones de cómo hacerse de él, sin pagar un solo centavo. Finalmente, como alguien me dijo cuado vio el programa: “bueno, es un crimen sin víctimas, ¿verdad?

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