Wednesday, January 06, 2010

¿Naturaleza humana o usos y costumbre?

Hace unos años acompañé al Dr. Jaime Litvak a casa de su madre. Estacionó su coche en la puerta de la casa de su progenitora y pasamos quizás dentro de ella unos 15 minutos. Cuando salimos, encontramos que le habían robado la parrilla al auto del buen doctor. Obviamente se molestó, pero ya de regreso hizo la siguiente reflexión: "Fíjese, Manuel, que esto del robo es algo más cotidiano y común" (el doctor le hablaba a todos de usted) y continuó: "es algo que la gente ha hecho alguna vez".

No sé si el Dr. Litvak tenía razón o no sobre si la mayoría de nosotros ha cometido algún hurto, incluso quizás infantil: robarse unos dulces, un lapicero, qué sé yo. Lo que sí es que normalmente tenemos que cuidarnos de posibles asaltos. Por ello ponemos llaves en las puertas, candados en las rejas, alarmas en edificios, en los autos, etc. La cuestión es que el robo parece ser algo más cotidiano y común a todos nosotros y no una labor de unos pocos contra los ciudadanos honrados.

Todo esto viene a cuento porque he caído en la cuenta que el hombre es mentiroso por definición. No sé si son usos y costumbres o es algo inherente a la naturaleza humana. Hace un par de días escribí sobre un telefonema de alguien que me decía que me había ganado un celular y un viaje al Caribe. Nada de eso era cierto. La cuestión era que con este "gancho" me apersonara en la dirección que me dieron y ahí harían la labor de quererme vender un tiempo compartido o quizás incluso, encajarme un celular y cobrármelo a mi tarjeta de crédito sin que yo lo hubiese autorizado. El asunto es que quien me habló está entrenada para mentir, y miente sin ningún remordimiento. De hecho, después de la llamada que recibí originalmente, hubo una nueva a los dos días. Cuando me indicaron que era una promoción de Visa/MasterCard le interrumpí, le dije a la señorita que hablaba que sonaba raro que dos tarjetas competidoras me hicieran un regalo, es como si Coca Cola y Pepsi hicieran una promoción juntas. La señorita, amablemente, debo reconocer, me dijo que así se llamaba la promoción. Entonces la interrumpí de nuevo: Le pedí el número del permiso de Gobernación de Rifas y Sorteos. Me indicó que sin ningún problema me lo podía dar... Y me dijo: "anote por favor... 90 24...". Pero la volvía a interrumpir, le dije algo así como: "Vamos mal, señorita, los concursos avalados por Gobernación empiezan con el año en el que se otorgó el permiso a la empresa que hace la promoción. Así, hubiese esperado que empezar con 2009 al menos". Y entonces, cuando quise continuar preguntándole ¿por qué me mentía? ¿qué clause de fraude se cocinaba? Me colgó sin poderle hacer esas preguntas.

Este caso quizás no es el más común, pero es un hecho de que la gente miente y no parece importarle. Otro más se ve a cada rato en Internet. Hoy me llegó un correo de Yahoo en donde se me indica que en la Lotería Británica me gané 1 millón de libras esterlinas. Me mandan una forma para poder cobrar mi premio, pero debo mandar mis datos a alguien que está en ... ¿Sudáfrica? Bueno, esto es parte del famoso fraude nigeriano, del cual ya he hablado antes aquí. De nuevo, ¿por qué la gente miente? ¿por qué engaña? evidentemente para robarnos, pero si no caemos entonces aquí no ha pasado nada y el mentiroso siempre queda sin castigo.

Por ejemplo, hace unos meses se empezaron a recibir llamadas en mi casa, a eso de las 11:45 de la noche, de alguien que a gritos decía que estaba secuestrado y que le pasara a su papá. Quizás en una semana hablaron unas cuatro veces. La última vez que lo hicieron les dije que no había en este lugar papá de nadie (cosa cierta) y que entendía su problema en caso de ser cierto, pero que no podía hacer nada. Dejaron de molestar entonces. La idea es que cuando alguien nos habla a gritos, desesperado, y se identifica con un nombre de algún familiar nuestro, perdemos la capacidad de discernir y entonces creemos que nuestro pariente sí está secuestrado. Nos piden dinero o tarjetas de teléfono o cualquier otro bien y estaremos dispuesto a darlo, aunque todo sea una mentira de una sarta de vivales que sacan provecho a la psicología del momento en particular.

Este esquema se repite con gente que miente por teléfono hablándonos e indicando que es un sobrino de nosotros y que tiene un problema económico, que si lo podemos ayudar. Nosotros quizás no nos acordamos de dicho sobrino, pero asumimos que nadie que no sea nuestro sobrino hablaría para mentirnos así, y sin embargo nos hablan a ver si nos pueden sacar dinero. De nuevo, mienten y si nos engañan nos habrán sacado dinero en el mejor de los casos. Si no logran el engaño ni quien les diga nada.

Y si esto parece absurdo y puede que lo sea, pues qué podemos pensar de aquellos que nos querían "vender" la vacuna contra el virus A H1N1, cuando aún ésta no llegaba al país. Vaya, que no faltará quien quiera sacar ventaja mintiendo, pero lo peor para mí es que si no se sale con la suya, nunca reciben castigo alguno por mentir.

Más de uno podrá decir que hay muchos niveles de mentiras, hay incluso mentiras piadosas y uno entiende que a veces hay que mentir, por ejemplo, cuando no queremos decirle a alguien del cual hemos sabido sufre una enfermedad difícil, o bien, cuando hablamos de Santa Claus o de los Reyes Magos a los niños como si de verdad existieran. En este caso podría pensarse que a lo mejor está justificado el mentir y que hasta hay ocasiones en que es necesario. Puede ser.

Yo ya no sé. Sólo entiendo que el hombre ¿tiene costumbre? de mentir y que no lleva en general ningún castigo el sorprenderlo en la mentira. La cuestión sería ¿naturaleza humana o usos y costumbres de los seres humanos?

6 comments:

chem-man said...

El hecho de que muchas personas mientan o roben, no significa que esto sea parte de la naturaleza humana. Es algo malo que no se debe hacer y no se puede justificar de ninguna manera.

Morsa said...

Chem-man...

El asunto es si el mentir es parte de nosotros como naturaleza humana o es algo que tiene que ver con los usos y costumbres. ¿Cómo crees que pueda justificarse?
saludos
Manuel

Ernesto said...

Yo creo que es cultural, aunque el impulso básico es ser egoísta. Y tiene sentido, el ser más importante para cada persona, es uno mismo.

También aprendemos que nos conviene actuar de una forma no tan egoísta, porque nos beneficia.

Sobre las mentiras, creo que es más bien cosa del mexicano.
En otros lugares se miente también, pero es muy mal visto.

Si descubren que alguien mintió, se le excluye de la sociedad, los vecinos y conocidos evitarán asociarse con esta persona.

En cambio aquí en México, hay gente que hasta se vanagloria en que consiguió con mentiras, transar a otra persona.

peter said...

Pues no te se decir si es naturaleza humana o costumbre porque no soy antropólogo. Lo cierto es que se ha visto que el mentir es en cierta medida un mecanismo de defensa para mantener el tejido social a nivel relaciones interpersonales, ¿cuantas veces no hemos mentido para complacer o no herir un ser querido? ¿o alguien a quien estamos subordinados, tu jefe, un profesor? ahora, lo malo es cuando se usa la mentira cruzando la linea entre lo que es y no ético, como en los ejemplos que pones. Siempre es interesante leerte, lástima que hasta ahora encontre tu blog personal.

Saludos Manuel

Morsa said...

Yo creo que el mentir se aprende. Un niÑo miente en determinadas condiciones y hay montones de experimentos en donde se muestra que hace algo que no debería hacer y cuando se le pregunta si lo hizo, miente al respecto, quizás por temor a un regaño, por ejemplo. A mí me parece una conducta aprendida hasta el momento.

Y gracias Peter por tus comentarios sobre mi blog.

saludos
Manuel

Ritch said...

Yo creo que es ambas cosas. El hecho de ver que muchas personas mienten (políticos, comerciantes, artistas, vamos hasta el presidente), de vivir en un ambiente de deshonestidad, de alguna manera provoca que nos sintamos menos culpables si nosostros mentimos también. Decimos "si otros lo hacen ¿por qué yo no?".

Como dice Ernesto, si el mentir fuera acompañado de una reacción desaprobatoria (entre más inmediata mejor, y de acuerdo a la gravedad de la ofensa también), entonces mentiríamos menos.

En resumen los usos y costumbres de la sociedad enfatizan la naturaleza humana de imitar el comportamiento de los demás.