Hace ya tiempo que en este país se quiere imponer una moda educativa que es poco menos que absurda: se trata de que los niños aprendan a razonar y no que se aprendan de memoria las cosas y se repitan. La escuela, dicen los promotores de esa idea, es para que los infantes aprendan a discurrir y no a repetir como merolicos las cosas, sin saber siquiera qué están diciendo.La realidad de las cosas, en mi opinión, es la siguiente: ,quienes propugnan por esta idea no tienen la más remota idea de lo valioso de la repetición. Pondré un ejemplo, el cual es muy significativo: las tablas de multiplicar. Intenten hacer cualquier operación, por simple que sea: 8 por 6, por ejemplo. Si a ustedes les obligaron a aprenderse de memoria las tablas notará que el resultado 48, llegará a la mente automáticamente. No hay que pensar en cuántas veces es 8 veces 6 (o 6 veces 8). Sin duda es importante que el alumno sepa cómo salió ese resultado, pero una vez entendido y razonado esto, la practicidad de aprenderse las tablas de memoria resulta invaluable.
De hecho, muchísimos actos de la cotidianidad humana están basados en este conocimiento aprendido y repetido hasta el cansancio. Un ejemplo sería el conducir un automóvil. Todos los que aprendimos a manejar un auto tuvimos que enfrentar los problemas típicos de esto: los otros automóviles, los conductores que piensan que uno va súper lento y nos rebasan incluso agrediéndonos con el claxon o quizás aventándonos la lámina, por ejemplo. Además, tuvimos que sortear las dificultades si es que aprendimos a conducir un auto de velocidades manuales. Hay que escuchar el motor para hacer el cambio adecuadamente y no forzarlo. Y si todo esto fuera poco, además hay que llevar el coche por el carril por donde transitamos, observar el derredor, vigilar las señales de tránsito (semáforos, avisos, etc.), cuidarnos de todos y todo. La labor parece titánica, pero no lo será tanto si vemos cuánto conductor hay en la ciudad, ¿no?
El asunto es que cuando aprendemos a manejar y después de practicar un buen número de horas, entenderemos mejor el tránsito citadino, podremos ir platicando con quien sea el copiloto en algún momento, o escuchar el radio, insultar a viva voz a quien se nos metió a la brava, pensar en la inmortalidad del cangreso, etc. Todo al mismo tiempo. ¿Cómo es eso posible? La respuesta es simple, porque ya nos sabemos, por decirlo de alguna manera "de memoria", cómo conducir un auto. Esa información, a base de repetición, nos ha llevado a automatizar el proceso y el cerebro, en el subconsciente, actúa sin que nosotros pensemos y racionalicemos todo.
De hecho, si vamos conduciendo y de pronto se nos viene encima un auto, probablemente demos un volantazo instintivamente. Es claro que no hay tiempo para razonar el evento y decirnos en la cabeza: "se acerca un auto contra mí a toda velocidad. Debo tomar una acción preventiva, quizás dar un giro brusco para evitar una colisión". No, no podemos actuar así porque al razonar este evento no tendremos la velocidad que requiere la circunstancia para tomar acción. Por ello mismo, es importante mecanizar, aprender de memoria, en muchas ocasiones. Es claro que este aprendizaje no es "repetir como merolicos", no. Es un proceso que a través de la repetición estamos metiendo en el subconsciente toda la información que en algún momento se asentará en ese lugar misterioso del cerebro humano y tendremos a la mano acceso a esa información sin necesidad de pensar siquiera.
Por ello mismo, la tendencia de que los alumnos no aprendan nada de memoria es incluso una tontería y demuestra una vez más que quienes piensan que la educación es solamente razonar, entienden muy poco de cómo un niño se va desarrollando y aprendiendo cosas.



















