Hace ya muchos años de esto, cuando empecé mis pininos en este fascinante mundo del ajedrez, mis abuelos maternos me trajeron de Argentina mi primer ajedrez de competencia, con todo y tablero (que era cafe y blanco). El material de dicho juego es baquelita. Como las piezas no tenían peso, pero eran huecas, le agregué balines para que, precisamente, pesaran un poco más. En este ajedrez se llevaron a cabo grandes hazañas, de las cuales han quedado incluso marcas físicas (una torre despostillada, por ejemplo). Hoy está celosamente guardado.
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