Wednesday, July 16, 2008

Percepción extrasensorial en casa

Todos alguna vez hemos tenido precogniciones. Hemos sentido -sin causas aparentes- que algo va a ocurrir y así sucede. En ocasiones -quizás- hemos dado como un hecho que sabíamos lo que nuestro interlocutor estaba pensando, o bien, nos encontramos en casa, meditando sobre cierta persona y en ese momento suena el teléfono y para sorpresa de propios y extraños, se trata de la persona a la que le dedicábamos nuestros pensamientos.

Sin embargo, todos estos testimonios no son suficientes para poder demostrar que existe la telepatía, la telequinesis (mover objetos sin tocarlos) o la percepción extrasensorial (P.E.S.). Nadie dice que la gente que haya sentido algo que después ocurre esté mintiendo. Lo que queremos decir en este caso, es que no bastan los testimonios para dar como existente este tipo de fenómenos. Hace falta un estudio más científico y serio para discernir lo falso de lo auténtico.

Si se piensa analizar los fenómenos relacionados con la P.E.S., la probabilidad y estadística son las herramientas más utilizadas y desempeñan un papel preponderante a la hora de determinar la existencia real de tales acontecimientos. En este caso, se establecen los objetivos del experimento (¿qué se desea medir?). Luego, se consiguen uno o N sujetos que realizan un gran número de conjeturas, y después se analizan sus resultados para ver si se han producido desviaciones significativas de la casualidad. Durante muchos años, los registros de estos experimentos se solían registrar a mano, cuestión muy criticada de forma persistente. Sucede además, que la mayoría de los investigadores dedicados a la P.E.S. son firmes creyentes de la misma, por lo que muchas veces, los resultados carecen de la objetividad científica mínima y por supuesto, la comunidad interesada no tarda en criticarlos por su falta de controles, entre otras cosas.

Es evidente que todo experimento científico es sesgado de una u otra manera por los prejuicios de los investigadores. Consciente o inconscientemente, la creencia que nuestra hipótesis de trabajo ha quedado confirmada nos hace perder el rigor que la ciencia impone y tales errores tienden a favorecer una creencia. Por ejemplo, en pruebas de psicocinesis, donde los sujetos tratan de influir sobre la caída de los dados, la presencia de cámaras secretas ha demostrado que los registros manuales efectuados por los creyentes, presentan errores significativos en favor de dicho fenómeno, mientras que los escépticos muestran registros similares, pero en sentido opuesto a los primeros.

Con la aparición de la electrónica y la tecnología de las computadoras, a muchos investigadores se les ocurrió que un modo muy sencillo de protegerse de los errores inconscientes de registro era automatizar el proceso en la medida de lo posible. Dejemos que la máquina , una vez que le hayamos incorporado un eficiente elemento de azar, seleccione los objetivos, y diseñemos a la máquina de manera tal que efectúe el registro permanente e inalterable, tanto de los ensayos como de los ensayos de la conjetura. No obstante, es claro que tales máquinas no son a prueba de fraude; existen escandalosos casos en donde los investigadores manipularon los aparatos para mejorar los resultados. Sin embargo, dejando aparte estos casos de abierta trampa, un aparato electrónico representa una excelente manera de eliminar los sesgos inconcientes en las medidas.

Hagamos un poco de historia: en la década de los 30, se empezaron a construir varios artilugios para contrastar la P.E.S. en determinadas ocasiones. Sin embargo, las primeras pruebas importantes con una máquina electrónica se realizaron hasta 1962, utilizando un sistema denominado VERITAC, que había sido diseñado y construido por un empleado de los laboratorios de investigación de la Fuerza Aérea en Cambridge. Este sistema selecciona al azar dígitos del 0 al 9. Imprime un registro del dígito elegido, la conjetura del sujeto acerca del dígito que se trata, el tiempo que dura cada ensayo y el intervalo de tiempo que transcurre entre la selección del objetivo y la conjetura. Los contadores de la consola de control proporcionan información instantánea de los resultados, pero estos contadores pueden desconectarse si así se desea. Tras cada ronda de ensayos, VERITAC se bloquea y permanece bloqueado hasta que un teletipo imprime los datos.

En el experimento de 1962, cada uno de los 37 sujetos completó cinco rondas de 100 ensayos cada una para tres modos diferentes de P.E.S., realizando un total de 55,000 ensayos. Cuando se analizaron los resultados, empleando conocidas técnicas de significación estadísticas, no apareció desviación alguna del azar, ni a nivel de grupo ni a nivel individual. Tampoco había diferencias significativas entre las puntuaciones obtenidas por escépticos y creyentes.

C. E. M. Hansel, en su libro: “ESP: a Cientific Evaluation”, dice en la última hoja: “Si doce meses de investigaciones sobre VERITAC pueden establecer la existencia de la P.E.S., toda la investigación del pasado no habrá sido en vano. De no establecerse la P.E.S., podrían ahorrarse muchos esfuerzos y muchos científicos jóvenes tendrían la posibilidad de enfocar su trabajo hacia investigaciones que merezcan más la pena”.

Para 1972, el físico Russell Targ junto con el ingeniero David B. Hurt, diseñaron un mecanismo mucho más complejo que el VERITAC original. Targ fue contratado por el Laboratorio de Electrónica y Bioingeniería de Investigación Stanford (SRI por sus siglas en inglés) y en colaboración con Harold Puthorff, físico y cientólogo , decidieron dedicarse a las investigaciones parapsicológicas. Estos dos hombres cobraron cierta relevancia gracias a su pobremente controlado estudio sobre las facultades paranormales de Uri Geller, el cual es en realidad un brillante mago israelí, disfrazado de otra cosa.

Puthorff y Targ consiguieron una subvención de la NASA por 80,000 dólares para realizar sus experimentos de P.E.S. con su nueva máquina. El informe final, de 61 páginas (¡1311 dólares por página!) fue publicado por el SRI bajo el título: “Development of Techniques to Enhance Man/Machine Communications”. Pero pasemos a describir la máquina de Targ. Esta es una caja que presenta cuatro paneles cuadrados, y cada uno de ellos puede exhibir una transparencia en color. Sin embargo, antes de mostrar cualquier imagen, un elemento de azar de la máquina selecciona una de las cuatro imágenes como objetivo. El sujeto trata de adivinar éste, indicando su selección al presionar el botón cuadrado más próximo a ese panel. Tan pronto como el sujeto indica su elección, se enciende una luz tras la imagen objetivo correcta con el fin de aportar retroalimentación y refuerzo. Cuando el sujeto ha acertado, suena un timbre. Un contador situado a la derecha de los paneles indica el número de ensayo (1 a 25). Un segundo contador muestra el número de aciertos.

Desafortunadamente, los resultados obtenidos por Targ y colaboradores no parecen haberse hecho en condiciones de control estricto. Los detractores oficiales, entre los que se encuentran Martin Gardner, han descrito las pobres condiciones de rigor científico impuestas en dichos experimentos, los cuales no dejan de catalogar a los experimentos de Targ como chapuceros y fraudulentos.

¿Pero siempre tiene que ser así? ¿No habrá manera de crear un sistema que elimine los errores sistemáticos en el estudio de la P.E.S.? La respuesta fue entonces crear un programa que emule todas las características de la máquina de Targ y así, estudiar cada quien, bajo condiciones controladas la posibilidad de la existencia de la P.E.S.

Tomemos en cuenta la época en la que fueron desarrollados los experimentos mencionados y el hardware utilizado. Hoy, con el avance en términos de cómputo, copiar vía software la máquina de Targ es un asunto de programación relativamente trivial. La idea entonces es ésa. Reproduzcamos las características del diseño original de Targ y podremos investigar la posibilidad de la existencia de la P.E.S. en la comodidad de su propia casa.


Características Principales

El programa AutoPES, simula todos los elementos de la máquina mencionada. Contiene dos ventanas en la pantalla, donde la de la izquierda aparece la carta seleccionada al azar por la computadora. La ventana de la derecha se encuentra la carta que va a sugerir el sujeto a experimentación, la cual será comparada contra la elegida por la máquina para saber si fue la misma o no. En la parte inferior de la pantalla pueden verse cinco botones, los cuales contienen las imágenes de las posibles cartas que el programa puede elegir al azar. Tales imágenes representan un símbolo elemental de reconocer: Unas rayas onduladas, una cruz, una estrella, un cuadrado y un círculo. A la derecha de la pantalla existen dos contadores. Uno muestra la cantidad de aciertos obtenidos y la. otra corresponde a la cantidad de fallos realizados. Existe una imagen más, que muestra un foco, el cual se pone de color rojo si la carta elegida por el sujeto experimental no correspondió a la elegida por la computadora, o bien, se pone de un color verde, si la carta elegida por el sujeto coincide con la que la máquina escogió. Esto sugiere el refuerzo y retroalimentación que implementó Targ en su máquina original.

Aparte de esto, AutoPES permite guardar toda la sesión realizada con el sujeto experimental, en un archivo en disco, en donde se muestra la carta elegida por la máquina, la carta sugerida por el sujeto en experimentación y el tiempo desde que se generó la carta al azar y el que se llevó el usuario en hacer su elección.


Requerimientos

AutoPES requiere, para poderse ejecutar:

• Una computadora compatible con PC, con al menos 8 megas de RAM
• Disco duro con al menos 1 megabyte libre.
• El programa AutoPES 1.0

Observará que en la ventana izquierda aparece una interrogación. Eso quiere decir que la computadora ya ha elegido al azar una de las cinco cartas posibles. Ahora al usuario le corresponde oprimir alguno de los botones, tratando de adivinar la carta elegida por el sistema. Note que desde el momento que aparece el símbolo de la interrogación, el sistema comienza a medir el tiempo que tarda el usuario hasta que oprime alguno de los botones de las cartas. Cuando el sujeto en experimentación ha realizado su elección, AutoPES muestra tanto la carta elegida por el sistema como la del usuario, las compara y anota si se acertó o no. Al mismo tiempo, guarda la información correspondiente a ese ensayo en disco y acto seguido, busca una nueva carta al azar, avisándole al usuario que de nuevo debe tratar de acertar de qué carta se trata.


Comentarios y dudas razonables

Ahora bien, todo investigador serio debe hacerse algunas preguntas para saber si el programa AutoPES puede ser un aliado en la investigación de la percepción extrasensorial, o bien, se trata de solamente un pasatiempo irrelevante. Yo creo en realidad que el programa tiene puntos débiles, los cuales pueden ser severamente criticados. Para empezar, y es donde creo que, tanto la máquina de Targ como el programa AutoPES, pueden contener la peor crítica, es que ambos adolecen de una función que no genera al azar una carta entre cinco posibles (para el software o cuatro en el caso de la mencionada máquina). Las funciones azarosas interconstruidas en las computadoras modernas son funciones determinísticas siempre, por lo cual, no es posible más que generar una secuencia pseudo-aleatoria, que para usos prácticos, siempre parece gobernada por el azar mismo, aunque en el fondo sepamos que se repite cada cierto tiempo. No sé para el caso de la máquina de Targ, qué método habrá usado para elegir la secuencia aleatoria, pero por las indicaciones que da Martin Gardner en su libro, todo parece concluir que siguen una fórmula pseudo-aleatoria también .

Este cuestionamiento puede echar por tierra cualquier experimento de alentadores resultados de la P.E.S. Se sabe por ejemplo, que las ruletas en los casinos se nivelan perfectamente, puesto que un desnivel en el mecanismo de giro, provoca que se repitan unos números más que otros. Los casinos buscan hacer la menor trampa posible porque de entrada, ya tienen todas las de ganar desde que empieza uno a jugar. Es decir, que las posibilidades reales en la ruleta siempre están ligeramente a favor de la casa y no de apostador. Así, si el método de elección puede ser discurrido de alguna forma por el sujeto con el que experimentamos, notaremos que la cantidad de veces que dicho sujeto adivina la carta puede sugerir un resultado muy favorable a la existencia de la P.E.S., cuando en realidad se trata de un truco o la demostración de una habilidad del sujeto.

Curiosamente, Gardner en su libro jamás se pregunta sobre el estado de la función azarosa gobernando la máquina P.E.S. de Targ. No obstante lo burdo del error, hay que reconocer que las cosas han cambiado mucho en 20 años. La culpa no es totalmente del buen escéptico de Martin Gardner, sino de los avances tecnológicos, que sobrepasan la velocidad de aprendizaje de las personas.

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