Friday, May 22, 2009

En memoria del ingeniero Ferriz

El siguiente texto me lo mandó el MI Guil Russek para publicarlo en este blog. Va con todo gusto:

Conocí al ingeniero Ferriz en el ya lejano año 1978, cuando se celebró en el club México la premiación de un torneo Carlos Torre “in Memoriam”. Unos años más tarde su club se volvió para amigos como Rafael Espinosa, Miguel Hurtado, Jesús González Mata entre otros muchos) en “nuestro club México”, en nuestra segunda casa y “el inge”, como siempre lo llamábamos, se convirtió en una figura cercanísima, primero como apreciado maestro de ajedrez y poco a poco también como amigo, consejero y guía.

Los recuerdos que guardo de él son muchos y muy variados. Antes que nada hay que destacar su personalidad, su gran carisma, su sentido del humor, su don de gentes y su amplia cultura general (recuerdo que le atraía especialmente la musica barroca...Bach, Albinoni, Telemann). Siempre amable, siempre estimado por todos, estaba dispuesto a ayudar a quien sea. Nunca lo vimos en pleito con nadie ya que cualquier diferencia la arreglaba con una sonrisa, incluso una broma seguida de una buena carcajada. No guardaba rencores porque tenía un carácter positivo y una admirable actitud ante la vida. Algo que llamaba la atención de las personas que acudían al club México era el gran parecido físico que tenía el ingeniero Ferriz con el retrato que estaba colgado del gran Emanuel Lasker (en el club estaban las fotos de todos los campeones mundiales) y cuando se lo hacían notar, entre broma y broma se apreciaba el orgullo del inge. Quizá era su ajedrecista favorito por el espiritu de lucha que compartían.

Como jugador fue un ejemplo a seguir: uno de los mejores ajedrecistas del país: incluso ya pasada su mejor época mantuvo la motivación del tenaz competidor dispuesto a mejorar. Era un peligroso jugador de ataque que asumía riesgos en aras del triunfo, rehuyendo el empate a toda costa. Jugar ajedrez fue un gran placer para él (por fortuna lo pudo hacer hasta sus últimos dias) y se notaba en su mirada penetrante cuando alguna ingeniosa idea le venía a la mente. El primer triunfo contra el inge (ya sea en partida rápida o lenta) era signo de orgullo para nosotros, un síntoma de que estábamos progresando. Sentía gran satisfacción al ganar una buena partida pero también cuando perdía lo tomaba con humor y deportivismo y disfrutaba los análisis post mortem buscando los secretos de la partida y en que momento pudo jugar mejor. El afan de superación era una de las cualidades que más apreciaba.

A lo largo de su larga, polifacética y plena vida el ingeniero Ferriz fue además organizador de torneos de todo tipo (desde internacionales hasta los semanales de partidas rápidas), árbitro, editor de revistas, capitán del equipo olímpico varonil en tres olimpiadas, colaborador de la federación nacional y asociaciones estatales y en especial tenía gran vocación de enseñar a los demás, sin importar el nivel de juego o la edad del alumno, los principios del ajedrez.


Sus inquietudes eran vastas: fabricó un excelente juego de ajedrez, sin duda el más utilizado en México e incluso le gustaba crear él mismo los trofeos de madera que daba en sus torneos. Contaba con una gran colección de libros (que amablemente nos permitía acceder a ellos) y ajedreces. En resumen, el Club México (más tarde Esnaj) llegó a ser el foco del ajedrez en la ciudad de México, el centro que todo aficionado quería visitar cuando estaba en el D.F. (Recuerdo una vez, de forma inesperada, subió las escaleras el gran Miguel Najdorf atraído por la fama del club y unos años después las tres hermanas Polgar apareciero
n también, entre otros muchos).

Creo que lo que más llamaba la atención del ingeniero Ferriz era su amor por el ajedrez. Se le ocurrían y compartía muchas ideas para subir de juego (tanto métodos de estudio, alimentación, entrenamiento físico, etc.) y aceptaba cualquier propuesta para difundirlo ya que estaba convencido de las virtudes sociales y educativas del ajedrez, en especial con los niños y jóvenes. Viajaba a donde sea necesario para organizar eventos como simultáneas, conferencias o torneos ya sea en escuelas públicas o privadas, bibliotecas, parques...incluso una vez nos llevó al reclusorio Oriente del D.F. para dar unas simultáneas como labor social. Al “inge” nunca se le oía decir “no se puede”, “no hay manera” o “no vale la pena”; era uno de los pocas personas que he conocido que no sólo no dejaba de tener proyectos y ganas de hacer y aprender cosas nuevas (hace apenas unos meses quería editar una revista para el ajedrez del D.F. y cuando fue como capitán a las olimpiadas de Turín 2006 y Dresden 2008 se le veía aprendiendo italiano y alemán respectivamente) sino que estimulaba a los otros a hacerlas también tanto con palabras de apoyo como con acciones concretas.


Sin duda fue una persona que dejó una gran huella en los demás y todos, familiares y amigos, lo extrañaremos.


Guil Russek

No comments: