Tuesday, June 16, 2009

Siluetas del Ajedrez Ruso

Acabo de terminar el libro "Siluetas del Ajedrez Ruso", de Gennady Sosonko, el cual es un viaje fascinante de lo que fue el ajedrez desde prácticamente la época de Botvinnik hasta los inicios de jugadores como Spassky. Sosonko es un fuerte Gran Maestro (GM) que nació en 1943 y después salió de la Unión Soviética para irse a vivir a Holanda, en donde participó por ese país en 11 olimpiadas. el autor le tocó vivir un momento histórico fascinante dentro del ajedrez soviético. Por una parte, hace un bosquejo muy interesante y quizás a veces duro, de Mijail Botvinnik, quien fuese el representante del poderío soviético. Su influencia era extraordinaria dentro de la política de Estado y se hizo notar.

Sosonko habla de Tahl, Zak, Vitolins, Koblenz, Levenfish, Furman, Polugaievsky y Geller. Traza verdaderamente una biografía muy certera de los jugadores mencionados y desde luego, esto los humaniza. De pronto, al leer el libro, ya no es Geller el jugador de ajedrez, sino el ser humano Yefim Geller, con sus virtudes y defectos. Los coloca en su momento histórico y en muchas ocasiones justifica algunas decisiones que hoy en día podrían ser muy criticables pero que en el momento por el que la Unión Soviética pasaba, eran por demás prácticamente las únicas "correctas".

Sosonko muestra cómo era el medio ambiente del ajedrez soviético: Las envidias de los jugadores, las dificultades para no caer en problemas con el Estado por decir algo inapropiado incluso, eran el pan de cada día. Una frase dicha en mal momento o circunstancia podía ser castigada por el Estado bloqueando al jugador de participar en torneos fuera de la Unión Soviética.

Aunque el libro es extremadamente interesante, creo que el mejor mensaje que Sosonko nos muestra es la pasión desbordada que los jugadores de ese momento tenían por el ajedrez. era quizás una pasión que rayaba en la obsesión y es quizás por eso que todos los personajes mencionados llegaron a tocar la cumbre ajedrecística (o estuvieron muy cerca).

Por ejemplo, menciona las eternas noches en que jugadores del más alto nivel jugaban partidas rápidas o bien, las sesiones de análisis y de trabajo que hacían jugadores y entrenadores. Dice Sosonko: "por ofrecerte la alegría de la creatividad y, algunas veces, premios y dinero, el ajedrez dle más alto nivel sólo te exige una bagatela a cambio: el alma".

Pero si esto les parece poco, observen lo que Furman (el entrenador de Karpov por muchos años), dijo a su mujer: "¿Sabes?, Alyona. No sé cómo podré jugar al ajedrez de ahora en adelante, porque te amo más que el ajedrez y no sé cómo combinar estos dos amores". Sinb embargo, Alla Furman, comentaría muchos años después al propio Sosonko: "[Furman] estudiaba ajedrez todo el tiempo. Le gustaba utilizar un tablero de bolsillo, ya que no teníamos mucho espacio en la casa. Pero, aún sin tablero, estaba siempre pensando en el ajedrez; en el tren, en el autobús. Conocía esa mirada suya, cuando escuchaba y no oía lo que le estaba diciendo: estaba completamente rodeado de ajedrez".

Este tipo de experiencias parecen comunes en este nivel de ajedrez y Sosonko da cuenta de ellas. Se vivía para el juego nada más. Noten este pasaje: "El mismo Geller dijo: 'si me encuentro ansioso o incómodo, me siento delante del tablero de ajedrez durante 5 ó 6 horas y, poco a poco, me recupero' ". Y continúa Sosonko: "Según dicen quienes lo conocieron de cerca, podía estar en tal situación durante varios días. El tiempo que Geller dedicaba a analizar excedía ampliamente el número de horas que pasaba con el reloj marchando a su lado y con un rival sentado enfrente. el ajedrez no lo dejaba ni de día ni de noche. Oksana, su viuda, recuerda que: 'Algunas veces, mientras dormía, decía jugadas en voz baja o, levantándose de noche, se acercaba a la mesa para esscribir algo sobre una variante que de repente se le había ocurrido'".

Cabe decir que esta actitud prácticamente obsesiva parece ser parte del ajedrez del más alto nivel. Es claro que no se puede llegar a la cima del juego ciencia sin un durísimo y dedicado trabajo. Esto ocurría en la época que narra Sosonko como actualmente. Por ejemplo, Laszlo Polgar, padre de las brillantes hermanas Polgar (que a base de un trabajo dedicado solamente al ajedrez llegaron a un nivel de ajedrez extraordinario, rompiendo mitos como aquel que la mujer jamás podrá jugar tan bien como los hombres), cuenta que a medianoche halló de pronto a su hija Zsofía en el baño, con un pequeño tablero balancéandose en sus rodillas. “¡Zsofía, deja ya esas piezas!” le dijo el padre, a lo que ella contestó: “Papi, ¡las piezas son las que no me dejan!”.

En resumen, el libro de Sosonko es un goce leerlo. Lo editó en español Daniel Cámpora, cuya editorial es DANCADREZ. Muy recomendable aunque no sé si ya se consiga en nuestro país.

1 comment:

Manuel "el ruso" García said...

A poco no muchos tienen algo de trágico en sus destinos. Cómo murieron Polugaevsky y Geller, cómo fue la infancia de Flor, cómo vivió Levenfish (lo transcribo directamente del ruso), u otros maestros, menos conocidos. Es un libro de destinos, ajedrecísticos sí, pero humanos primero.

Un abrazo