Wednesday, March 04, 2009

Bobby Fischer: jugador fuera de serie

(Publicado en la página de Proceso)

Hace un par de días terminé de leer la biografía de Robert James Fischer, campeón del mundo de ajedrez entre el año 1972 al año 1975, y que perdió su título al no enfrentarse a Anatoly Karpov, naciente jugador del régimen soviético de aquella época el cual, sin lugar a dudas, era la gran promesa del ajedrez ruso. Fischer había en menos de 20 años acabado con la supremacía soviética al derrotar a Boris Spassky en Islandia, en el match por el campeonato mundial, por un resultado de 12.5 puntos contra 8.5. El ruso tuvo que aceptar que Bobby era realmente superior en todo dentro del ajedrez e incluso, a pesar de llevar una ventaja inicial de dos puntos (Spassky ganó la primera partida en el tablero y la segunda partida también, esta última por incomparecencia, pues Fischer exigió que retirarán las cámaras de video de la sala de juego y al no concederle eso, simplemente no se presentó).

Pero fuera de la especialísima manera de ser de Bobby Fischer, sin duda el norteamericano era un jugador fuera de serie. En la biografía de Brady, “Bobby Fischer, profile of a Prodigy” (Ed. Dover), el autor de la misma da cuenta de los esfuerzos que hizo el gran jugador norteamericano para convertirse en campeón mundial, así como la cantidad de piedras en el camino que tuvo que sortear, como cuando en los torneos de candidatos los rusos, que siempre eran mayoría, se dejaban ganar para así asegurarse que un ruso fuese el retador a campeón del mundo. Fue Fischer que con sus protestas logró que se cambiara el sistema de torneo de todos contra todos a matches individuales. Sus críticas a la Federación Internacional de Ajedrez lo llevó al extremo de decir que no jugaría en ningún torneo oficial hasta que la FIDE cambiara la manera de hacer las cosas… y lo cumplió. Fischer dejó de jugar casi dos años debido a esto, dentro del circuito internacional.

En la medida que el genio norteamericano iba subiendo su nivel (ya a los 15 años era gran maestro y probablemente uno de los cinco mejores del mundo), empezaron sus peticiones a los organizadores de los torneos. Nada parecía gustarle. La luz era muy brillante o muy escasa. Las piezas brillaban mucho en el tablero. Siendo adventista se le debía respetar el sabbath, así que Fischer no jugaba desde el sábado en la tarde al domingo a esa misma hora. Si lo anterior parecía poco en realidad lo era, pues con los años empezó además a pedir una retribución económica por el hecho de participar en algún evento ajedrecístico. Su cuota iba de 2000 a 5000 dólares por torneo. Muchos organizadores simplemente decían que no podían pagarle eso y Fischer entonces no acudía a ese particular evento.

Peticiones más o menos, Bobby Fischer, sin embargo, era un jugador extraordinario. Su nivel competitivo era tal que estaba dispuesto a jugar hasta el último peón. No otorgaba tablas fáciles y su alto desempeño lo hacían además más peligroso aún. El ahora gran maestro Soltis decía que jugar contra Bobby significaba algo como “sé que tengo una buena posición, pero seguro voy a perder con Bobby, no importando qué haga”. Ese sentimiento era compartido por sus colegas grandes maestros de la época. Bobby era un monstruo frente al tablero y siempre jugaba a ganar.

Para darse una idea de su nivel en 1970 en adelante, Fischer ganó las seis últimas partidas del interzonal, que lo clasificó al torneo de candidatos. Posteriormente derrotó a el GM Mark Taimanov, a todo esto pianista profesional, en su match individual por 6-0. Le siguió el GM de Dinamarca, Bent Larsen, que también perdió 6-0, asunto que nadie podía creer. El mejor jugador de occidente –aparte de Fischer– era Larsen y no pudo quedarse ni con medio punto en 6 partidas. Después venció a Petrosian, ganando la primera partida y perdiendo la segunda. Así, Fischer acumuló en el más alto nivel 19 partidas sin conceder siquiera un empate. Quizás eso no se vuelva a ver nunca más. Al final, como ya dijimos, venció a Spasky 12.5 a 8.5 y así lograr su sueño de ser campeón del mundo. En mi opinión Fischer es el mejor jugador de la historia. Él solía decir que para jugar al ajedrez se necesita concentración y amor total al juego. Bobby nunca nos decepcionó al respecto.

2 comments:

Jorge said...

Se menciona que era autodidacta, mientras que los rusos hasta hoy dia simpre traen consigo un equipo de apoyo entre entrenadores y asesores, tu crees que algun ajedrecista sin esos apoyos pueda tener un buen desempeño en un torneo de alto nivel?

Morsa said...

Fischer se hizo solo, por ello más mérito aún. Comparándolo, por ejemplo, con Kasparov, considerando que no había bases de datos, entrenadores, discos con información de aperturas, Internet, etc., lo que hizo Fischer supera a todos, en mi opinión.

saludos
Manuel