Sunday, October 19, 2008

El mexicano y su capacidad de improvisar

De acuerdo a la Real Academia de la Lengua Española, la improvisación es 1. f. Acción repentina que se hace sin preparación, con los medios de los que se disponga en ese momento. Y pone un ejemplo: "la clave de su éxito en las clases es su capacidad de improvisación".

Aunque es simplemente una definición y un ejemplo para ilustrar su uso, en mi opinión se le da un valor exagerado a la capacidad de improvisar. Decimos en México que somos grandes improvisadores, y para ejemplo tenemos muchas muestras. Recuerdo cuando una vez la selección de futbol mexicana, jugando en los EEUU algún partido amistoso, la portería de uno de los bandos se rompió en alguno de sus travesaños. Si mal no recuerdo fue Zague que usando una camiseta de alguno de los equipos, ató de nuevo el travesaño para arreglar el desperfecto. No faltaron los aplausos por dicha medida improvisada.

La realidad es que ser improvisados no es algo que sea para alegrarnos. Es cierto que no se puede tener planeado todo en la vida, pero evidentemente el mundo es de quienes verdaderamente se preparan a conciencia. Pienso en estos momentos en Anand y Kramnik, en su match por el campeonato del mundo. ¿De verdad alguien podría creer que alguno de esos jugadores se presentó a jugar sin estar preparado para esta particular contienda?

Henryk Szering, el violinista mexicano de origen polaco, en alguna ocasión fue como invitado al programa de Ricardo Rocha (el cual creo se llamaba "Para Gente Grande"). El director de la orquesta, que era Enrique Batiz, acompañó al intérprete a dicha entrevista. Rocha, en su absoluta ignorancia y estupidez, se le ocurrió que el Maestro Szering debería tocar alguna obrita para la televisión. El músico se negó diciendo que no traía su instrumento. Ya para ello Batiz y Rocha estaban de acuerdo y le dijeron que estaba el primer violín de la orquesta, que le prestaba su instrumento. Szering entonces indicó que un violín de un músico es algo muy personal y que no pensaba tocar otro que no fuese su propio violín. La insistencia de Rocha resultaba incómoda. El periodista le decía: "vamos, Maestro Szering, improvise algo". Pero aquel se negaba indicando: "es que hasta para improvisar hay que estar preparado".

Esta frase tomó por sorpresa a Ricardo Rocha, pero lejos de dejar por la paz el asunto insistió. A tal grado llegó el asunto que Szering finalmente tocó una pieza en el piano y se acabó la desagradable situación. Seguramente el violinista se juró nunca más aceptar la invitación de tan estúpido periodista.

La cuestión es que el mexicano hace alarde de ser improvisador, pero eso no necesariamente es una virtud y yo pienso que al contrario, es un error creer eso. En música, en la actuación, en el ajedrez, en la vida misma, hay que improvisar soluciones sobre la marcha, pero éstas se basan de criterios que nos permiten tomar decisiones adecuadas (o al menos así asumimos que son). Mi padre estudiaba diario unas seis horas, incluso después de que dejó el concertismo. Se levantaba, se bañaba, desayunaba y a estudiar una y otra vez las obras que sabía de memoria, al dedillo, casi las podía tocar dormido. Pero ahí estaba, día a día tocando la guitarra. De hecho, cuando enfermó mi papá no pudo tocar por alrededor de un mes la guitarra. A pesar de sus males, el útlimo día que estuvo en casa (antes de ser llevado al hospital de emergencia), en la mañana se sintió tan bien que tomó el instrumento y habrá tocado una hora. A eso de las seis de la tarde le vino fiebre y en la noche el cuadro fue muy grave y tuvimos que llevarlo al hospital en donde lo operaron de emergencia. Nunca más pudo tocar la guitarra pero puedo decir que hasta el último día de su vida mi papá cumplió con ese sagrado rito de hacer los honores a la música y al instrumento al que consagró su vida.

La improvisación existe, pero tiene sentido cuando se basa precisamente en la preparación anterior. "Siempre la batalla es más fácil cuando se está bien preparado", reza una frase célebre. Mientras aquí aplaudamos la improvisación en todo y pensemos que somos geniales, no vamos a ningún lado como país y menos como personas. El dizque cómico Eugenio Derbez le encanta improvisar, siente que es poco menos que brillante cuando actúa así. Lo contratan para hacer la voz de una película animada y en lugar de respetar el guión, le añade de su cosecha, improvisa, y además le parece estupendo, gracioso, fenomenal. No se da cuenta que es más mediocre aún al actuar así.

Porque miren, improvisar es simple, no hay que esforzarse, no hay que prepararse con antelación, no hay nada de eso... Se toman decisiones al vuelo y eso, sin una preparación adecuada es sinónimo de estupidez, de fracaso, de mediocridad, de hacer las cosas a medias o hacerlas mal. ¿De verdad -después de todo esto- es bueno improvisar?

Mientras consideremos que los mexicanos somos geniales improvisando no podremos salir de este tercermundismo mental, que ahoga cualquier posibilidad de hacer las cosas bien, como deben hacerse.

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